Sofía Contreras es egresada de Siglo 21. Estudió Relaciones Públicas. Y es una de las fundadoras de Chicas en Tecnología, una organización sin fines de lucro que busca cerrar la brecha de género en tecnología y emprendedorismo. Ahora trabaja en una aceleradora donde aplican proyectos. Cuenta que de trescientos proyectos que presentaban, solo diez tenían fundadoras que eran mujeres.

Desde hace tiempo Sofía dejó de asistir a los paneles sobre tecnología donde sólo disertan varones. Cuando le preguntamos por qué hay una brecha de género en el área tecno, ella explica que hay distintos factores que intervienen: “Más que nada es porque las chicas no consideran a las carreras o las áreas vinculadas a la tecnología en el momento en que tienen  que decidir lo que van a estudiar por estereotipos que se generan alrededor de estas carreras. Que son carreras de hombres. Que son carreras difíciles. Que tienen mucha matemática. Que son aburridas. O las mujeres no se ven identificadas porque no hay modelos a seguir ya visibilizados que muestren mujeres vinculadas a la tecnología”.

Las mujeres referentes existen pero representan un número menor en comparación con los varones y tienen poca visibilidad.

“El problema también es que los medios de comunicación transmiten como mujer modelo a seguir particularmente en Argentina un estereotipo muy vinculado a modelos y actrices. O si te muestran una mujer vinculada a la tecnología, por ejemplo en una serie o película una mujer que sea desarrolladora, la muestran como el estereotipo de “rara” o la hacen ver como rara, fuera de la norma, llena de tatuajes, de piercings, con el pelo diferente, se viste diferente, tiene hábitos raros”, dice Sofía.

Según un documento interno de la compañía HP, citado en el libro “The Confidence Code” de las investigadoras Katty Kay y Claire Shipman, ante una oferta de trabajo “los hombres se presentan cuando cumplen el 60% de los requisitos; las mujeres, solo si cumplen el 100%”.

Sofía conoce el estudio y por eso dice que las chicas tienen que animarse. Por eso, Chicas en Tecnología lanzó nuevamente Programando un Mundo Mejor (PUMM), el programa libre, gratuito y de inscripción abierta, desarrollado de manera exclusiva por la organización, que tiene como objetivo desarrollar el interés por la tecnología y formar habilidades emprendedoras en chicas de escuelas y colegios secundarios de entre 13 y 16 años, de forma práctica y con enfoque social.

“Tenemos que incentivar a las chicas desde edades tempranas a transmitir sus ideas, a no tener miedo a fracasar. Las chicas crecen, crecemos todas, pensando que tenemos que ser perfectas, que nuestra respuesta tiene que ser la mejor, que no nos tenemos que equivocar en nada. Eso es algo que te enseña la tecnología.

Para desarrollar software, por ejemplo, necesitas equivocarte porque estás probando todo el tiempo. Tenes que volver sobre lo que hiciste, borrar y seguir adelante.

Y esa es una gran forma de aprender a que cometer errores está bien y te ayuda a aprender de lo que estás haciendo” explica Sofía

Desde su lanzamiento, PUMM reunió a 75 chicas, que diseñaron 25 apps. El programa fue declarado de Interés Social por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

“Es uno de los objetivos por el que creamos chicas en tecnología, para cerrar la brecha de género en tecnología y emprendedorismo: desarrollamos un programa que rompe con todos los estereotipos que se generan alrededor de la tecnología y lo dirigimos a chicas de entre 13 y 16 años porque consideramos que es el momento en que podemos influir e incentivarlas a que elijan carreras afines”, dice Sofía.

El primer programa que hicieron fue para desarrollar aplicaciones que pretendían solucionar problemas que las chicas veían en su comunidad. Cada equipo está conformado por tres chicas, así incentivan el trabajo colectivo. También colabora un mentor o mentora en tecnología para que las ayude a pensar sus ideas y desarrollar sus aplicaciones, se suma como alguien que es parte del equipo y no como alguien que les está diciendo qué y cómo hacerlo. Terminan el programa haciendo una presentación oral donde asisten entre cuarenta y ochenta personas a escucharlas.

“Les enseñamos que ellas se pueden convertir en creadoras y no solo en consumidoras de tecnología, que la tecnología ayuda a resolver problemas sociales y que con una sola acción podes impactar en millones de personas, que los espacios de trabajo no se tornan aburridos sino flexibles e interesantes por eso nuestros programas se hacen todos en empresas de tecnología. Y las chicas terminan viendo que ellas mismas pueden crear las soluciones para los problemas que ellas ven”, explica.

Para el año 2017, Chicas en Tecnología ya lanzó la primera edición de Comunidad, el programa articulado y formal para las egresadas de Programando un Mundo Mejor (PUMM) y Clubes. Comunidad tiene con objetivo continuar vinculando a las chicas y potenciar su interés por la tecnología.

“Necesitamos que las mujeres que ya están liderando puestos o iniciativas que generan disrupciones o innovaciones desde sus áreas que también se empiecen a presentar más, que salgan a hablar sobre lo que estoy haciendo y por el otro lado las personas que están atrás de medios de comunicación y eventos hagan el esfuerzo de tener paneles equilibrados para mostrar la riqueza de las personas, no solo por el hecho de ser hombres y mujeres sino también por el hecho de tener distintas miradas. Y también hay que incitar a que cada vez más chicas desde edades tempranas se animen a acercarse”, dice.

Sofía ahora dirige, a nivel nacional, un programa para desarrollar la industria, que incentiva el fondo de inversiones en Argentina. Alentar a que las mujeres tengan cada vez más visibilidad en las áreas donde son referentes es una forma también de romper la brecha de género. La trayectoria de Sofía, egresada de Siglo 21, muestra de cuántas formas distintas es posible ser mujer. El mundo de la tecnología y el emprendedorismo también son caminos posibles.