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by • 11 agosto, 2015 • Educación, General, Management y EmprendedurismoComments (0)955

La hora de los Intrapreneurs

Por Andrés Pallaro. Emprendedor, Docente de Universidad siglo 21 y Especialista en Modelos de Negocios

Han pasado ya varios años del inicio del auge de la economía emprendedora, simbolizada especialmente por el concepto de “startups”, relativo a los starters o iniciadores de nuevas empresas de buen potencial. Quizás pocos fenómenos humanos han generado tanto consenso como la conveniencia de apoyar, facilitar y multiplicar el proceso de imaginación y creación de nuevas empresas para resolver problemas y necesidades de distintos mercados. El mundo entero se entregó a la máxima de que formar emprendedores para crear nuevas empresas es la mejor plataforma para el desarrollo económico en estos tiempos de aceleración tecnológica y competitiva.

 

No caben dudas que este movimiento, con mayores o menores bríos en distintos países y regiones, ha sido y es fundamental para afrontar los nuevos desafíos de la humanidad en todos los ámbitos. Las empresas existentes funcionan con cada vez menores dotaciones de empleados, trabajos humanos de larga data van cayendo en impiadosa obsolescencia engrosando los niveles de desempleo o subempleo, las personas, familias y empresas tienen nuevas necesidades de consumo que nuevos equipos creativos y audaces pueden satisfacer, los problemas de la vida en sociedad se hacen más complejos y se demandan nuevas soluciones y cambios de paradigmas. Las startups o nuevas empresas de alto potencial constituyen una de las mejores respuestas que podemos disponer para hacer frente a esos y muchos otros desafíos, encrucijadas y dificultades de nuestro tiempo.

 

Este camino se fue agudizando con el correr de los años llegando a la explosión actual del llamado “emprendedorismo”. Programas de formación y entrenamiento para emprendedores de todo tipo, duración y metodologías; proliferación de concursos y certámenes para ideas y proyectos emprendedores; creación de nuevas plataformas de apoyo como incubadoras, aceleradoras, company builders, etc; nuevas modalidades de inversión de capital de riesgo como distintas configuraciones de inversores ángeles, instrumentos más sofisticados como letras convertibles, el fenómeno del crowdfunding y la expansión del venture capital; nuevas técnicas y conocimientos de management de inicio (lean startup, business models, etc.); y muchas otras expresiones de esta economía pro startups han invadido nuestras realidades dando forma a los llamados “ecosistemas emprendedores” de cada ciudad, región y país (nucleamiento de todos los actores vinculados al desarrollo emprendedor para potenciar sus interacciones, proyectos y realizaciones) e impulsado verdaderos bacanales del show de los “estarters”. Casi como una sucesión de epifanías, todos corrimos a abrazar con entusiasmo este manantial de creación empresarial.

 

Y la verdad es que ha habido muchas victorias, si interpretamos por ellas a la cantidad y calidad de nuevas empresas que se han ido creando y expandiendo en Argentina y en la mayoría de los países de Latam y al mundo, siempre con USA, Israel y algunos otros unos pasos adelante en la magnitud de estos indicadores. Esas victorias de este proceso de expansión emprendedora nos han permitido tener por ejemplo en USA una compañía como “Solarcity”, que hace mucho más fácil y accesible proveer energía solar a miles de hogares; o desde Argentina tener a “GoIntegro”, plataforma líder para ayudar a las empresas a gestionar los beneficios y reconocimientos a sus plantillas de empleados; o desde Brasil a “Netshoes”, innovando en la venta de calzado deportivo online; o desde Chile “Algramo”, revolucionario sistema de comercialización de productos alimenticios a través de pequeños almacenes; o desde el Perú a “Astrid & Gastón”. el emblema de la cadena gastronómica que ha recreado la cocina peruana en el mundo de la mano del emprendedor Gastón Acurio. Sólo algunos ejemplos de esas victorias. Todas compañías originadas en procesos de startups que lograron crear sus productos y servicios, venderlos en los mercados, generar empleo armando equipos y gestionando con habilidad el crecimiento para llegar a las tierras de la rentabilidad. Por supuesto que hay muchas mas que replican este camino virtuoso. En la gran mayoría de las industrias y mercados.

 

Ahora bien, como quizás en todo proceso que se expande de forma muy acelerada, comienzan en algún momento a resaltar algunas luces amarillas. Básicamente en el último año comienzan a registrarse en distintos estudios e investigaciones de universidades o entidades vinculadas al emprendedorismo cierta ralentización del surgimiento de nuevas startups y un crecimiento de las tasas de mortalidad temprana de las mismas. Sin perjuicio de que la dinámica del ensayo y error tan propia del proceso de creación de empresas siempre ha entendido como razonable que la mayoría de los experimentos emprendedores nunca terminen de asentarse o bien mueran pronto, no deja de ser significativo que esas tasas se estén elevando en distintas regiones del mundo.

