Por Lic. Celina Morgan. Tutora de la Lic. en Periodismo de la Universidad Siglo 21.

Vivimos en un mundo plagado de imágenes, saturado de publicidades que nos indican como vivir, aturdidos por el auge de las redes sociales. Conectados, hiper-conectados. En este contexto hay una pregunta por la mirada y por nuestra posición frente al lugar que ocupamos en coordenadas que por un lado nos impone el auge de la tecnología y por otro nuestras propias necesidades de adaptación a un mundo en permanente estado de movimiento, que se impone fundamental a la hora de pensar el periodismo como oficio.

En la actualidad un transeúnte se encuentra frente a un acontecimiento y tan sólo con la cámara de su teléfono celular puede capturarlo, ponerlo a circular por las redes y de esta manera transformarse en un comunicador/facilitador de lo observado. Es allí, donde el despliegue tecnológico pareciera dejarnos el mundo al alcance de la mano para ser mirado y mostrado en simultáneo, donde nos cabe la pregunta sobre el rol o la particularidad de un periodista en un contexto de sobre información.

Es necesario, para poder transitar este camino, interrogarnos sobre el modo de mirar y de escuchar.

En este sentido es preciso que, en torno a la búsqueda de una posible respuesta, seamos capaces de pensar y reflexionar sobre la transformación del oficio a la hora de dar a conocer, de comunicar, de arrojar luz sobre nuestras investigaciones. Ser observadores atentos, creativos, limpiar los ojos para poder mirar lo nuevo, aquello que la cultura sedimenta y configura como “algo dado”.

Nuestro rol hoy como periodistas del siglo XXI no nos permite ya el juicio previo ni sobre las nuevas subjetividades que configuran el mapa actual de la sociedad ni sobre las instituciones que se van desmoronando a medida que la rigidez intenta sostenerlas, ni sobre los acontecimientos que se superponen política, económica y socialmente ya sea en el mundo o en la esquina de nuestro barrio.

Mirar el mundo con los ojos descubiertos exige un entrenamiento y una disposición a la práctica periodística que excede el manejo o la experticia que podamos demostrar a través de las herramientas tecnológicas.

La tecnología es y será, como desde el inicio de la humanidad, una aliada, pero la mirada y la escucha que el nuevo periodismo requiere es aquella capaz de “parar literalmente el mundo”.

Parar para ver, ver para oír, escuchar para encontrar un sentido propio, creativo, propositivo, responsable y reflexivo. No somos más los ojos del juicio. No somos los profesionales que señalan los errores y que venden información con un fin predeterminado.

Queremos formar periodistas que estén en el mundo, que se metan al barro pero también que jueguen, que sean capaces de conmoverse frente al dolor del otro, capaces de reírse con el otro.

Queremos formar profesionales que ayuden a que cada ciudadano construya su propia voz y no periodistas con micrófono que miren a cámara como si el mundo girara ajeno a ellos y tan sólo les pidiera ser mostrado.

No somos portavoces de “una verdad”. Ya los paradigmas científicos y sociales del siglo XX han demostrado lo discutible de dicho concepto. Vamos a revolucionar la mirada, la palabra, la escucha y esto no como un fin en sí mismo, la revolución que proponemos tiene que ver con atrevernos a ir más allá de nosotros mismos, de lo que creemos que somos capaces, y de entender que no sólo nosotros, los seres humanos, somos una la multiplicidad sino que ya nada puede ser juzgado, mirado o mostrado a través de una lógica binaria. Eso forma parte del pasado pero exige una formación y un desafío que tanto intelectual como sensiblemente queremos invitarte a compartir.