Por Argos Rodriguez Machado, Coordinador de la Especialización en Finanzas Corporativas de Universidad Siglo 21.

En las épocas que vivimos, en que los tiempos parecen acelerarse suceso tras suceso, las tecnologías parecen dominarnos, todos los hechos de la actividad económica se suceden con dinamismo que sorprende a prácticos y académicos, que de distintas ramas del conocimiento intentan mediante complejos modelos explicar la realidad, todos confluyen en la misma conclusión: son épocas de turbulencias.

 

Así las finanzas corporativas de la mano del management pretenden colaborar en la toma de decisiones en escenarios turbulentos. Ahondando en su significado, para la Real Academia Española, turbulencia significa cualidad de turbio, confuso, desordenado, alborotado, inestable o perturbado, que es el término que se usa para caracterizar a escenarios económicos y financieros no claros o en los que se dificulta tomar decisiones.

Gran desafío por delante, para los financistas, saber cómo actuar ante la inestabilidad de las variables de la economía y cómo anticiparse o reaccionar ante la naturaleza variable de los mercados de bienes y financieros, que tras investigar incesantemente concluimos que tras ellos no hay otra cosa que otros empresarios, gente, individuos, buscando lo mismo, poder tomar decisiones razonablemente acertadas ante escenarios confusos o simplemente no claros.

Para las finanzas hablar de turbulencias es referirse básicamente a riesgos en toda su magnitud, vistos estos como un conjunto de hechos de carácter impredecible proveniente de factores complejos políticos, tecnológicos, económicos y naturales, que alteren el amenacen el orden financiero y la capacidad de generar valor para las empresas.  

Esta situación de inestabilidad, llamada turbulencia, afecta el normal desempeño de todos los involucrados con los negocios; clientes, competidores, proveedores, distribuidores e inclusive la tecnología queda incluida en el cúmulo de amenazas que pueden aparecer con las turbulencias.

Surgen cambios en preferencias de los individuos y con ello los gustos de los clientes, además de cambios en la competencia y la aparición de sustitutos, nuevas tecnologías que cambian los procesos de producción, o simplemente cambios en las reglas comerciales de cada sector.

Los primeros autores que utilizaron el concepto de turbulencia son los estudiosos del management Emery y Trist en su obra The Causal Texture of Organizational Environments, que entendían por tal a un entorno de negocios caracterizado por el dinamismo y la incertidumbre al cual llamaron turbulento. Para ellos turbulencia es la inestabilidad o tasa de cambio subyacente en todo el ambiente donde se desenvuelven las organizaciones; en un marco donde los recursos reales y financieros están sujetos a permanentes variaciones, obligando a las empresas a reaccionar intentando anticiparse.

En general diferenciamos el concepto de riesgo del de incertidumbre, teniendo en cuenta que el primero puede ser cuantificable y el segundo no, asociando la incertidumbre a la falta de información sobre las causas de la incertidumbre del entorno, lo que dificulta toda forma de predecir el impacto final de una decisión.

Para las finanzas corporativas las turbulencias se deben a problemas que se relacionan con riesgos sistemáticos o globales, todo relacionado con los factores estructurales de la economía, y fenómenos que pueden traer cambios en el poder de compra de los clientes como la inflación, los cambios de gobierno traen cambios en los ciclos económicos, incremento de la intensidad de la competencia, rivalidad por precio, el punto es la dificultad de predecir ciclos de vida de los productos y los servicios. Distintos autores coinciden en conceptualizar al riesgo sistemático como el que deriva de la incertidumbre global del mercado que afecta en mayor o menor grado a todos los activos existentes en la economía, sean estos financieros o no.

En  el contexto de las empresas, las turbulencias también se relacionan al llamado riesgo no sistemático o propio, es decir las decisiones sobre riesgos eventualmente controlables de naturaleza interna, por ejemplo qué volumen de operaciones tener, cuánto y cómo producir, cuántos empleados contratar, cuánta deuda tomar y  dentro de los factores internos que pueden contribuir a la turbulencia se encuentran las deficiencias en las habilidades del personal, tanto a nivel operativo como directivo, que se encuentra afectado por el tiempo o por cambios tecnológicos que requieran nuevos aprendizajes. Esta nueva idea invita a convivir con las turbulencias, es el momento de cambiar la mentalidad y enfrentarse a la nueva realidad, buscando lograr resultados favorables.

La teoría de la Administración encontró un paliativo al pánico que generan las turbulencias, esto es la planeación de las organizaciones donde surgió la imperiosa necesidad de asegurar un desempeño mínimo en materia números que se revela como objetivos a lograr, esto es hacer foco o hacerse fuerte en nichos de negocios donde la empresa es fuerte así evitar dispersar esfuerzos y perder recursos.

La obsesión por el control y planificación refleja a tal grado el miedo a la incertidumbre que resulta difícil detectar los talentos de los individuos para generar oportunidades económicas.  

Se  piensa que una organización con presupuestos y objetivos rígidos enfrenta mejor la contingencia que la turbulencia impone y permite alcanzar resultados financieros y económicos más altos que los logrados con sistemas más flexibles pero como contra cara de ello la planeación más flexible con menos detalle y por hechos puntuales, demuestra ser más eficiente, al tratar con hechos puntuales y no generales.

Las turbulencias como efecto colateral tienen aparejado el incremento de la centralización en el proceso de toma de decisiones, con especial énfasis en las empresas de rubros tradicionales y de estructura familiar. Así las empresas de esta naturaleza se cierran en viejas recetas que siempre funcionaron antes de la búsqueda de alternativas para enfrentar los cambios de la realidad, en ciertos casos quien conoce los principios de gestión financiera dentro de la empresa se encuentra en una posición relativamente cómoda y cualquier turbulencia que haga peligrar esta realidad produce rechazo, falta de delegación de autoridad y hasta negación de la realidad.

Y como se relacionan los hechos políticos con las turbulencias, para muchos formadores de opinión económica existe un entorno social en caos en la mayoría de los países donde existe una lucha permanente por mantener o mejorar su calidad de vida, para los cuales surgen muchas dudas sobre la capacidad y entereza de los responsables de la gestión de la economía y la gestión pública para resolver los problemas de la población, entendiendo que política y economía van por diferentes vías.

Peter Drucker en su libro “Los desafíos de la Administración en el Siglo XXI” acuño la frase “lo único permanente son los cambios”. El líder del cambio se cuestiona productos, servicios, procesos, mercados, canales, tecnología, procesos etc. Acompañando esta línea Franco Modigliani y Merton Miller, pensaban en la “Estructura Financiera Optima” que maximiza el valor de la empresa.

Una vez más nada parece ser sencillo en épocas de turbulencias, pero diferentes disciplinas nos dan el mensaje que con planificación, esfuerzo e ingenio los resultados pueden ser sorprendentes.