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by • 10 octubre, 2015 • Egresados, SustentabilidadComments (0)936

Historias de Egresados: Celeste Rodríguez y su contribución a los artesanos de San Gerónimo de Santiago del Estero

La consagración del estudiante universitario en su vida académica es el Trabajo Final de Grado. Representa un desafío y una oportunidad para brindar soluciones viables a problemas reales, invitando a la reflexión sobre la realidad nuestra y del “otro” cercano para encontrar puntos en común de colaboración. Es en esta instancia en donde la teoría se convierte en acción, en un ejercicio trasgresor con la capacidad de transformar un entorno, una comunidad.

Un gran ejemplo de ello es el trabajo de Celeste Rodríguez, Diseñadora Industrial graduada de la Universidad Siglo 21, cuya investigación de campo le permitió desarrollar soluciones a un grupo de carpinteros y teleras para que pudieran perpetuar su oficio en el tiempo, así como también organizar sus procesos de producción.

En una conversación con Universidad Siglo 21, Celeste profundizó sobre su trabajo y su experiencia en el proceso de elaboración del Trabajo Final de Grado.

Para comenzar con su investigación, Celeste se centró en la Comunidad Artesanal San Gerónimo de Santiago del Estero, en donde existe un pequeño grupo de carpinteros y teleras que desarrollan distintos procesos productivos para la fabricación de muebles y telares con maderas autóctonos. El producto final se vende, luego, sobre la Ruta 9 de la Provincia de Santiago del Estero.

Su trabajo de investigación partió desde la premisa de que “muchos sectores de la sociedad quedaron desplazados a zonas marginales, alejados de las grandes ciudades y -por tanto- de los principales circuitos comerciales y económicos”, obligándolos a buscar nuevas salidas económicas y laborales abasteciéndose de lo que la naturaleza de su región les ofrecía. En este contexto, los artesanos de la zona trabajan con distintas materias primas como madera, lana, cueros o tintes naturales.

En su observación, Celeste pudo identificar algunas problemáticas en relación a los procedimientos en el proceso de producción, factibles de recibir el apoyo del diseño industrial “para obtener una mejora productiva, incrementar las ventas a través de la calidad y estética del producto”, y -en última instancia- evitar que se pierda el conocimiento de un oficio auténtico.

De esta manera, su trabajo se dividió en tres soluciones diferentes:

  1. La creación de una identidad gráfica para los artesanos bajo la marca “SACHA”, cuyo significado en quechua es “monte”. Una vez que fue definida, se creó un isologo presente en un sello de bronce que sirve para marcar con calor los muebles terminados, o bien en rodajas o láminas de madera que funcionen como etiqueta de los productos. Esto tuvo dos grandes impactos en el proceso productivo: por un lado funcionó como protector de sus diseños frente al plagio; por el otro, fomenta el reciclado de la materia prima sobrante y que se desechaba.
  2. El rediseño de una línea de muebles, manteniendo la estética artesanal y procesos productivos tradicionales. En esta instancia se aplicaron conceptos básicos de diseño y características ergonómicas para que el producto final se adapte mejor al usuario. A su vez, esto facilitó a los artesanos trabajar en conjunto los distintos oficios, logrando “una suerte de producción en cadena: el hombre realiza el armazón en madera, y en segunda instancia la mujer termina el mueble con detalles en lana”. Se comenzaron a delegar procesos de trabajo, agilizando la producción en serie y disminuyendo el margen de error.
  3. Por último, se creó un manual de producción para facilitar la transmisión del oficio a la comunidad en general. “El registro de cómo debe fabricarse cada uno de los muebles, desde la extracción y selección de materia prima, hasta el producto final terminado”, fue documentado para perpetuar y transmitir el conocimiento a través del tiempo. En palabras de Celeste, este manual “sirve como herramienta de apoyo para evitar la pérdida del oficio, con un diseño dinámico y didáctico, un extenso registro fotográfico del proceso entero, y una mirada macro y micro de éste: aspectos básicos de carpintería artesanal en general; detalles de construcción; y “secretos” propios que los artesanos de San Gerónimo fueron atesorando, conservando y aprendiendo de generación en generación”.

En un aspecto más personal, al referirse a su experiencia como tesista, Celeste Rodríguez manifestó: “A lo largo de todo mi TFG, sinceramente siento que aprendí mucho más personalmente que el aporte que puedo llegar a haber hecho. Aprendí sobre los tiempos reales de la naturaleza, sus ciclos, el sano ritmo de vida de esta comunidad, aprendí sobre el trabajo, la pasión y el oficio, el amor y el respeto por el monte y sus recursos, la bondad, la simpleza y la inconmensurable hospitalidad. Cada viaje que hice a San Gerónimo se tradujo en enseñanzas infinitas, sonrisas e incondicionalidad”.

Sin dudas, el Trabajo Final de Grado es una experiencia que transita por una ruta de doble vía, puesto que ambos actores del proceso (el investigador y su objeto/sujeto de estudio) están involucrados en el proceso y ambos se transforman a medida que se desarrolla. Es un proceso de aprendizaje arduo y que lleva tiempo, pero que posee la capacidad de promover el cambio, la sustentabilidad y la reflexión.

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