*Por el Lic. Daniel Roura

Hace algunos meses se publicó un artículo titulado “El mundo ya no es lo que era”. En él se remarcaban las características del orden internacional predominante en la actualidad, y dos temas centrales de la agenda a futuro: la energía y los alimentos. Hoy en día, podemos apreciar algunos elementos interesantes que amplían los abordados en dicha columna y que profundizan la radiografía de este mundo turbulento en el que vivimos. A continuación, se analizan algunos datos para entender en éste mundo.

Una de las características de éste es que la economía juega un papel preponderante, por lo que resulta importante analizarla. Un rasgo evidente de esta afirmación es que aún no se ha logrado dejar atrás la crisis económica de 2007 y 2008. En primer lugar, Estados Unidos ha evidenciado signos de crecimiento, aunque puede ser pronto para afirmar que la tormenta ha pasado: caída del 2% en el PBI en el primer trimestre y crecimiento del 4% en el segundo y un desempleo en torno al 6%. En segundo lugar, tenemos el estancamiento europeo y el aparente retroceso de la economía China. Respecto al primero, a pesar de que las performances de las economías europeas muestran este estancamiento (crecimiento que no supera el 1% en el 2do cuatrimestre del año), lo más notorio es la caída del 0,2% de la economía alemana, esto sin contar el impacto que podría generar a nivel financiero, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, luego del referéndum en Escocia. En Europa, se está jugando sobre todo a nivel político, una vuelta al nacionalismo. En cuanto a la economía China, luego de los paquetes de estímulo que implementara el gobierno para sobrellevar la crisis de 2008, hoy se puede apreciar una caída en la oferta de créditos, un mercado inmobiliario cuyas ventas cayeron en torno al 20% y una caída en el peso de la actividad industrial sobre el PBI. Todos estos factores en su conjunto, hacen prever una caída en la demanda global que puede tener serias consecuencias. Para América Latina, el panorama no es mejor. Según el World Economic Outlook del Fondo Monetario Internacional, la región crecerá por debajo del promedio global (1,3% en 2014 y 2,2% en 2015 contra 3,3% y 3,8% respectivamente). Un dato clave para entender este derrumbe, es que los exportadores de materias primas están sufriendo la caída de precios, que ya acumulan 20% desde 2011 y 10% en el último año. La peor nota en la región, se la llevan Argentina y Venezuela con recesiones y altas tasas de inflación que se esperan continúen en 2015.

Otro rasgo distintivo es que ha retornado un tema tradicional a la agenda y se trata de la Seguridad. En un sentido estricto (conflictos armados entre o intra Estados), ésta se manifiesta de dos maneras. La primera muestra al terrorismo como la amenaza global más latente, ahora incluso ganando poder territorial ocupando pueblos y ciudades en áreas geográficas que carecen de Estado, como el caso de ISIS (Estado Islámico) en medio oriente. Muchos analistas coinciden en que la fragmentación de esa región y el elevado nivel de conflictividad y violencia causadas por la irrupción de ISIS, son comparables a la Guerra de los 30 años que se libró desde principios del Siglo XVII en Europa y que cambió para siempre la definición de “Estado”. Vale la pena destacar, que la aparición de ISIS, está ocultando (temporalmente) la cuestión Palestina. La segunda manera, es la agenda clásica, y aquí tenemos el fenómeno de la redefinición de fronteras, tal es el caso de Rusia y Ucrania o las micro-crisis en Asia a causa de la diplomacia “musculosa” de China y los conflictos limítrofes irresueltos. Por otro lado, en un sentido amplio de seguridad, considerada en términos de “seguridad humana”, vemos el crecimiento de epidemias con altas tasas de mortalidad, que generan no sólo crisis sanitarias, sino incluso políticas y diplomáticas a causa de los desplazamientos de personas que huyen de los focos críticos. Claramente la crisis del Ébola en el África subsahariana o la fiebre Chikungunya son ejemplos de esto, sin contar desastres naturales atribuibles al cambio climático. La conflictividad interna puede escalar también a cuestiones de seguridad y un claro ejemplo a seguir de cerca son los movimientos en Hong Kong que presionan para democratizar China.

