Por Fabiana Renault. Directora de Crea 21 | Diplomatura en Creatividad e Innovación de la Universidad Siglo 21.

Desde niños se nos enseña que no hay que equivocarse. Siempre, los alumnos más queridos por las “Seños” eran los que estudiaban mucho, respondían bien las preguntas de las pruebas y tenían buenas notas.

Equivocarse siempre fue pecado. Hasta ahora. Hasta que se hizo público que Einstein, Walt Disney, Pablo Picasso, Leonardo Da Vinci y otros cientos de genios habían sido pésimos alumnos. Y entonces se abrieron nuevas reglas del juego.

En 2012 y como idea impulsada por cinco colegas mexicanos, nace FUCK UP NIGHTS, un evento en el que grandes exitosos suben al escenario a contar los tremendos fracasos que han vivido. El movimiento no tardó en crecer y en 2015 Fuck up Nights había estado ya en 100 ciudades del mundo.

Pareciera que la Cultura del éxito de los 90, deja paso a la cultura de la imperfección. El reconocido portal de tendencias “Trendwatching” publicó a fines de 2015 su inspiradora Tendencia “Transparency Triumph”, donde vemos cómo la gente valida el error e incluso lo celebra; cómo los consumidores quieren que las marcas les confiesen que han fracasado. (¡Cómo quisiéramos los ciudadanos que los políticos también confesaran sus errores!)

Hace unas semanas, en mi “book hunting” mensual para actualizar contenidos de clase, me crucé con un nuevo libro de la grosa de Keri Smith, autora del archi best seller “Destruye este diario”. La nueva obra “La Sociedad errante” propone liberar la creatividad a partir del error; ya se han vendido más de 200.000 ejemplares en España.

Es simple: cuando es asumido, cuando le perdemos el miedo (y hasta el respeto) el error es el jamón del medio del aprendizaje. Cuando lo vemos desde el vaso medio vacío, desde la mirada victimizada de “todo me sale mal”, desde la autoexigencia propia del capitalismo exitista, el error es paralizante.

El acierto puede ser casual, el gol de media cancha, es producto de la práctica, es verdad… pero en muchas muchas ocasiones, es el resultado de un azar que juega a favor. Como sea, nos dará alegría, amigos, admiradores, asados y hurras… pero no necesariamente nos habrá aportado aprendizaje.

En cambio el error, siempre será más generoso.

Equivocarnos nos hará revisar, porque equivocarnos nos impulsará a intentarlo de nuevo, pero de otra manera.

Y ese, es el principio de la INNOVACIÓN: Encontrar soluciones diferentes a los problemas de siempre.

Imagino un mundo en donde el CEO reúna a los colaboradores que más se han equivocado, para que den el ejemplo al resto de la compañía y entre ellos reparta los bonos. Imagino un mundo donde más que un Great Place to Work, los talentos elijan ser parte de las empresas Great Place to Fail.

Imagino un mundo donde la INNOVACIÓN sea la excusa para aceptarnos como seres humanos imperfectos y valoremos eso en lo que la tecnología jamás podrá superarnos: la capacidad de equivocarnos.