Por Damián Pertile, Lic. En Relaciones Públicas e Institucionales, Abogado, especialista en Periodismo Político y  docente de la Universidad Siglo 21.

Cotidianamente somos testigos de como las instituciones de nuestro país son objeto de análisis y observación por parte de estudiosos, medios de comunicación y la sociedad en general, no siendo ajena a esto la Justicia, vehiculizada a través de la institución del Poder Judicial.

Esta situación se manifiesta en la opinión que se forma el oyente, lector o televidente al informarse a través de los medios de comunicación.

Por otro lado, también vemos como la percepción de la imagen de la Justicia, el desempeño de los funcionarios judiciales, entre otros asuntos, son permanentes motivos de estudio, mas cabe preguntarnos si dichos enfoques contemplan a todos los actores que participan del concepto de “Justicia”.

En este caso, sin lugar a dudas, los abogados (aquellos que litigan y no los que trabajan en el Poder Judicial) no se convierten, por lo general, en una variable de análisis capaz de complementar un ángulo fundamental de la “imagen de la Justicia”, siendo incluso uno de los actores principales en cualquier proceso judicial.

 

Abogados y periodistas en casos judiciales

En lo que respecta a dicha relación, los comunicadores  no sólo son conscientes de la importancia de la figura de los abogados, sino que también reconocen una relación entre ellos que se construye en las labores diarias de ambos actores y que, desde esta opinión, se transforma en ineludible para sus respectivos intereses.

Por un lado, los abogados, en innumerables oportunidades y en el fragor de la cobertura de un caso judicial de alto impacto mediático, se ven invadidos por la requisitoria periodística. Imaginemos un caso hipotético, en donde no existe un vocero judicial, quedando a fin de cuentas los abogados de las partes para poder ser abordados por los periodistas. De esta manera, se transforman sin lugar a dudas en una gran fuente de información (a veces en la única) para la prensa, por lo que su participación es básica para el desarrollo informativo de una causa judicial.

Cabe destacar que también la participación de letrados en la vida de los medios de comunicación no se da solamente por la ocurrencia de una causa judicial mediática, sino también, en incontables casos, son tomados como referencia a nivel técnico para explicar a los oyentes, telespectadores y lectores, cuestiones que se suscitan en la vida social y que precisan de la explicación de un especialista, plasmada desde columnas periodísticas, espacios de abogados en programas televisivos, hasta simples y breves entrevistas radiales sobre algún tema particular.

También es curioso ver una conducta por parte de los abogados que, si bien no en todos los casos se presenta, podemos tomarla como un ejemplo interesante a analizar: el abogado que representa a la “víctima” del delito que se juzga (sobre todo en las causas penales) es más propenso a hacer declaraciones mediáticas que la defensa. En este caso podemos decir que la relación de éste con la prensa puede ser a través de declaraciones “off the record” o transformándose en fuente informativa sin pasar a ser un vocero.

Podemos mencionar que puede darse también, en algunas oportunidades, que ciertos abogados quieran tener un perfil de alta exposición, con el objeto de generar en la opinión pública algún tipo de respuesta o acción que pueda traer cierto beneficio (aunque más no sea sólo mediático) para su cliente. Recordemos por caso, las populares marchas del silencio, los multitudinarios “abrazos” a las instituciones en momentos de candente atención y reclamo social, en muchas oportunidades convocados por abogados y allegados a las víctimas.

 

Abogados “posicionando” su marca

Por otro lado, los abogados en esta relación muchas veces necesitan de los periodistas, pues de esta manera legitiman su accionar frente a la opinión pública y poco a poco pueden ir moldeando cualidades como el prestigio, la seriedad o el éxito. En otros casos, incluso, hasta son identificados como defensores de cierto tipo de imputados o cierto tipo de víctimas, menos malos o más buenos, de un color político o de otro, defensores de las minorías o sólo de la elite… Es decir los abogados de alguna u otra manera van construyendo y gestionando su marca en la sociedad. Por lo general, en cualquier organización, la misma está íntimamente vinculada con un nombre de fantasía, mientras que en el ámbito abogadil la marca está dada por los apellidos, siendo la marca, en definitiva, los mismos profesionales. Parafraseando a un especialista de la comunicación, Joan Costa, “la ‘gente’ no compra por ellos mismos ni por su marca, sino por la imagen que les confiere significación y valores”. Vemos como la imagen de marca es lo que diferencia a una organización de cualquier otra, y los estudios jurídicos, concebidos como organizaciones, no deben ser ajenos a esta situación, dado que su intervención en los medios comunicacionales puede permitir formar una imagen de marca que transmita valores y cualidades capaces de beneficiarlos.

En virtud de lo mencionado, se observa la imperiosa necesidad de que los estudios jurídicos y sus abogados se capaciten y planifiquen sus comunicaciones, pues deben ser conscientes de que son actores que detentan un rol fundamental en el desarrollo judicial de una causa y son protagonistas en la cobertura periodística de las mismas. Todo ello los beneficiará y además propiciará a un mejor entendimiento con los medios de comunicación, lo cual redundará en un mejor tratamiento de la información judicial.