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Revolución Industrial

by • 19 abril, 2016 • GeneralComments (0)1457

Cambio tecnológico, transformación productiva y posicionamiento global

Por Federico Trebucq. Profesor Titular de Economía Política Internacional de la Universidad Siglo 21. Presidente de la Fundación Centro de Estudios Internacionales Contemporáneos.

Uno de los principales temas por los que atraviesa la economía mundial y que tuvo mayor notoriedad luego de la reunión del Foro económico global en Davos, es el surgimiento de una nueva revolución industrial, es decir, la creación de un nuevo paradigma productivo a nivel global caracterizado por la introducción de avances tecnológicos en el diseño, elaboración, distribución y consumo de bienes y servicios.

Para contextualizar, la primera revolución industrial ocurrió a finales del siglo XIII con la aparición de los sistemas de producción mecánicos a tracción hidráulica y vapor; luego la segunda y la tercera corresponden a los avances modernos en sistemas eléctrico-químicos y tecnologías de la información respectivamente. La cuarta se asoma como la era de la industria inteligente en base a la robotización y digitalización.

Lógicamente, estos procesos traen consigo una serie de efectos que pueden alterar las formas de empleo e inversión y consecuentemente los modelos de desarrollo y bienestar. Por caso, los avances en telecomunicaciones y transporte modificaron las relaciones entre el espacio y el tiempo, permitiendo sistemas productivos y mercados de servicios integrados a escala global que operan las 24hs, los 365 días del año.

Para comprender en mayor profundidad esta dinámica, hay que entender el concepto del “cambio tecnológico”. Una de las definiciones más vigentes ha sido la del economista austro-hungaro Joseph Schumpeter, que a principios del siglo XX sostenía que es:

el impulso fundamental que mantiene el motor capitalista en funcionamiento, es el mecanismo por el cual se originan nuevos bienes de consumo, nuevos métodos de producción y transporte y nuevas formas de organización industrial.

En términos generales se podría decir que estas revoluciones u oleadas de innovación favorecidas por el cambio tecnológico fueron dando forma al mundo en que vivimos y se encuentran en el centro evolutivo de la sociedad y el orden mundial, determinando reglas del juego y definiendo ganadores y perdedores en función de la adaptación a los nuevos códigos y lenguajes.

Teniendo en cuenta la situación ¿De qué manera nuestro país y región pueden posicionarse exitosamente en este nuevo esquema?  Cuatro aspectos a considerar para favorecer el cambio tecnológico, la transformación productiva y el posicionamiento internacional.

Adaptación al sistema productivo global: es necesario promover una mayor integración de las empresas locales a cadenas globales de valor. El 80% del comercio y las inversiones se desarrollan bajo esta modalidad donde la producción y los servicios se llevan a cabo en distintos países y regiones al mismo tiempo, organizadas bajo lógicas empresariales transfronterizas. La región en general y nuestro país en particular, tienen poca participación en este proceso.

Para el caso de Argentina, casi tres cuartas partes de las exportaciones corresponden a commodities o productos de bajo contenido tecnológico lo que implica que la inserción de nuestro país se desarrolla en segmentos menos complejos con menores posibilidades de apropiarse de una porción mayor de la renta generada.

En la misma línea, se encuentra la situación en materia de inversión extranjera directa, donde gran parte de los flujos registrados se ubican en sectores extractivos (a excepción del sector automotriz) con escasa transferencia de tecnología y bajos niveles de aporte en el valor agregado.

Esto también se puede notar en que la participación de pequeñas y medianas empresas en el total exportado es alrededor del 11%, mientras que representan casi el 70% del empleo nacional, esto implica que nuestras fases productivas y nuestra fuerza laboral no se encuentran globalizadas, más bien son consecuencia de una orientación histórica de la política industrial hacia el mercado interno, privilegiando la creación asistemática de puestos de trabajo por encima de las ventajas competitivas dinámicas y una visión de largo plazo.

Incrementar las actividades de investigación y desarrollo: se define como la búsqueda y aplicación planificada de conocimientos para el desarrollo de nuestras actividades o mejorar las existentes. Probablemente este ejercicio sea uno de los eslabones perdidos en el trayecto errático hacia un crecimiento sostenido. En promedio los países desarrollados, destinan el 2% de su producto a actividades de I+D, mientras que los países en desarrollo los hacen con porcentajes inferiores al 0,5%.

Esto tiene directa correlación con la creación de nuevos productos la apropiación de segmentos más complejos de las cadenas de valor, el surgimiento de sectores novedosos en materia de servicios y la composición tecnológica de la estructura productiva. Los sistemas que están orientados sobre una base de conocimiento sirven no solo para generar nuevos productos y servicios, sino para adaptar los avances tecnológicos a las condiciones y potencialidades del sistema productivo local.

Modificar la agenda política: en tanto los efectos de la globalización sigan profundizándose, la economía global y las relaciones internacionales condicionan las decisiones gubernamentales en función del bienestar de la población.

En este sentido, definir áreas estratégicas de inversiones, promover una especialización industrial en sectores de mayor contenido tecnológico, fomentar la innovación y los emprendimientos en industrias claves, favorecer la creación de empresas transnacionales de bandera nacional y avanzar en la integración productiva a nivel regional; son lineamientos que exceden al “deber ser” tradicional de las funciones del Estado y se convierten en imperativos para el desarrollo de la sociedad en un contexto globalizado.

Comprender la extensión territorial como base de la competitividad global. Finalmente, para integrarse a la dinámica de la economía global es preciso comprender la lógica transfronteriza de las redes globales de producción, donde las fronteras nacionales están siendo erosionadas.

Esto quiere decir que las instancias locales (municipios y provincias) se vuelven relevantes en el plano internacional como eslabones de una cadena. Mientras más extensa sea esa cadena, mayor cantidad de polos productivos de innovación y desarrollo estarán asentados en el territorio, y por lo tanto más competitivo será nuestro país.

Para ello, es fundamental que los tomadores de decisión en Buenos Aires comprendan el interior nacional y el espacio regional ampliado (Mercosur + Chile) como una continuidad territorial, que sirva de base para el desarrollo de cadenas regionales basadas en la complementación productiva y el comercio intraindustrial.

Para concluir es importante mencionar que el cambio tecnológico y el posicionamiento exitoso en el sistema internacional no es solo un proceso técnico, ni tampoco quiere decir que la tecnología sea un factor determinante, sino que es un proceso de cambio institucional y social. En este sentido, la visión estratégica de la política quizá sea el primer paso, pero no será suficiente si la sociedad en su conjunto no logra articular consensos e intereses que favorezcan las inversiones de inversiones, el surgimiento de empresas locales competitivas y promuevan el desarrollo de una industria del siglo XXI.

 

 

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