Por Ab. Cristina González Unzueta. Docente de la Tecnicatura en Gestión de Empresas Familiares.

Es uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta en las empresas familiares. No se puede pensar en patrimonio sin proyectar desde la familia hacia la empresa, o al menos es casi imposible desligarlo.

La realidad indica que los sueños de la familia empresaria se tejen alrededor de una expectativa  que le permita sostenerse y seguir apostando a su inspiración inicial. Por eso, el patrimonio excede al ámbito societario y comprende diversas esferas de la vida.

En la experiencia diaria, las familias empresarias sufren las repercusiones directas de los cambios patrimoniales que impactan directamente sobre la familia y la empresa. En consecuencia, el patrimonio de la empresa y el de la familia deben estar claramente diferenciados y protegidos.

La sustentabilidad en el aspecto patrimonial es un aspecto estratégico que las familias empresarias deben empezar a pensar.

¿Qué prevenir y en qué ámbitos?

Parece poco frecuente pero uno de los temas a prevenir es la protección patrimonial del ámbito familiar. Por ejemplo, cuando se trata de una empresa unipersonal lo aconsejable es convertirla en sociedad comercial, en sociedad de responsabilidad limitada (SRL) o sociedad anónima (SA). Algunos empresarios no lo hacen porque sus asesores hacen hincapié en los gastos que implica este traspaso. Sin embargo, es recomendable pensar a futuro y evitar que un problema de la empresa pudiera afectar de manera directa a todo el patrimonio personal. Además si ocurriera alguna contingencia familiar, como el eventual fallecimiento del titular de la empresa u otros conflictos no previstos, el patrimonio podría desgastarse, y con ello (lo más importante) los vínculos afectivos.

Si por el contrario, el patrimonio está protegido porque existe una sociedad, puede que aún no se hayan aplicado las herramientas adecuadas para evitar algunos conflictos sucesorios y societarios. Entonces la planificación patrimonial sube un escalón en la estrategia y es necesario poner en práctica diferentes herramientas. Una podría ser la cesión de acciones de los fundadores a sus hijos facilitando la sucesión generacional, y con plena conciencia de los derechos que conservan y los que ceden.

Siguiendo en el ámbito de la empresa, es importante definir a quién queremos como socio ya que se trata de una empresa familiar que persigue la concreción del sueño del fundador (o fundadores). En este sentido, es posible acordar condiciones de ingreso de los socios, de valuación de las acciones y de partes sociales. De esta manera, en el caso de que un socio abandone la sociedad se podría contar con un sistema adecuado de pago y de ofertas con preferencia al grupo familiar que superan lo previsto en la ley. Así se “blinda” la sociedad respecto de terceros que nada tienen que ver con los valores, la continuidad y las tradiciones de la familia empresaria.

Y retomando el  patrimonio familiar: en la práctica lo vemos con frecuencia cuando los fundadores deciden sobre las donaciones o las formas de distribuir de una manera justa y segura parte del patrimonio en su familia, por fuera de la empresa. O quizás deciden no hacerlo pero dejan en claro su voluntad. En general estas son cuestiones que no se conversan nunca en el ámbito familiar sin incomodidad de por medio pero es la mejor manera de prevenir conflictos sucesorios.

Aprender y conocer las herramientas para prevenir conflictos es casi una obligación para ser sustentable.

Pero por sobre todas las cosas, la mejor consecuencia de este aprendizaje es darle  tranquilidad a la familia, un entorno de disfrute y contención.

Es sano entonces proyectar y conocer las implicancias del patrimonio en cada ámbito para poder regular y planificar. Es entender que las conversaciones al respecto siempre traen asuntos para resolver, y si se actúa bien, la claridad arrojará proyección.