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by • 10 junio, 2015 • Educación, General, SustentabilidadComments (0)1756

El voluntariado, su papel en la sociedad y la necesidad de fomentar el trabajo voluntario

Por el Ingeniero Raul Burgo, especialista en Gestión de Organizaciones sin fines de lucro.  Ex coordinador del área de Responsabilidad Social universitaria de la Universidad Siglo 21.  Actualmente responsable de proyectos de extensión de la Universidad Siglo 21 y  Asesor del Banco Julio y del Hotel Interplaza en aspectos de RS.

¿Qué es un voluntario?

Un voluntario es aquella persona que realiza acciones de servicio, desde una opción libre, sin solicitar ni recibir nada a cambio. Una acción voluntaria es toda actividad planificada llevada a cabo por voluntarios. El voluntariado es entonces la organización que se da para canalizar la acción voluntaria.

No alcanza con voluntad

Se necesita formación y organización para lograr el impacto pretendido. Si no hay un voluntariado que permita canalizar esa acción voluntaria, se puede agudizar más aún algunas situaciones de riesgo para terceros, aunque la intención inicial es evitarlas o atenuarlas.

Inicialmente el voluntariado estuvo asociado a las acciones de caridad de la Iglesia Católica brindada por las asociaciones y obras que atendían a viudas, huérfanos, desvalidos, enfermos, etc. Pero yendo más atrás, podemos afirmar que el voluntario y la acción voluntaria surgía cada vez que la vida humana estaba en riesgo frente a catástrofes naturales o provocadas por el hombre. Aún hoy, eso sigue ocurriendo.

Mucho se ha avanzado en la profundización de este concepto. Han surgido una serie de estudios, investigaciones, conceptualizaciones sobre este tema que han servido para enriquecerlo y darle una identidad al punto tal que se habla hoy del aporte del voluntariado en términos económicos, políticos y sociales y ha trascendido el ámbito religioso para posicionarse en un contexto global. Económicos, porque el voluntariado es una gran fuerza productora de bienes y servicios; Políticos, porque el voluntariado es generador de ciudadanía y  participación; Sociales, porque el voluntariado es constructor de Capital Social (ver Siete Tesis sobre el voluntariado en América Latina, Bernardo Kliksberg)

No siempre se asoció el Voluntariado a Bien Común. Hubo críticas, y las sigue habiendo, porque en algunas oportunidades el voluntariado se vinculaba más a una función acrítica socialmente hablando y asociada a un asistencialismo que no generaba crecimiento y desarrollo sino todo lo contrario. Por eso hoy se habla de que el ejercicio del voluntariado, como una expresión de participación ciudadana, debe realizarse desde el paradigma del derecho del otro, que no lo anula ni lo reemplaza, sino que actúa desde el principio de subsidiariedad.

Naciones Unidas en el año 2000 definió los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) con la meta de reducir algunos indicadores de pobreza y desigualdad para el 2015. Este año, define los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) con vistas al 2030 en un documento denominado Agenda post 2015. 

En diciembre del 2014, el Secretario General de la ONU, Ban Ki – Moon, en el informe sobre la agenda de desarrollo después del 2015, destaca el papel del voluntariado para el cumplimiento de los ODS: “Mientras procuramos crear la capacidad e impulsar la aplicación de la nueva agenda, las actividades voluntarias pueden pasar a ser otro poderoso medio para la aplicación de la agenda en distintos sectores. Las actividades voluntarias pueden contribuir a ampliar y movilizar a las sociedades y lograr la participación de las personas en la planificación y la aplicación de los objetivos de desarrollo sostenible a nivel nacional. Además, los grupos de voluntarios pueden ayudar a adaptar la nueva agenda a nivel local proporcionando nuevos espacios de interacción entre los gobiernos y las personas orientados a la adopción de medidas concretas, susceptibles de aplicarse en mayor escala.” (El camino hacia la dignidad para 2030: acabar con la pobreza y transformar vidas protegiendo el planeta, pág. 32, párr. 131).

El voluntariado ha cobrado cuerpo y status global. Cada vez son más los países que incorporan en sus legislaciones una ley nacional sobre el voluntariado.

Crecen el número de ONGs que incorporan en su cultura organizacional un mecanismo de selección de ingreso de personas que quieren ejercer su voluntariado.

Se habla hoy de profesionalización del voluntariado. Esto está vinculado totalmente al desarrollo de competencias y habilidades en las personas que son voluntarias dentro de una organización o para aquellas que quieren serlo y deben pasar por una etapa de formación previa.

Las empresas han desarrollado, dentro de sus políticas de Responsabilidad Social, programas de voluntariado corporativo, en el que invitan a sumarse a empleados en acciones de servicio e impacto en la comunidad.

Las Universidades tienen programas de extensión y/o de voluntariado universitario.

Existen sitios web que vinculan demanda de voluntarios en diferentes lugares del mundo con personas que quieren desarrollar la experiencia, ya sea virtual o presencial (idealistas.org).

Hay una inquietud y preocupación social en las generaciones jóvenes. No les resultan indiferentes las situaciones donde la dignidad de las personas y los pueblos corre riesgo. Temas como la desigualdad, la pobreza, la injusticia, el calentamiento global, el maltrato, entre otros, son razones de fondo que dan vida a movimientos sociales que, convocados por algunas ONGs o autoconvocados, buscan impactar en el cambio de políticas sociales para que sean más inclusivas.

El voluntariado no se puede enseñar, se debe vivir, experimentar, aprender. Se deben tener maestros para imitar, modelos a seguir. Estamos en tiempos donde las instituciones formativas, en los diferentes niveles, deben disponer de tiempos y contenidos de formación, curricular y no curricular, que incorporen el análisis de la realidad local y global.

Las universidades especialmente, son formadoras de profesionales que, generalmente, van a ocupar lugares de incidencia en lo público y lo privado. No debe estar ausente en su formación – y no de manera colateral – la reflexión y la práctica de que la profesión elegida sea un instrumento puesto al servicio de la construcción de la equidad en un marco de la justicia y la democracia.

La ética, en palabras de Rodolfo Lemos Morgan en su libro “Ética, Libertad e Historia”, es el saber qué hace presente lo ausente.

El mundo se vive como una aldea con una gran desigualdad. El motor, la motivación de un voluntario, es esa ética, es esa percepción de que el mundo no es como debe ser y, por lo tanto, el talento y la habilidad de cada persona deben ponerse al servicio de las fuerzas del cambio, del bien, de la paz, de la felicidad de todo el planeta.

Claro está que falta profundizar sobre las motivaciones profundas del voluntario/a. Pero, cae de sí mismo, le da sentido a su vida en la búsqueda del bien común y el impacto comunitario de sus acciones.

Formar para ser y hacer feliz, para achicar brechas, para acortar distancias…en la medida que se desarrolla la preocupación por el otro, se están consolidando los fundamentos de la paz y de la convivencia social.

El voluntariado es un camino que, quienes empiezan a transitarlo, son capaces de caminarlo durante toda su vida.

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