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by • 30 octubre, 2015 • Derecho y Política, NoticiasComments (0)1228

Fabián Calle: “La primera vuelta fue un cisne negro”

 

Fabián Calle es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Bologna y especializado en Defensa en la National Defense University-CHDS. Docente de la Universidad Siglo 21 y otras prestigiosas universidades. Conversamos con él para que nos aporte una visión informada sobre el escenario tras la primera vuelta de las elecciones nacionales del 25 de octubre y de cara al balotaje que decidirá el próximo gobierno argentino.

 

¿Cómo describirías el panorama que enfrentará el próximo gobierno?

Estamos en un cambio de época. Sin plata, mantener el Populismo se torna complicado. Los precios relativos históricos de las exportaciones de los últimos años ya no son los mismos. Ya no se reparte lo que hay y eso genera desabastecimiento, tensiones; se dispara el dólar y crece la conflictividad. El Populismo como lo conocemos ahora -no en términos despectivos, sino como noción politológica- llega a un agotamiento del cual un caso como la actual Venezuela representa una última instancia. En Argentina, este final se da de la mano de un muy probable cambio de gobierno. Moderado al inicio, para después quizás profundizarse, si hubiera ganado Scioli en esta primera vuelta. La misma presencia de una personalidad como la suya, con su historia, sus alianzas y sus preferencias, tarde o temprano hubiera marcado una diferencia con el Kirchnerismo.

¿Y con Macri que sucedería?

La diferencia sería más marcada. Macri venía con una imagen de fragilidad, porque el argentino vive con miedo del 2001. El oficialismo trabajó muy bien el comparar cualquier situación con esa crisis histórica como un punto de referencia que hace imposible hablar de nada sin que resurja el trauma.

Sin embargo, Macri reunió una masa crítica de poder antes de ganar nada. Así, tiene el apoyo de los sindicalistas más maltratados por el gobierno y, a su vez, con mayor capacidad de movilización, como los camioneros. Ahora, llega al balotaje con la provincia de Buenos Aires y Capital Federal, segundo y tercer presupuestos nacionales, además de Córdoba. Y posiblemente alcance la Nación, para sorpresa de muchos.

¿Cuál es la situación del Peronismo tras la primera vuelta?

Al Cristinismo más duro no le importaba mucho que Scioli no ganara en primera vuelta, que sufriese un poco. Su prioridad era la provincia de Buenos Aires, que necesitaba como búnker de La Cámpora y de los sectores más cercanos al oficialismo ortodoxo. Pero el Frente para la Victoria perdió la provincia por mucho, además de intendencias muy simbólicas para el Peronismo no kirchnerista, como Morón o Quilmes. Así, el escenario cambió desde un juego en el que Scioli sufría un poco a la posibilidad real de perder en noviembre.

Por otra parte, el Peronismo no acepta dos cabezas. En 1999, a Duhalde le fue mal, entre otras cosas, porque tenía a Menem agazapado. El candidato peronista históricamente hace un pacto con el votante sobre su imagen de capacidad de conducir, gobernar, ser quizás desprolijo, pero tener una línea. ¿Cuál es la línea hoy? ¿Scioli, Zannini? Pareciera que Cristina, por su misma personalidad, seguiría actuando, al menos en los primeros meses.

Paradójicamente, el no-peronismo tiene una mayor imagen de ejecutividad y de homogeneidad que el oficialismo peronista. Macri, mal o bien, es Macri. Si gana, el Peronismo entrará en crisis y buscará un nuevo liderazgo. Como sucedió en el 83 y en el 99, tardará en reestructurarse. Habrá que mirar a Randazzo, Urtubey, Massa, De la Sota. Córdoba tendrá un papel fundamental en ese escenario, y la nueva oposición la conformará quien logre tomar el control del Peronismo.

 

¿Cómo se explica que el oficialismo llegara a resultados tan distintos de los esperados?

