Por Cristina Schwander, co-fundadora de la Universidad Siglo 21 y directora de la Diplomatura en Liderazgo Coach e Inteligencia Emocional.

El mundo de las empresas y organizaciones necesita reflexionar sobre la figura de los líderes que allí se desempeñan. En una sociedad globalizada y tecnologizada, la comunicación humana, la escucha, y el respeto por el otro siguen siendo valores fundamentales en los entornos de trabajo y la productividad de las empresas.

Hacer hincapié en la importancia de las emociones, la comunicación interpersonal, y la búsqueda de la felicidad en los ámbitos de trabajo puede parecer a simple vista una proposición utópica de lo que verdaderamente sucede en muchas empresas donde se desempeñan miles de trabajadores.

El mundo de las organizaciones se vale de líderes que bajo la forma de jefes, gerentes, directores, o gestores de equipos de trabajo, imparten diariamente los lineamientos necesarios para hacer funcionar sus empresas y lograr sus propios objetivos de productividad.

En una sociedad en la que cada día media más la comunicación interpersonal a través de la tecnología, parece un viejo dilema volver a plantear la importancia de las conversaciones personales, y la comprensión de que una empresa está compuesta nada más y nada menos que por personas de carne y hueso.

Los líderes tienen una potencia de cambio enorme, pero por encima del rol que desarrollan hacia el interior de sus empresas, también son ciudadanos que generan puestos de trabajo y forman parte de la economía de los países. Los líderes no son empresarios; son ciudadanos empresarios, tienen familias, amigos, y un entorno social y económico que los contiene. También los trabajadores que se desempeñan bajo la órbita de sus empresas.

 

Una organización es una red de conversaciones

Las organizaciones son redes de personas, que coordinan acciones a través de la conversación. Todo lo hacemos conversando, sostiene el Dr. Rafael Echeverría. Al mismo tiempo, toda organización es una red nerviosa emocional.

Las emociones predisponen a la acción, de acuerdo a nuestra emoción actuamos, interpretaremos, nos involucramos.

Hoy cada vez más las organizaciones están comprendiendo estos conceptos. Y a ese aprendizaje buscamos arribar y sobre todo profundizar a partir de la formación que la Universidad brinda a los empresarios y empresarias que hoy forman parte de grandes colectivos de personal de trabajo, donde ser un líder trae de la mano algunos retos y desafíos.

Las empresas son grandes generadoras de riqueza en los países, y es válido repensar desde dónde y cómo alcanzan sus objetivos. Está demostrado que la eficiencia en el interior de las organizaciones genera buenos resultados y elevados índices de productividad. No escapa de este asunto cuál es el desempeño particular de los líderes y cómo trabajan con su gente.

 

Ser un líder coach

Hoy los líderes deben ser motivadores, inspiradores, íntegros, sin necesidad de dejar de ser, por supuesto, estrategas marcando rumbos. La inteligencia lógica, el conocimiento meramente informativo, no alcanza. Se requieren cada vez más habilidades como la empatía, la motivación, la gestión del conflicto y la asertividad, entre otras competencias.

La inteligencia emocional y el trabajo y reconocimiento de las emociones, generan nuevos modos de habitar lo cotidiano bajo nuevas filosofías de vida.

Se torna necesario dejar de ser un gerente que sólo da órdenes, para ser un líder inspiracional, que reconoce a los otros que lo rodean.

No se trata de abordar el tema bajo una perspectiva “light”, sino a través de una metodología humana que genere eficiencia y productividad en las organizaciones procurando el bienestar de los empleados, la transparencia y crecimiento. Los líderes son quienes empoderan a su gente, reconocen sus propias capacidades y también la de los otros, sin dejar de marcar el rumbo.

A los jóvenes ya no les alcanza con tener un sueldo, una casa y una tarjeta de crédito. Existe una búsqueda constante de felicidad y bienestar, y el deseo de sentir que se desarrollan en un lugar donde vale la pena estar.

“Hoy hay un cambio de paradigma en el mundo empresario. Se torna importante que el líder tenga actitudes pero también aptitudes. Todos estamos constituidos de cuerpo, mente y emociones, y en la medida de que las empresas no tomen al ser humano como tal, no podemos llegar a puntos de negociaciones importantes”, plantea Claudia Santillán, coach de la Diplomatura en Liderazgo Coach e Inteligencia Emocional de Siglo 21 y Gerente General de la empresa ABC.

“Somos agentes conversacionales, y es a partir de la escucha que nos entendemos y llegamos a acuerdos. Esto es un valor fundamental para las empresas, y comprenderlo se torna enriquecedor porque se trata de aprender a ponernos en los zapatos del otro”, agrega.

Otros líderes empresarios nos compartieron su mirada. Alejandro Romano Rusiñol, Co Fundador de la empresa Dixtron y Javier Molina, Socio y Director Comercial de Meditel, son empresarios que como tantos otros eligieron formarse en esta disciplina y hoy nos pueden contar sus experiencias.

Alejandro Romano nos cuenta: “Cursar la diplomatura me hizo reflexionar sobre el poder de la conversación y del valor de las emociones dentro de las empresas. Desarrollé habilidades que no tenía y que no son naturales en mí, y que hoy puedo integrarlas como líder”.

Javier Molina dice: “Pasé del escepticismo a un cambio de visión sobre las cosas, tanto en el ámbito de mi familia como en el trabajo. Creo que aprendí a ponerme en el lugar de los otros y mirar las situaciones y personas sin prejuicios. Es importante tener una escucha activa, intentando manejar cierta forma de presión y comando hacia las demás personas. Entrar descalzo a una clase de la diplomatura parece un juego pero no lo es; genera un cambio muy fuerte y tiene que ver con el reconocimiento de uno mismo, de lo humano y del otro”.