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by • 29 mayo, 2015 • Educación, EmpleabilidadComments (0)2058

Competencias para la Empleabilidad

Por la Dra. Marcela Farré, Directora de Desarrollo e Innovación Académica, Vicerrectorado Académico de la Universidad Siglo 21

¿Por qué estudiar en la Universidad? ¿Qué aporta hoy el trayecto académico a un estudiante que está en pleno conocimiento de lo que pasa en el mundo? Estas son preguntas que hoy, más que nunca, se plantean muchos jóvenes porque experimentan que el camino más rápido para lograr sus aprendizajes no está dentro de las aulas…y esto es así en gran cantidad de ocasiones. Sucede que hoy la Universidad ya no puede cumplir funciones de atesorar y transmitir conocimientos (bibliotecas privilegiadas y docentes expertos), sino de acompañar y guiar a los alumnos hacia las mejores implementaciones sociales del saber.  Es decir, formar sus competencias para la empleabilidad, que no es solo laboral.

Suele definirse la empleabilidad como la condición para obtener un puesto en el mercado laboral. Con este criterio, se entiende que el individuo está solo ante un “mercado laboral altamente competitivo”, donde “cada profesional debe diferenciarse del resto destacando aspectos como el conocimiento de idiomas, el manejo de herramientas tecnológicas, determinadas habilidades comunicativas, flexibilidad para viajar, la creatividad, la iniciativa o la motivación” ((http://desarrollo-profesional.universia.es/mercado-laboral/empleabilidad/). Pero si vemos los jóvenes que hoy nos deslumbran con su creatividad, justamente por sus habilidades comunicativas y su flexibilidad, seguramente pensamos en ejemplos de personas que están haciendo del mundo un lugar diferente y mejor, precisamente porque su capacidad laboral sobresale por el impacto en los demás. En ellos el proyecto personal coincide con una vocación social.    

La empleabilidad es una competencia de los individuos que se construye socialmente. Por una parte los individuos son responsables de su formación a partir de las decisiones que ellos mismos toman; por otro lado las instituciones son formalmente el espacio donde se encuentran los conocimientos y habilidades que hacen a una persona empleable (http://www.eumed.net/rev/cccss/15/jamg.html). En este doble proceso la Universidad tiene una misión y un compromiso.

Si el conocimiento es social, el rol de la universidad tiene que ser superador. Formar para la empleabilidad es una responsabilidad de la educación superior, y no se trata de formar para un puesto de trabajo, sino de dar herramientas para actuar. Competencias fundamentales son la responsabilidad por el impacto y sustentabilidad de las decisiones, capacidad de análisis sistémico, habilidad para la creación colaborativa e innovadora… todas competencias que preparan para actuar en el mundo con el corazón abierto, construyendo un sentido.

La sociedad del conocimiento, atravesada por las tecnologías, ha traído a las aulas universitarias un nuevo perfil de estudiante, con intereses y conocimientos con los que sorprenden a veces a sus propios profesores. Sin embargo, en todos los casos, aparece en los alumnos una clara necesidad de aprender a gestionar la enorme cantidad de información que recibe. ¿Qué hacer con todo el caudal de datos que está a disposición? Algo tiene que zanjar la diferencia, poner de un lado a los que aportan innovación y generan cambio; y de otro lado a los que acumulan celdas de especialidad. En ese espacio es donde aparece la Universidad, y donde ellas se distinguen unas de otras.

La Academia tiene que plantear una metodología flexible y moderna para formar la empleabilidad, sustentada en las tecnologías. El  rol de la educación superior  hoy es ser guía y facilitador de la transferencia del conocimiento a la práctica, aplicando saberes a las necesidades reales, diagnosticando y solucionando problemas sociales. Multiplicar las experiencias con aprendizajes colaborativos, generar oportunidades para implementar proyectos, trabajar casos y replicar resultados: es un trabajo que profundiza la metodología y las habilidades para liderar cambios.

Estamos pasando de la sociedad del conocimiento a la sociedad del aprendizaje, aquella que se sustenta por la apertura y la capacidad de reconvertirse, evolucionar, aprender de modo colaborativo, y dar una respuesta.

Esto nos lleva a pensar: ¿Cuáles son las competencias docentes necesarias para acompañar al alumno en este proceso? Aprender a aprender es la competencia base de la nueva era. Y, a partir de esta, existen otras competencias del nuevo perfil del profesor universitario: competencias cognitivas propias de una determinada disciplina, competencias meta-cognitivas (por encima y más allá de lo que se conoce), que le conviertan en un profesional reflexivo y autocrítico con su enseñanza; competencias comunicativas, vinculadas al uso adecuado de los lenguajes científicos (numéricos, alfabéticos, gráficos, etc.); competencias sociales que le permitan acciones de liderazgo, de persuasión, de trabajo en equipo, etcétera, favoreciendo así la formación y disposición de sus estudiantes en este ámbito. Y por último, competencias afectivas que aseguren actitudes, motivaciones y conductas favorecedoras de una docencia responsable y comprometida. Porque, en definitiva, la formación para la empleabilidad no es una capacitación laboral: es prepararse para desarrollar un proyecto ético de vida.

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