Por: María Aliaga para Revista OCIO edición julio 2015.

Foto: Federico Rodriguez

La Universidad Siglo 21 se animó a darle un marco colegiado y profesional al coaching, la disciplina que gana cada vez más terreno entre las personas y las organizaciones alrededor del mundo. Combinándolo con nociones de neurociencias y poniendo énfasis en la inteligencia emocional, lanzaron la Diplomatura en Liderazgo Coach e Inteligencia Emocional. OCIO habló con Cristina Schwander, cofundadora de la Universidad y directora del programa, quien nos contó todo lo que necesitamos saber sobre el coaching en general y la diplomatura en particular.

Es la única en Córdoba y su comienzo fue un éxito. La Diplomatura en Liderazgo Coach e Inteligencia Emocional de la Universidad Siglo 21, que integra el coaching ontológico, la inteligencia emocional y las neurociencias y cuyo dictado tendrá una duración de 6 meses, captó la atención del mundo de las organizaciones de Córdoba y comenzó con cupo completo.

Con profesionales destacados en el dictado de las clases y reconocidos empresarios al frente de charlas y talleres, la diplomatura tiene un perfil orientado a jefes, gerentes y líderes de organizaciones. Sin embargo, el coaching es una herramienta útil para que todos aprendamos a escucharnos a nosotros mismos y a los demás, y podamos así mejorar nuestras relaciones, cumplir nuestras metas y transformarnos en verdaderos líderes.

Eso nos transmite Cristina Schwander, la mujer detrás y al frente de este innovador programa, cuando le preguntamos sobre esta disciplina que tanto da que hablar. Cofundadora, Secretaria de Extensión y coach estratégica de Branding y Relaciones Institucionales de la Universidad Siglo 21, Cristina es coach ontológica y bioenergetic coach, y actualmente cursa una maestría en inteligencia emocional en España.

¿Cómo llegás vos al coaching?

Habíamos logrado estabilizar la Universidad y evalué que era un buen momento para que los fundadores de la organización comenzáramos a continuar nuestra formación haciendo cursos en el mundo. Comenzamos con un curso de negociación en Harvard y seguimos con un curso en Chile con la persona que más sabe de coach ontológico, Rafael Echeverría. Cuando lo terminamos, nos formamos como coach, hicimos varios cursos internos para que toda la mesa directiva y el nivel dos fueran coach.

¿Qué cambios concretos lograron a través de esta herramienta?

A nivel personal, logré aprender a escuchar, una capacidad de suma importancia para los líderes de las organizaciones. A nivel organizacional, el cambio fue enorme porque cambiamos nuestra forma de liderar, comenzamos a delegar más, formamos un equipo de alto rendimiento y se potenció el crecimiento de la Universidad en grandes porcentajes.

¿Por qué deciden lanzar la Diplomatura en Liderazgo Coach e Inteligencia Emocional?

Pensamos en la diplomatura como un modo de que la disciplina del coaching ontológico y la ontología del lenguaje estén insertas en toda la Universidad. Estamos convencidos de que el gran cambio que necesitamos hoy es entender que lo que marca la diferencia no son sólo las competencias técnicas, sino la inteligencia emocional. Y el coaching ontológico funciona como una enorme herramienta para desarrollar la inteligencia emocional.

¿Entonces podemos definir al coaching como una herramienta para la inteligencia emocional?

En cierta forma, sí. El coaching es una disciplina que genera conversaciones de aprendizaje, en la que hay un coach que utiliza determinadas técnicas para potenciar a un coachy. El coach ilumina caminos a través de preguntas, sin aconsejar ni decir cómo deben hacerse las cosas, sino alumbrando para que el coachy vea sus propias herramientas y capacidades. El líder coach no tiene un enfoque vertical de mando, sino de conversaciones y creación. En ese marco, uno de los elementos clave es la inteligencia emocional.

¿De qué manera se relaciona el coaching con el autoconocimiento?

El coaching está muy relacionado con el autoconocimiento, porque trabaja todas las facetas de la personalidad y permite indagar en nosotros mismos y conectarnos con las emociones y la corporalidad.

¿Qué diferencial aporta la Diplomatura?

Lo que yo procuré es agregarle más dimensión a la emocionalidad, a la que considero un factor clave del ser humano, porque son las que nos movilizan; y un factor clave en el liderazgo, porque los líderes transmiten mucho desde sus emociones y desde su forma de comunicar. Todas las emociones nos comunican algo, y toda organización es una red de conversaciones, por lo tanto cómo conversan los miembros de la organización a nivel interno y cómo conversan con el exterior, es clave.

¿Cómo definirías este modelo de liderazgo que buscan fomentar por medio de la diplomatura?

Es un liderazgo como puente. El líder no va adelante, creyendo que sabe todo; ni atrás como un pastor, sino que es un líder que está en la base y que conecta para empoderar a quienes lidera.

¿Todos podemos ser líderes?

Sí, sólo hay que tener ganas y la noción de que se aprende a ser líder haciendo. Se trata de un tipo de cambio que requiere voluntad, plasticidad, conciencia de nosotros mismos y práctica de las herramientas. Pero sí, se puede cambiar y lograr ser un líder puente.

Este artículo fue publicado originalmente en Revista Ocio