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by • 23 febrero, 2015 • Destacados, EducaciónComments (0)1157

Docencia e investigación para el futuro gobierno de naciones y empresas

*Por Jaime Gil Aluja, Presidente de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de España. Dr. Honoris Causa de Universidad Empresarial Siglo 21.

El pasado 19 de febrero el Dr. Jaime Gil Aluja recibió la distinción Dr. Honoris Causa de la Universidad Siglo 21. En el marco de este acto ofreció una conferencia sobre el futuro de los estudios económicos.

El discurso completo del Dr. Aluja está disponible en este enlace ► Video: Discurso de Jaime Gil Aluja en la entrega del Dr. Honoris Causa

A continuación compartimos un extracto del mismo, en el que hace referencia al papel de la docencia y la investigación en el futuro gobierno de organizaciones y empresas:

El mundo que nos es dado vivir está cambiando a velocidades cada vez mayores y en él los fenómenos económicos se suceden sin que el conocimiento del pasado pueda ser proyectado válidamente hacia la estimación del futuro. Es por ello que el buen conocimiento del pasado no basta para predecir lo que sucederá en los periodos que se avistan en el horizonte.

Ante este contexto cabe plantearse dos cuestiones que afectan a colectivos distintos:

La primera de ellas afecta a la mayor parte de la población, la cual sin poseer conocimientos económicos a gran profundidad desea saber a partir de informaciones simples y fácilmente asequibles “cómo se desenvolverá el sistema económico en un futuro próximo”. Hemos sugerido el seguimiento de dos magnitudes: la generación de empleo neto mensual y la evolución del precio de las materias primas en relación con la evolución de las bolsas de valores.

Finalmente, hemos creído que no debía cerrarse este trabajo sin abordar el importante problema de la adecuación de la investigación y la enseñanza universitaria a las cambiantes, complejas e inciertas situaciones por la que atraviesan ya, pero que atravesarán todavía más en el futuro, los sistemas económicos. A ello van dirigidas nuestras últimas reflexiones.

La ciencia económica desde sus orígenes más remotos intenta formalizar las realidades de cada momento mediante una matemática mecanicista tomada a préstamo de las leyes de la física, cuando a lo largo del siglo XVIII e inicios del XIX se aceptó aquel conocido paradigma de gran alcance: “la naturaleza es modelizable mediante ecuaciones diferenciales”.

La traslación de la concepción mecanicista al ámbito de estudio de la fenomenología económica fue una constante desde entonces. El resultado inmediato ha sido la incorporación de la matemática determinista en la enseñanza de la economía por una parte y el proceso de potenciación y estimulo hacia las investigaciones sustentadas por esta matemática, por otra.

Es bien cierto que los hallazgos alcanzados a lo largo de más de un siglo y medio por las investigaciones económicas han sido extraordinarios. Pero también es cierto que cada vez y de manera creciente aparecen fenómenos cuyas causas no son conocidas, ni se han hallado los elementos teóricos para explicar su evolución.

En la búsqueda de unos conocimientos básicos capaces de representar las nuevas realidades económicas nos hemos asomado al campo de la biología en el que se observa que el evolucionismo explica la aparición de nuevos seres vivos a través de una casi infinita secuencia de minúsculos pasos. En la traslación al ámbito económico se advierte que la aparición de nuevos fenómenos sigue un proceso paralelo, pero la secuencia de pasos es más rápida y las transformaciones más perceptibles.

Siguiendo con el paralelismo biología – economía se puede concebir la evolución económica como una renovación pseudogenérica que tiene lugar en los Estados, instituciones y empresas que da lugar a sucesivas generaciones cada una de las cuales resulta irrepetible.
Aparece aquí la noción de irreversibilidad temporal que supera los esquemas geométricos de los estudios mecanicistas abrumados por el peso de las leyes económicas.

La experiencia pone de manifiesto que las mutaciones, en no pocas ocasiones, tienen lugar como consecuencia del tránsito generacional. Algunas de ellas desembocan en la muerte de las organizaciones, es decir, Estados, instituciones y empresas, pero otras dan como resultado cuerpos vivos mejores o mejor adaptados a los nuevos ambientes.

No cabe la menor duda de que la enseñanza de la evolución biológica puede resultar enriquecedora para la representación y desenvolvimiento (nacimiento, vida y ocaso) de las organizaciones sociales. Pero, en todo caso, una actitud de prudente vigilancia parece indispensable.

En los caminos seguidos a partir de la encrucijada geométrica – darwiniana ha aparecido con persistencia la noción de tiempo, reversible en un caso irreversible en el otro. Los estudios estáticos e incluso los de estática comparativa, tan habituales en el mecanicismo, tienen una cabida muy forzada en el evolucionismo darwiniano. Y, aunque resulte difícil liberarse de la redes del determinismo, puede resultar de gran ayuda una inmersión en aquellos laboratorios en donde se han ensayado los nuevos hallazgos de científicos tales como Bertran Russell, Lukasiewicz, Zadeh, Lorenz, Prigogine, Mandelbrot, René Thom, Kaufmann, quienes apostaron por el rechazo al yugo de la predestinación y proclamaron una libertad de investigación capaz de proporcionar mejores respuestas a los problemas de una sociedad repleta de convulsiones.

Varios han sido los intentos emprendidos en diferentes direcciones que sirviéndose de distintas estructuras de pensamiento lógico, han alcanzado recorridos más o menos largos. En el momento de elegir uno de ellos nos hemos decidido por aquel que está alcanzado los más ambiciosos objetivos, tanto desde el punto de vista científico como técnico y de aplicación práctica. Nos referimos a la llamada teoría de los subconjuntos borrosos (Fuzzy Sub-set Theory) en donde el concepto de “nivel de verdad” de una proposición ocupa una posición central.

