Por Andrés Pallaro. Vicerrector de Innovación, Investigación y Posgrado. Escuela de Negocios – Escuela de Posgrado. Universidad Siglo 21.  

Siempre hablamos del emprendedor como una persona que hace de su vida un testimonio al manejo del riesgo. Allí donde hay riesgo, un emprendedor encuentra campo para actuar. Es allí donde se siente cómodo, donde su intuición y energía tienen vía libre, donde ese problema o necesidad que visualizan para resolver se transforma en misión vital que no repara en obstáculos.

Todo eso es así. El coraje es el valor predominante en la vida de un emprendedor, cualquiera sea la industria o temática en la que decida actuar. Coraje, que viene del latín “cor” y a su vez este del griego “kardia” significa “echar el corazón por delante”. Nada más ajustado a la realidad: el emprendedor confía en sus corazonadas, “siente” lo que puede realizar con su esfuerzo y capacidad, y se larga a la acción sin esperar certezas de análisis estrictos.

Es el coraje el que explica que un niño disléxico y adolescente rebelde como Richard Branson haya creado el Grupo Virgin, o que Don Fulvio Pagani haya creado una de las fábricas de caramelos más grandes del mundo desde Arroyito, Cordoba (Arcor), o que Gastón Acurio haya revolucionado la gastronomía peruana en el mundo con “Astrid & Gastón” entre otras marcas del rubro creadas junto a su equipo, etc. Allí donde hay una historia de diseño y acción emprendedora, en cualquier campo del quehacer humano, hay un recorrido de coraje, de acciones donde primaron el corazón y la voluntad para ir hacia adelante a pesar de análisis complejos, amenazas evidentes y tablas de números en rojo.

Ahora bien, ha llegado el momento de reivindicar la formación en el camino emprendedor. Sin coraje no hay ni habrá historias emprendedoras.

Pero sin formación o con formación deficiente o escasa los emprendimientos serán más débiles, vulnerables y estándares. Si algo hemos aprendido todos estos años de explosión del fenómeno emprendedor en Argentina y el mundo es que la osadía del arranque, propia del “estarter”, debe ser rápidamente complementada con la destreza aplicada a la gestión, es decir al óptimo ensamble de recursos, personas y decisiones para lograr que un proyecto encuentre su camino de crecimiento y rentabilidad.

¿Es posible combinar la vigencia del coraje con altos niveles de formación? Sí, es posible, especialmente por la noción de equipos. Es en la selección, contratación, formación, alineamiento y fidelización de un equipo humano de gestión donde se manifiesta de forma primaria y vital la formación que el emprendedor osado ha logrado obtener. El encanto y la arenga que explican la conjunción de los primeros colaboradores de un proyecto van dando lugar a la idoneidad para armar un equipo cada vez más profesional, diverso y autónomo. Estamos ante los verdaderos timoneles que una empresa en expansión necesita. Y a partir de allí es ese mismo equipo, cada vez más formado y calificado, el que “tira para arriba” al o los emprendedores fundacionales, presionados cada vez más a convertirse en buenos directores y managers de esa “mezcla de talentos” que llevarán su empresa a nuevos estadios de éxito.

La formación continua, experiencial, innovadora, a través de docentes sólidos en conocimientos y fuerte experiencia práctica, utilizando tecnologías y nuevas pedagogías, involucrando casos, mentores y experimentos dinámicos, etc., es el camino para acompañar de forma eficiente el fenómeno emprendedor. En eso estamos en la Universidad Siglo 21 a través de múltiples programas e iniciativas. El coraje siempre será la condición a promover e irradiar. La formación será, cada vez más, el camino para que las historias emprendedoras nos regalen empresas y organizaciones exitosas y sostenibles en el tiempo.