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Emprendedurismo

by • 14 abril, 2016 • Management y Emprendedurismo, SustentabilidadComments (0)1142

El emprender sí vale

Entrevista a Santiago Sena, Director General de Desarrollo Emprendedor del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Santiago habla sobre el emprendedorismo como elemento de cambio y la representatividad de las empresas familiares en la economía nacional.

Docente y funcionario, Santiago llevó sus estudios y carrera desde la Filosofía hacia la orientación familiar y los emprendimientos sociales. Pasó del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires a asumir como director general de emprendedores en la gestión actual. Allí trabaja para impulsar políticas de capacitación, financiamiento e investigación en el sector. Invitado por la Especialización en Gestión y Gobierno de Empresas Familiares, dio una clase en la Universidad Siglo 21 y compartió sus opiniones sobre la materia.

 

¿Por qué creés que el Estado tiene que apoyar a los emprendedores?

Porque los emprendedores tienen la capacidad de generar innovaciones y éstas crean valor, generan riqueza, empleo y crecimiento económico. De la capacidad de innovar de una sociedad depende su capacidad de integrar: una sociedad sin recursos es una sociedad que no puede generar inclusión en el futuro. Los emprendedores, en este sentido, tienen un rol muy importante. Creo que, cuando el Estado fomenta la actividad emprendedora, lo que hace es invertir. Por supuesto que el desarrollo emprendedor cuesta plata, pero la realidad es que lo que puede devolver a la sociedad más adelante el hecho de que haya emprendedores paga con creces esa inversión.

 

¿Cuál es la importancia de formar a los emprendedores?

La tasa de fracaso y de muerte que hay en los primeros años de un emprendimiento es muy alta en general y en Argentina, por las condiciones macroeconómicas y la volatilidad, eso empeora. En este contexto, formar a un emprendedor es hacer, de cierta forma, una especie de risk management. La formación baja la posibilidad o la tasa de fracaso de emprendedores, porque les brinda más herramientas para saber gestionarse, incluso en ámbitos volátiles, típicos de los países emergentes. Por lo tanto, hay que capacitar a los emprendedores para que tengan más herramientas y alcancen una tasa de supervivencia más alta.

 

¿Qué consejos le darías a un emprendedor que esté iniciando?

Son muchos los consejos: Que tenga paciencia, que no tenga miedo. Que se anime, si todavía no se animó. Que no le tenga miedo al fracaso, que todos los emprendedores fracasan; es parte del proceso y una oportunidad para aprender. Que es un lindo camino, en el que no está solo, sino que hay un ecosistema, con un montón de gente en la misma situación. Además, tampoco está solo porque el Estado tiene una presencia activa para el desarrollo emprendedor, más allá de que haya otros emprendedores y asociaciones que lo puedan contener. En resumen, le diría que emprender no es fácil pero que lo paga. Sentirse dueño y apropiarse de lo que uno hace es de las cosas más lindas que te pueden pasar. Le da mucho sentido y una misión muy clara a la vocación por el trabajo.

 

¿Cómo ves el escenario del emprendedorismo nacional hoy?

Lo veo con una perspectiva positiva. Al haber cambiado tanto el contexto macroeconómico, quizás estamos ahora en una etapa de ajuste y acomodamiento. Cuando decante, bien existe la posibilidad de que emprender sea más fácil y más efectivo en la Argentina. Creo que va a costar un poco al principio, pero en los próximos tres o cuatro años habrá mucho para hacer.

Sobre todo, cuando uno mira América Latina como región y la compara con otras regiones del mundo. Potencialmente, contamos con una capacidad para recibir inversiones muy alta, en función del desarrollo humano, del capital social y de la capacidad de creación de empresas que tenemos. Pero todavía falta, nos queda mucho por crecer como país y en la región.

 

¿Qué rol tienen las empresas familiares en el panorama productivo nacional?

Las empresas familiares tienen un papel fundamental, partiendo del hecho de que representan un porcentaje altísimo de las empresas, cercano al 70%. Podríamos preguntarnos lo mismo de las Pymes. Son la mayoría de las empresas, son los jugadores más importantes en la producción nacional. Lamentablemente, no siempre se las considera así y se mide a las empresas en función de su tamaño -entonces se habla de las grandes empresas- o con otros transversales. Pero la realidad es que el que sean familiares es un valor distintivo muy particular. Las empresas familiares conllevan una cuestión de legado, de trabajar con cierta ética, un compromiso con el contexto que no todas las empresas, en general, tienen. Creo que habría que prestarles más atención en cuanto a familiares, ya que esa es la característica inherente, específica y distintiva de estas empresas.

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