La perspectiva de Claudio Fantini, mentor de la Lic. en Ciencia Política de Universidad Siglo 21, respecto a lo que dejaron las elecciones. 

 

Una resonante derrota del kirchnerismo. Eso fue el resultado del comicio. Un fracaso, no tanto de Daniel Scioli como de Cristina Kirchner, la corte que la venera en los palacios gubernamentales y el sector de la clase media que se enamoró del “modelo”, que reza el “relato” y de donde salió la juventud militante que idolatra a la presidenta en las liturgias personalistas con músicos y actores.

En ese microclima sectario dirán que la culpa de haber quedado tan lejos de un triunfo en primera vuelta es de Scioli, porque su discurso es demasiado light, porque anunció un gabinete deskirchnerizado y porque en sus fiestas cantan Pimpinela y Ricardo Montaner, en lugar de Fito Páez. Pero amén de lo que digan en la corte de Cristina, está claro que el candidato no le restó, sino que le sumó votos al kirchnerismo.

La presidenta sabe que la escuálida ventaja de su candidato sobre Macri fue una derrota de ella y por eso demoró absurdamente las cifras oficiales. La única explicación lógica de que no se informara hasta después de la medianoche lo que se conocía desde las 21 horas, es que el gobierno quería evitar festejos opositores en las calles.

La magnitud de la sorpresa electoral habría empujado multitudes y los medios de la vereda opositora habrían multiplicado el efecto visual de los festejos callejeros. Por eso había que esperar que el país durmiera y que las portadas de los diarios del lunes ya estuvieran impresas, para revelar el resultado.

El kirchnerismo empezó a evidenciar su derrota cuando tuvo que postular a Scioli porque triplicaba en intención de votos a los kirchneristas puros, precisamente debido a que muchísima gente despolitizada no lo percibe como kirchnerista.

Por eso lo atacaron tanto desde la nobleza cristinista: Estela Carlotto diciendo que era “de transición”, Carta Abierta hablando del “voto desgarrado” etcétera. A eso se suma que Cristina le colgó como lastre las candidaturas del ideólogo Zannini a vicepresidente; del impresentable Aníbal Fernández y el ideologizado Sabbatella al gobierno de Buenos Aires y de Kicillof y otros “camporistas” como diputados.

Scioli agregó por lo menos diez puntos al voto kirchnerista, que lo acompañó de mala gana por no tener otra alternativa.

La segunda derrota del kirchnerismo será que, para tener chance en el ballotage, el candidato debe deskirchnerizar su discurso y esconder a Zannini, Kicillof, los muchachos de La Cámpora y la propia presidenta.

Su posibilidad de triunfo es inversamente proporcional a su cercanía con Cristina y su relato de la realidad.

El kirchnerismo ya perdió. Scioli todavía no.