Mediante un subconjunto borroso se describe un objeto físico o mental a través de sus características o propiedades. La fundamental diferencia entre un subconjunto borroso y un subconjunto booleano es que mientras en el subconjunto booleano puede poseer o no poseer una característica, en el subconjunto borroso el “objeto” siempre posee una característica “a un determinado nivel”.

El abandono del “principio del tercio excluso”, como principio básico adoptado por la ciencia durante más de 2.000 años, ha abierto el horizonte a espacios de libertad investigadora hasta entonces inexplorados.

Pero, ¿Por qué se ha impuesto la necesidad de este abandono? Las informaciones que la mente humana recibe no siempre se presentan de manera cierta y precisa por cuanto los fenómenos de la naturaleza son cada vez más inciertos. El entorno de los Estados, instituciones y empresas cambia incesantemente; los actos del hombre (porque es libre y dotado de imaginación) como las relaciones entre los hombres (porque éstos no son robots), son las causas profundas de la incertidumbre.

El estudio de la imprecisión y, a partir de ella, de la incertidumbre no puede lícitamente ser realizado por técnicas adecuadamente aplicadas en otros momentos a situaciones de certeza y aleatoriedad.

Existe una diferencia esencial entre azar e incertidumbre: el azar puede ser medido mediante el cálculo de probabilidades, la incertidumbre no es mesurable por definición. Pero, dado que en la incertidumbre existen algunas informaciones, aunque sean pobres, resulta factible utilizar de ellas lo que tienen de perceptible para mejorar la racionalidad de los comportamientos y las decisiones sociales.

Decía, nuestro añorado maestro Arnold Kaufmann, que “todo aquello que es mecánico, programable, hoy o mañana lo harán las maquinas, y cuanto más eficaces sean estas maquinas, más necesidad tendremos de la imaginación, de la aventura, de la incertidumbre”. Hemos dedicado toda nuestra vida investigadora a intentar rehabilitar científicamente la subjetividad y la imprecisión. Afortunadamente, cada vez con mayor intensidad, las más avanzadas instituciones docentes universitarias están incorporando en sus programas el estudio de la teoría de la incertidumbre. Con ello contribuyen no sólo al progreso de la ciencia si no al desarrollo mismo de la sociedad.

Cada vez más se está aceptando nuestro entorno de incertidumbre, cada vez más se acepta la diferencia formal entre el ser humano y el robot. El primero es libre, el segundo es un esclavo. Incluso cuando se habla de inteligencia artificial para estos robots se hace un uso abusivo de la palabra “inteligencia”, ya que de lo que se trata es simplemente de una programación adaptativa.

Pero cada vez es mayor la exigencia de que los instrumentos formales que construimos para representar situaciones o fenómenos reales sean fieles a aquello que percibimos. No nos cansaremos de repetir que “está mal engañar a los demás, pero peor es engañarse a uno mismo”. Una manera involuntaria y común de engañar va ligada a la confusión semántica, al sentido que damos a las palabras. Es demasiado frecuente confundir lo subjetivo con lo objetivo, así como lo incierto y el azar.

Los hechos susceptibles de repetición son frecuentemente probabilizables y pertenecen normalmente al ámbito de la naturaleza, de la física, de la química, de la astronomía e incluso de la biología, pero el ser humano introduce, además de los fenómenos inciertos de la naturaleza, los que provienen de su libertad, de su poder de imaginar, difíciles de medición.

Deseamos, a este respecto, insistir en algo por demás evidente: si se pude medir, hay que hacerlo. Y si no se puede medir, sepamos utilizar en su defecto lo perceptible. Creemos poder afirmar que en el infinito campo de lo incierto, casi siempre se pueden recoger y utilizar informaciones, manteniendo una honestidad científica.

Hasta no hace mucho el contenido de la hoy llamada teoría de la incertidumbre era muy limitado (teoría de errores, intervalos de confianza,…). Pero el desarrollo de la teoría de los subconjuntos borrosos ha abierto amplias perspectivas a la formalización y posterior tratamiento de aquellas situaciones en las que un ser humano se relaciona con sus semejantes.

En efecto, en las relaciones hombre-máquina y en especial, en nuestros días la del hombre con el ordenador, las instrucciones deben ser precisas, inequívocas, del estilo buenas o malas, positivas o negativas,…, de ahí la gran utilidad del álgebra booleana, gracias a la cual ha tenido lugar la gran revolución informática.

Sin embargo, la maravillosa maquina paralela que es el cerebro humano no se limita al sí o al no, sino que es capaz de concebir toda una gama de situaciones intermedias, es decir es capaz de “matizar”. La rigidez de la mecánica se convierte en sutileza cuando se trata del razonamiento del hombre. Y esta sutileza es susceptible de ser formalizada a través de los elementos teóricos y técnicos propios de la teoría de los subconjuntos borrosos.

En las enseñanzas universitarias, sobre todo en el ámbito de las ciencias sociales, van a tener lugar, en un futuro no lejano, importantes cambios, en último término obligados por la propia realidad de procesos, más que evolutivos revolucionarios. Es importante para todos quienes tenemos la responsabilidad de preparar la docencia de las próximas generaciones tomar conciencia de que “esperar” es “llegar tarde”. Seamos pioneros en esta difícil tarea de la renovación para que quienes sean beneficiarios de nuestros cambios puedan decir, mañana, que gracias a nosotros viven en un mundo mejor, un mundo más justo, más libre y más solidario.

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