 

¿Qué factores principales pueden estar explicando estas alertas sobre un proceso tan noble y alabado?

 

– Hay que admitir de una vez por todas que pocos equipos emprendedores reúnen la rara mezcla de condiciones que parecen ser indispensables para sobrevivir a las etapas iniciales de la creación y llevar sus emprendimientos a la categoría de empresas sustentables a escalas mayores. Lo cual no implica que no debamos seguir predicando y trabajando para que más personas se animen a desafíos emprendedores, dado que existen otras expresiones de ello tan válidas como las startups de alto potencial (profesionales emprendedores, trabajadores autónomos, comerciantes innovadores, intraemprendedores, etc.)

 

– La economía de la gratuidad crece sin parar a partir de las nuevas tecnologías, los dinosaurios corporativos de la nueva economía digital que abusan de los productos bonificados para construir su poder y fundamentalmente del incremento incesante de la productividad que desafía la lógica misma del capitalismo (algo explicado con claridad por Jeremy Rifkin en “La Sociedad de Coste Marginal Cero”, para el que desee profundizar). Todo ello combinado eleva las dificultades para monetizar muchos productos y servicios que los emprendedores son capaces de crear.

 

– La incesante repetición de startups en las mismas industrias y mercados. Si bien el panegírico de la “diferenciación” es real y ayuda a muchos intentos de nuevas empresas a encontrar esa fórmula para hacer algo distinto de quienes ya están en el mercado, no es menos real que la mayoría no lo logra y que, a la luz de la proliferación de incubadoras y aceleradoras que necesitan llenar sus cupos, se multiplican las repeticiones de emprendimientos sin mucho sentido (Por ejemplo, cuantas aplicaciones para encontrar médicos y recibir niveles iniciales de atención de salud han surgido en Latam en los últimos años? Cientos).

 

– Las enormes y desproporcionadas apuestas por el crecimiento rápido de startups, a la luz de las ecuaciones que los inversores de capital de riesgo necesitan, que las obligan a desplegar enormes estrategias de expansión y muchas veces convierten en zombis a las que quedan atrapadas en segmentos de mercado más pequeños o nacionales. Baste decir que el “sobrecrecimiento” es una de las principales causas mundiales de mortalidad de empresas de reciente creación.

 

Es todo esto un motivo para alterar el resonante fenómeno de las startups? Yo creo que no, que siempre habrá oportunidades para crear nuevas empresas de alto potencial. Pero si considero que es motivo para entender mejor el fenómeno, evitar épicas triunfalistas y optimizar los esfuerzos de todos los actores de los ecosistemas emprendedores. Y especialmente, todo esto es para mi un motivo más que evidente de la necesidad de reflotar, jerarquizar y potenciar el rol de los intra-emprendedores de la economía.

Los “intrapreneurs” son esas personas capaces de sostener, recrear y expandir proyectos y organizaciones que otros han creado. Quizás lo que mas los distinga de los “entrepreneurs” sea que tengan una aversión al riesgo un poco mayor cuando se trata de actuar desde la nada. Pero una vez en la cancha, una vez colocados en posiciones de gestión de organizaciones existentes, son capaces de desplegar una energía creativa y eficaz para resolver los problemas que las suelen llevar a situaciones de agonía. A mi criterio, esos “intrapreneurs” son la contracara de los “gerentes” tradicionales, que al decir de Gary Hamel muchas veces se transforman en “impuestos pagados” por la necesidad de sistematizar el funcionamiento de las empresas.

 

Ha llegado la hora de poner a los intrapreneurs en el centro de la escena. Dejando el glamour o el cartel de lado, los emprendedores internos son los que harán factible que muchas más creaciones sigan existiendo no sólo por repetir a escala lo que han hecho bien desde el inicio sino por asumir el cambio y la innovación como actividad permanente para afrontar la velocidad de los mercados, ideando y ejecutando los nuevos proyectos que cada vez más se necesitan para no fenecer. Hacen falta más programas formativos, más certámenes, más inversión y más vidriera para estos actores muy lejanos a la categoría de Gerentes y de profunda naturaleza emprendedora. No tengo dudas que muchas empresas de reciente creación (y aún las mas viejitas) podrán salvarse con más y mejores intra.emprendedores.

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