En la campaña, Cristina hizo todo al revés. Durante las PASO, debería haber tenido un alto perfil, para aglutinar el voto oficialista alrededor de Scioli. Pero en ese momento no habló y, cuando Scioli tuvo que salir a buscar el voto no peronista y no kirchnerista, Cristina levantó el perfil. Cuando la gente empezaba a procesar que Scioli podía ser una opción un poco distinta, empezó la cadena dos veces por semana. Con Cristina sentada a su lado en los actos, Scioli quedó atrapado, sin poder salir a buscar nada, con un piso y un techo muy similares para la primera vuelta.

Por otra parte, varias situaciones previas a las PASO demostraron que algo pasaba en el oficialismo. Un elemento clave del fin de ciclo es el “No” de Randazzo. Algo imposible de imaginar tres, cuatro o cinco años atrás. Le ordenaron la Provincia, la rechazó y no sólo fue aceptado, sino que siguió como Ministro del Interior. A ello se agrega la guerra interna entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez.

Todos esos frentes de conflictividad, sumados a una billetera flaca y síntomas de un ajuste económico inminente hacen que, si bien las elecciones llegaron sin una explosión, por dentro los argentinos sepan que algo puede explotar.

¿Cómo se encara esa perspectiva para evitar una nueva crisis?

Argentina no tiene espacio para el gradualismo. No hay que pensar en el 2001, el contexto mundial es distinto. Pero sí habrá que hacer un ajuste. Hoy, los porteños pagan por luz lo mismo que en el 2003. Hubo mil por ciento de inflación en carne y leche, pero en luz, gas y agua, no. Esto se explica con subsidios por mil millones de pesos, algo creado por Duhalde como una transición para la crisis, cuando la gente no tenía para pagar las boletas. Por el mismo trauma y recuerdo de las protestas -cacerolas, piquetes- se renunció al control de la vía pública. De esta forma, cosas transitorias se transformaron en permanentes, como anomalías económicas y anomias sociales en la actualidad, y la gente se cansa.

¿La oposición encontró su figura en Macri?

Sin duda. Lo interesante es que Macri ha logrado un partido creado por él. Desde el 83, hemos tenido presidentes radicales o peronistas, sellos heredados. Macri creó un partido urbano, capitalino, “porteño”. Con toda la carga emocional negativa que puede tener eso en el interior, hoy miramos el mapa y ha ganado en Córdoba, Mendoza, Buenos Aires. Lo que sorprendió al mismo macrismo, que en sus encuestas más optimistas esperaba 7 u 8 puntos abajo. Pero Vidal ganando por 5 y la caída de municipios históricos no sólo del Peronismo, del Kirchnerismo, es un cisne negro, un escenario que nadie anticipó.

¿Qué definirá la elección?

Se repetirá quizás lo ocurrido en la primera vuelta, en la que aparecieron tres millones de personas, entre quienes no habían votado más otras que habían votado en blanco y decidieron hacerlo en positivo. Además, hubo un voto útil. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires hubo un 10% de corte de boletas, en todos los sectores sociales.

La elección no está cerrada, pero sí muy complicada para Scioli, quien puede seguir con la misma orientación (un oficialismo con signos indirectos de diferenciación que le mantiene el piso y el techo justo) o diferenciarse y perder el voto más kirchnerista.

 

¿Cómo situarías este cambio de época en el escenario internacional y latinoamericano en particular?

En primer lugar, el país va a volver al mundo. Mundo en el que, con rasgos más multipolares, Estados Unidos sigue siendo importante. El nuevo gobierno tendrá que llevarse bien con éste como con los chinos y rusos, abandonar esa versión cómica de una mini Guerra Fría.

Con la cabeza erguida, deberá negociar duro, arreglar con los fondos buitres.

Como no hay reservas, tendrá que endeudarse. Realizar un ajuste fuerte, o un ajuste moderado con deuda.

Por otro lado, en la región hay un cambio. Es probable que el próximo presidente argentino conviva con una situación muy extrema y crítica en Venezuela y que la caída de Rousseff sea un tema de su agenda, con la crisis política y económica de Brasil. Bachelet no va a caer pero terminará su mandato con muy poca popularidad. Cuba ya no será la misma, habrá que aferrase a otra mitología. Entonces, se desarma ese eje establecido que amparaba a Venezuela. La transición argentina, con cualquiera de sus candidatos como presidente, no desentonará en un escenario así.

 

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