Lucas Campodónico es un emprendedor innato. Para el, pensar en proyectos sustentables tiene que ver con un silencioso activismo de desafiar al capitalismo y la lógica de las grandes empresas. En esta decisión, la Universidad es una herramienta importante.

Cada vez más, vivimos en un mundo con pésima distribución de la riqueza, sostiene Lucas Campodónico. Esta idea puede parecer abstracta o general, pero en su interior esconde la columna vertebral del emprendedorismo sustentable.

Lucas es director de B-ECO, que agrupa La Bioguía, Greenbondi, Ecomanía y Greca. En una charla con la Universidad Siglo 21 explicó algunas de sus consideraciones acerca de los proyectos emprendedores.

Sólo hace falta ver cuánto consume –en energía, recursos naturales– un ciudadano neoyorkino de treinta años, que un ciudadano de la misma edad pero procedente de África, explica.

Es un conocimiento popular que consumimos más que lo que el planeta nos brinda, situación que se “equilibra” en buena medida gracias a la vergonzosa distribución de recursos en el mundo. “La realidad es que si todos consumiéramos lo que consume América del norte, necesitaríamos seis planetas que nos brinden servicios ecosistémicos por año”, dice.

Yendo al plano estadístico, sólo 62 personas en el mundo son dueñas del Producto Bruto Interno (PBI) mundial, mientras que el 50 por ciento de la población vive con menos de dos dólares por día.

En medio de estas cifras la sustentabilidad emerge como una conciencia personal, del hombre o mujer que habita en un entorno donde hay recursos escasos, una población y un planeta que hay que cuidar. Tiene que ver con una forma de vivir con uno mismo y vivir en comunión con el resto; lo cual también vincula al trabajo que elegimos para vivir, considera Lucas.

Y añade que en este último aspecto es común escuchar frases como “Hace falta más gente que ame su trabajo”, o “Dejás de trabajar el día que ames tu trabajo”.

“Cada emprendedor que nace combate silenciosamente esta aberrante distribución de recursos, siendo prácticamente un activista que se esfuerza para ganarle mercado a los grandes jugadores mundiales”,  plantea.

En este escenario es un viejo debate si el emprendedor se nace o se hace. La respuesta quizás es que todos nacemos y nos hacemos emprendedores. Uno nace emprendedor porque la vida es un gran emprendimiento, donde el ser individual se forma en un contexto en permanente influencia.

Una persona se convierte en emprendedora porque decide potenciar su propio ser, y en esa dirección  -considera el experto en proyectos sustentables- se puede pensar en la importancia de la formación en las universidades.

“Soy un convencido de que el mundo necesita emprendedores, personas apasionadas que contagien al mundo su virus positivo”.