Por Mgter. María Belén Mendé, Rectora de Universidad Siglo 21.

Celebrar, conmemorar, recordar, entre otros, pueden, dependiendo del contexto, momento y sentido con el que se hace, también ser sinónimo de reflexionar, re-pensar, desafiarse y cambiar.

Este 17 de mayo algunos celebran, conmemoran o simplemente recuerdan el día fijado como el nacimiento de Internet, otros sólo lo transitan como un día más. Como educadora, líder de un proyecto que trasciende y que asume el compromiso con la formación de las generaciones que ya son el futuro de nuestras naciones, hoy no fue un día que pasó desapercibido en el calendario de mi agenda. Es que la incansable búsqueda de pensar cada día cómo acercar la cultura del hoy y sobre todo del futuro a nuestros alumnos hizo inevitable la reflexión de los procesos que entendemos como la práctica de la enseñanza, y en ello se hace imposible no considerar la internet y la revolución que posibilitó su uso en la pedagogía actual.

Sabemos que la clave en educación ya no será la cantidad de conocimientos adquiridos, cada uno de nosotros hoy lleva puesto consigo en su celular el acceso a bases inagotables de información que pueden adiestrarnos en innumerables campos de la ciencia, el arte, la conducta, la tecnología, entre otros de una lista inagotable. Internet, en alguna medida, nos hizo entender que ya no es la cantidad de información que uno debe recordar el diferencial del saber, sino que la habilidad para usar ese conocimiento en pos de dar respuestas a necesidades que la sociedad plantea ha movido los desafíos.

Este proceso nos inspiró a cuestionarnos desde lo más íntimo en la labor docente, en las estructuras organizativas de las instituciones educativas, en las concepciones pedagógicas, en la necesidad de revolucionar la experiencia educativa para dar respuestas que se abren desde múltiples frentes. El mundo que nos muestra un agotamiento ambiental que preocupa, pero también la ciencia que no se cansa de buscar respuestas que los subsanen, el dolor que hoy sentimos porque sabemos del sufrimiento de otros que no tienen acceso a salud, educación, seguridad, ese mundo que nos duele porque podemos verlo, escucharlo, acercarnos no importan qué lugar ocupemos en el planeta, ese mundo que tenemos a sólo un click de distancia.

La educación ha evolucionado, internet fue un componente clave en esa evolución, se abrieron las puertas del aula al mundo y hoy podemos hablar de la educación híbrida, de la alfabetización tecnológica, de la valoración e importancia del autoaprendizaje y los procesos de autorregulación, del aula invertida, del hipertexto como recurso que abre posibilidades, de la importancia del saber buscar, pero sobre todo de poder interpretar, analizar, hacer juicio crítico, del aprendizaje colaborativo, pero colaborativo en serio, ese que conecta con el otro quien quiera que sea, porque Internet es ciega en cuanto a aspectos culturales, raciales, físicos y sexuales.

Menudo desafío se presenta al mundo educativo, repensar el aula hoy demanda un compromiso indisoluble con lo que las nuevas tecnologías proponen, no podemos continuar enseñando la cultura del ayer, no podemos detener el tiempo ni la evolución, no podemos no mirarla y mirarnos dentro de ese proceso, porque internet está, la revolución ya se dio y nos cabe a nosotros el desafío de trabajar en entornos que promuevan y mejoren las competencias de quienes se forman en nuestros claustros.

Este día entonces nos hace celebrar tal revolución, porque a medida que la ciencia avanza, que la tecnología modifica nuestras vidas, podemos también seguir construyendo entornos que faciliten el acceso a la educación, a una educación sin barreras geográficas, lingüísticas o de cualquier tipo, una real democratización educativa que promueva la formación en competencias profesionales y para la vida con calidad y conciencia social.