Por Mgter. Gabriela Bertoldo. Docente de la Escuela de Negocios y Posgrado de la Universidad Siglo 21.

En una época de gran desarrollo tecnológico, con posibilidad de acceso casi ilimitado a la información; donde podemos obtener de inmediato lo que queremos y todo sucede a gran velocidad; sin duda podemos hablar de una importante evolución.

Y siendo parte del estilo de vida que ha traído esta evolución, no puedo dejar de reconocer los beneficios que estos adelantos nos han brindado, sobre todo a quienes pertenecemos a una generación que ha vivido los cambios. Es decir, para las nuevas generaciones lo que brinda la tecnología es algo natural, pero para quienes nacimos sin teléfonos celulares o sin internet, lo que aportaron dichos cambios es algo invaluable. Recuerdo cuando tenía algo así como diez años iba a hablar por teléfono a la casa de mi abuela que vivía al lado, ¡ya que tampoco era fácil contar con teléfono fijo!, realmente maravilloso.

Sin embargo, a pesar de lo maravilloso de estos cambios, no puedo dejar de reflexionar también en el uso que se hace de estos avances y las consecuencias que ese uso genera a la sociedad.

Es imposible realizar un filtro de toda la información que circula, y cuando contenidos poco deseables se viralizan o se encuentran al alcance de menores a tan sólo un click, ello obliga a los padres a estar siempre alertas, lo cual no siempre resulta tan fácil.

Pero dejando de lado el tema del control parental de contenido para menores –que es todo un capítulo aparte-, mi reflexión apunta más a pensar si los adultos hacemos un uso responsable de las redes sociales, un uso que realmente permita aprovechar su valor tanto para nosotros mismos. O un uso que permita brindar valor a otros, como integrantes de nuestra sociedad, o si se quiere del género humano.

¿Cuántas publicaciones en las redes sociales son realmente consistentes con la realidad? ¿En qué medida aportan verdaderamente un contenido de valor agregado a nivel cultural y social? ¿Por qué un adolescente que no sube una selfie o no publica un comentario literalmente “no existe” o es objeto de bullying? ¿Cuánto hay de moda en ciertos temas que se publican y que son retwiteados sólo porque es “cool” hablar de ellos? ¿Qué valor tienen esas interminables cadenas que no llegan a ninguna parte? ¿Qué sentido tiene la publicación de agresiones u ofensas a través de las redes, ya sea por motivos religiosos, políticos (o cualquiera sea el motivo que mueve a quien publica un comentario de ese tipo)?

No descarto ni desconozco la utilidad del uso de la tecnología y de las redes sociales, por el contrario considero como dije al principio que otorga muchos beneficios y son herramientas que resultan sumamente prácticas, pero me pregunto cuál es el valor que realmente les damos como sociedad…

A veces pienso si este uso ilimitado casi sin ningún tipo de restricciones, no facilita ciertas acciones que se ven amparadas en el anonimato, o mínimamente en el hecho que resulta más fácil agredir o discriminar si no lo hacemos dando la cara.

Sin duda también puede ser más fácil exhibir por las redes algunas conductas que normalmente se considerarían contrarias a la moral con algunas consecuencias un tanto previsibles, en lugar de hacerlo en un lugar público. No se ve igual un desnudo en las redes que en la vía pública. Mínimamente la reacción que provoca seguro es diferente en un caso que en el otro. Este es sólo un ejemplo, y podríamos seguir así con la enumeración.

Pero esta moneda también tiene otra cara: la del lado de quienes no se suben del todo a ese tren pero sin embargo aceptan este tipo de uso, ya que es más fácil aplaudir toda clase de publicaciones para estar a tono y conformarse con el hecho de una diversión con muy poco (me refiero a calidad, no cantidad), o simplemente mirar para otro lado.

Esto no significa descartar que la tecnología o más concretamente las redes sociales se utilicen para fines recreativos o de sociabilización; pero si las ponemos al servicio solamente de una exposición mediática sin sentido me pregunto: ¿no será que como humanidad hemos fallado un poco teniendo todos los elementos a nuestro alcance para realmente evolucionar?

Un disparador muy fuerte para estas reflexiones fue cuando me enteré que hay sitios donde se venden “likes” o “fans”. Obviamente si esos sitios que los comercializan existen, evidentemente es porque hay un mercado que requiere ese producto. Y es claro que quienes compran likes, aparentemente lo hacen para conseguir popularidad. Pero más allá de lo válido que puede ser el deseo de ser popular, me pregunto, ¿qué clase de popularidad es la que se persigue? Una que no es genuina, que resulta una ficción totalmente alejada de la realidad? ¿Cuál es el valor que puede otorgar a quien la busca? ¿Y qué valor puede percibir el espectador o el seguidor de alguien cuya popularidad se construye sobre esa base?

Me gustaría pensar que nuestra sociedad prefiere que en la balanza se incline más el platillo que prioriza la difusión de conocimientos, la transmisión de información con contenido, la creación de verdaderas redes de trabajo colaborativo o exhibición de valores a ser imitados. El que prioriza el uso de las redes sociales para facilitar las relaciones y establecer vínculos duraderos más allá de las fronteras físicas o las distancias.

Me gustaría pensar en una sociedad unida por las redes, utilizadas éstas como herramientas para el intercambio positivo, para la publicidad de ideas innovadoras, la viralización de acciones de ayuda comunitaria y la construcción del bien.

En definitiva para todo tipo de creación que nos permitan evolucionar y mejorar como seres humanos.

Pero eso sólo depende de nosotros y de la utilización que hagamos de esta maravillosa herramienta, de acuerdo al valor que decidamos darle. Tal como hacemos en definitiva con todo lo que tenemos a nuestro alcance. Ya que al igual que las redes, podemos usar nuestro trabajo, nuestras profesiones, nuestro dinero o nuestras relaciones para crecer y ser mejores, pero sólo es una decisión que podemos tomar cada uno de nosotros.

Invito a que entonces te preguntes,  ¿Qué #valor le doy a las redes sociales?