La energía es otro de los puntos álgidos de la agenda en al 2da década del siglo XXI. Aquí hay algunos datos destacables. Uno de ellos es que Estados Unidos está redefiniendo su matriz energética y va camino a la autosuficiencia (se estima lo lograría en 2035). Esta autosuficiencia, implica energía a bajo costo que ya está siendo aprovechada por compañías americanas que están abriendo nuevas plantas, o bien repatriando plantas desde Asia y otras partes del mundo, lo que se espera genere un boom manufacturero y una consecuente expansión económica. En este sentido nuestro país tiene en este sentido una oportunidad importante en Vaca Muerta. Las reservas de los países productores de petróleo tradicionales ya han llegado a su pico máximo de producción y se espera que inicien el declive. Son los recursos Shale o mejor conocidos como no convencionales, los que colaborarán a la matriz energética mundial. En nuestro caso, se deberán tomar decisiones consensuadas y tendientes a beneficios en el largo plazo, para que Vaca Muerta sea uno de los pilares del crecimiento económico del país.

Si bien ya se mencionó en parte a la región en cuanto a la performance económica, vale la pena analizar un poco el “barrio” en el que está inmerso nuestro país. En primer lugar, tenemos una economía como se dijo, con rendimientos por debajo del promedio global, en parte explicado por la caída de los precios de las materias primas. Un dato económico a resaltar, es la integración que están llevando los países miembros de la Alianza del Pacífico, combinando sus bolsas de valores, fomentando la innovación en la economía y apostando a la educación superior como vehículo del cambio y elevación del nivel de vida.

En segundo lugar, la política está experimentando turbulencias por las elecciones que están llevándose a cabo. Chile ya inició el año pasado la renovación de ciclo con la victoria de Michele Bachelet, devolviéndole el control del Palacio de la Moneda a la Concertación. En Brasil, el gobierno del PT con Dilma Rousseff a la cabeza, ha sufrido las consecuencias de la corrupción, el deterioro económico y las promesas incumplidas del mundial, perdiendo más de 20 puntos porcentuales respecto a la elección que la llevó al Palacio de Planalto, debiendo dirimir su reelección en una segunda vuelta con el candidato tucano del PSDB, Aécio Neves y con la tercera en discordia, Marina Silva, apoyando a este último. Por su parte, en Bolivia Evo no enfrentaría problemas para lograr su reelección, apalancado en un buen rendimiento de la economía. La incógnita está en Uruguay a donde todas las encuestas dan por segura la segunda vuelta entre Lacalle Pou y el ex Presidente Tabaré Vazquez. Las definiciones en esta parte de América Latina, y la importancia de las elecciones, pasarán en un futuro sobre el rol de Brasil y sobre todo el futuro del Mercosur.

En resumen, el mundo en el que transitamos rumbo a la primera mitad del siglo XXI, es definitivamente más turbulento y menos predecible de lo que se esperaba a finales del XX. Como indica Martina Larkin en su artículo publicado en Project Syndicate en septiembre pasado, hoy el fenómeno de la globalización, en el que todos confiábamos traería paz y orden, está en crisis. En sus propias palabras, personas por todas partes del mundo, ricas y pobres por igual, están enfrentando problemas que la globalización ha contribuido a generar pero no a mitigar: desde Estados fallidos a bancos fallidos, de la sobrepesca al desempleo, desde el cambio climático al estancamiento económico. Tampoco hay potencias que ayuden a ordenar o creen consensos sobre los cuales basar las relaciones, tal como ocurrió en la posguerra. Más bien, en términos del politólogo americano Richard Haass, estamos en la era de la no polaridad o de las polaridades indefinidas. Dependiendo el tema y la región, existen grandes jugadores. Y el caso más emblemático lo podemos ver en nuestro propio país: Una de las economías miembro del G-20 cae en default por acción de un grupo de inversores privados y de un juez federal de otro país. Lo que queda, es ajustar políticas, alinear recursos con oportunidades e intentar sobrellevar las turbulencias de la mejor manera posible.