Por Mgter. Jorge Orgaz, Director del Instituto de Derecho Público de la Universidad Siglo 21.

El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en la causa “Muiña”, significa un serio e inexplicable retroceso en materia de derechos humanos, que despierta nuestro más enérgico y contundente repudio, desde un punto de vista jurídico y político.

Jurídicamente, porque la teoría del 2×1, aplicable en su momento a delitos comunes –por graves que sean- no se extiende a los crímenes de lesa humanidad, y si se intentara forzar una interpretación en tal sentido, para que exista una disminución de la pena, debería también existir un notorio cambio en la valoración social acerca de los mismos, situación que lejos está de configurarse en la opinión de la mayoría de la sociedad argentina, que con aciertos y errores de sus dirigentes, sigue enarbolando la bandera de la memoria y la justicia, para impregnar de sentido la vida de todos aquéllos que sufrieron el terror, el dolor y la muerte de la más cruel dictadura de la historia argentina.

Políticamente, porque la justicia como poder del estado, vuelve sobre sus pasos para favorecer sin fundamento alguno a quienes fueron los responsables de las peores atrocidades en su contra, encubriendo en los fríos argumentos jurídicos, su desapego en la construcción de una sociedad con sustento en los valores para los cuales fue creada, como el último refugio del humanismo para el ciudadano de a pie.

Además, resulta estéril y absurdo el esfuerzo de todos aquéllos que desde temprano pretenden hacer de este triste acontecimiento institucional, una causa partidaria, pequeña y mezquina, bastardeando una de los pocos puntos de encuentro de una sociedad acosada por la fragmentación y desprovista de canales de diálogo que permitan lograr consensos imprescindibles de cara a un futuro que necesitamos sea de unión, aún en la legítima contienda de proyectos y visiones. Recordemos que este fallo de la Corte Suprema, puede llegar a beneficiar a quienes ocuparon los más altos cargos en el estado nacional, en el anterior gobierno. No entender en su más cabal sentido el desafío, nos conducirá a una nueva frustración colectiva.

Mientras tanto, los familiares y amigos, de quienes siguen clamando por justicia, por culpa de este fallo, quizás se tengan que cruzar en cualquier calle del país, con quienes apagaron crudamente parte de su vida. Los tormentos pueden ser institucionales, también.