Por Raúl Ochoa, mentor de la Lic. en Comercio Internacional de la Universidad Siglo 21. 

El dilema para las empresas entre el comercio exterior y el mercado interno: ¿hay que elegir entre uno u otro? El interrogante es válido y las respuestas son múltiples, lo que hace al tema muy interesante, tanto desde la teoría como de la propia experiencia.

En principio, para las firmas de países pequeños, es claro que la decisión es desde tiempo inmemorial, “mi mercado es el mundo” y vale la pena detenerse en algunos ejemplos de esta afirmación: Nokia, Scania, Volvo, Saab, Nestlé, Skoda y Pilsen (en checo Plzen) o Fonterra de Nueva Zelanda, la cuarta empresa láctea a nivel mundial, que exporta a más de 130 países y tiene su propia flota de transporte marítimo, expresan esa necesidad de trascender por fuera de sus pequeños mercado internos, que de manera alguna le darían la escala y la especialización necesaria.

Algo similar ocurre en otra dimensión con las firmas canadienses. Allí, el territorio es enorme y muy rico, tiene 30 millones de habitantes, pero la opción por la internacionalización y desarrollo a través del comercio exterior, aprovechando tener al lado a la mayor economía del mundo -hasta ahora- y, desde esa plataforma, ser firmas de alcance global, se puede observar en la minería, alimentos, industria aeronáutica, con nombres conocidos para nosotros como Barrick, Bombardier, Mc Cain o Saputo (lácteos).

En los países de mayor tamaño, ingreso medio-alto y población numerosa, el mercado interno es un gran atractivo y, de hecho, cuando uno observa el grado de apertura de la economía norteamericana medido por coeficiente de intercambio comercial/PBI es bajo, a pesar de que ese país es el primer importador mundial y el segundo exportador después de China. Esto implica que muchas firmas se contentan con atender ese mercado que dado su tamaño, es como si contuviera en su interior multitud de países (el Estado de California es por si sólo el 6º PBI a nivel mundial). Sin embargo, como nos consta, surgidas desde EE.UU., hay empresas tecnológicas que dominan globalmente y están situadas y forman cadenas globales de valor a través del comercio exterior.

 

En la Argentina

¿Qué pasa con las firmas de la región y de nuestro país? En países como Chile y Uruguay hay cantidad de firmas nacionales que son netamente exportadoras en alimentos, bebidas, madera, minería y, en los últimos años, en servicios como software y otras tecnologías de la información. Hay, aquí también el caso del tamaño relativo de los mercados internos, es imprescindible crecer exportando y de hecho en el caso chileno la cantidad de acuerdos comerciales con casi todos los países importantes, marcan esa opción y esa visión.

En el caso de nuestro país, tenemos casos de exportadores netos con atención exclusiva de los mercados internacionales en la soja, pesca y en la mayoría de las economías regionales: ajo, aceitunas y aceite de oliva, peras, limones y sus derivados, té y maní, entre los más destacados.

Existen ejemplos de opción por el mercado internacional en servicios de publicidad, audio y video, video juegos, diseño y moda infantil, algunas bodegas, productos de alto valor y control en industria farmacéutica, equipamiento médico, entre otras.

“Lo aconsejable es no abandonar el mercado interno y perseverar en el esfuerzo exportador, sin arriesgar todas las cartas.”

En general, aquellos empresarios que se han decidido por privilegiar el Comercio Exterior lo han hecho con el criterio de reducir los riesgos del mercado local, diversificando mercados, adecuando sus productos y servicios y asegurándose una cartera más exigente, pero dependiendo del o los canales de comercialización elegidos, mayor seguridad de cobro en monedas de libre convertibilidad: dólares, euros, libras o yenes.

Sin embargo, y este es el verdadero dilema, nuestro país no asegura –no lo ha hecho en el pasado ni lo está haciendo en el presente– que el exportador neto, aquel que se decide por privilegiar el comercio exterior y reduzca su participación en el mercado local, no reciba el impacto de una apreciación de la moneda local (inflación en dólares por encima del tipo de cambio oficial) y que le desbarate el esfuerzo llevado a cabo.

Concluyendo, mientras las decisiones macro no tengan un horizonte previsible, que es lo que se necesita para tomar decisiones de fondo en la micro de las empresas, lo aconsejable es no abandonar el mercado interno y perseverar en el esfuerzo exportador, sin arriesgar todas las cartas, a pesar de que sí necesitamos y esto vale para el futuro, que muchas más empresas sean exportadoras globales.

 

 

Artículo publicado originalmente en Multitaskers