María tiene 20 años y estudia la Licenciatura en Comercialización (Marketing) en Siglo 21. Por sus raíces familiares, su vida está signada por la gastronomía. Luego de un viaje de vacaciones hace unos años, regresó a Córdoba con una meta: abrir su propio negocio de crepes.

Harina, huevos, leche y muchos ingredientes secretos. Todo lo que María necesita para cocinar una bandeja de crepes. Hace unos años en unas vacaciones en Brasil, descubrió que era muy común la venta de crepes en la playa. Para cuando regresó a Córdoba además de recuerdos del verano volvió con un sueño: abrir su propia crepería.

María Noto tiene 20 años y es estudiante de la Licenciatura en Comercialización. Desde los once años comenzó a conocer cómo funciona el mundo gastronómico y trabajó junto a su padre en el restaurante que tiene la familia en la zona noroeste de Córdoba.

“Siempre tuve la perspectiva de mirar las cosas desde el punto de vista gastronómico. Cada vez que veo un negocio, siempre miro con ojo crítico”, cuenta.

María empezó a meditar la idea de abrir su propio negocio en el mismo momento en que comenzó la universidad. El año 2015 fue una bisagra en su vida, cuando experimentó dos de las experiencias más importantes y transversales para su vida.

“Veía que en Córdoba no había lugares de crepes. Me gustó la idea de un local con un producto bien específico, diferente y con onda. Y a la vez, elegí una carrera que siempre me gustó y que después me sirvió mucho para lo que hice”, relata.

Su negocio se llama La Crepería de María. Hace un mes tiene un local agrandado en Espacio Tejeda –donde también ofrece a los clientes comida rápida y barra de tragos–, una franquicia en el shopping de Villa Allende y un food truck que pasea por distintos puntos de la ciudad para que los cordobeses puedan degustar las crepes.

“La receta la fui haciendo a prueba y error. Es muy particular y tiene secretos especiales. Pero lo que más secretos tiene para las crepes dulces es el relleno que llamamos ‘nutemaria’, es una pasta con una receta super secreta”, dice María.

En los inicios de su emprendimiento, María era una adolescente que se animó a enfrentarse al reto de tener su propio negocio.

“Me ayudaban mucho mis amigas, pero yo abría, cerraba el local, barría, hacía las crepes”, explica. Ahora tiene un equipo de trabajo y su perspectiva es seguir creciendo como empresa.

Al momento de abrir se enfrentó con la ansiedad de quien comienza algo por primera vez. “Pero confié mucho en mi idea y en lo que quería. El miedo siempre está y cuando hay miedo es porque hay algo bueno o importante que está por pasar”, dice.