Por Mgter. Jaime Rodríguez Alba. Director la Licenciatura en Administración Pública y de la Tecnicatura Universitaria en Administración y Gestión de Políticas Públicas de la Universidad Siglo 21.

El Ministerio de Modernización, encabezado por Andrés Ibarra, anunció hace un par de días en el diario La Nación la profesionalización de los empleados públicos.

Esta es una medida para celebrar, ya que está en sintonía con las prácticas relativas a la gestión y administración pública de estos tiempos. Más allá de los coyunturales méritos políticos, es una línea fundamental de trabajo en las administraciones públicas latinoamericanas, y en las administraciones mundiales, como se puede apreciar en los países europeos.

Por lo tanto, se trata de reformas que vienen para quedarse, y más allá del ocasional juicio político al respecto, así como de los distintos vaivenes a los que estén sometidas en su implementación, es una apuesta por la consolidación del servicio público de calidad que vienen incentivando diversos organismos internacionales.

Casi de modo automático, la palabra “administración pública” se equipara con corrupción e ineficiencia, pero este juicio, como cualquier otro, supone una generalización con la que es preciso tener cuidado.

En el servicio público hay personas bien implicadas y profesionales. Por desgracia su trabajo queda muchas veces eclipsado.

Sí es importante rescatar un concepto que nos despiertan las recientes medidas del Ministerio: las disposiciones de los servidores públicos para la buena administración y el buen gobierno se generan por una estructura de selección, capacitación y promoción adecuada. A las medidas que caminan en esta dirección se les denominan “profesionalización de la función pública”. Y está suficientemente comprobado por diversas investigaciones empíricas que a mayor profesionalización del servicio público, menor corrupción y mayor eficiencia.

Profesionalizar no es excluir a nadie, sino capacitar y generar también sistemas de incentivo.

Experiencias de gestión de personal y evaluación de desempeño chilenas, que se presentaron en el congreso del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD) celebrado en Santiago de Chile en noviembre de 2016, muestran que hace falta una suerte de reflexividad para alcanzar una administración inteligente: si comprendemos en qué no somos excelentes, podremos caminar hacia la excelencia. Un punto a tener en cuenta que estas experiencias se realizaron en administraciones públicas del más variado sesgo político: conservadoras, progresistas, populistas, liberales, de izquierdas y de derechas.

La profesionalización es un bien común para el Estado, por eso ha de volverse más exigente. La propuesta del Ministerio de Modernización pretende capacitar, mediante los sistemas instaurados en el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP) a todos los trabajadores de la administración pública central. Esto en lo inmediato.

También se generará una Universidad Virtual para los servidores públicos y se va a fomentar la formación profesional de los mandos medios (directores y coordinadores), que son quienes gozan de mayor estabilidad. La apuesta es que el servidor público no pierda sus ganas de desarrollarse profesionalmente, de disfrutar con la creatividad e innovación. Que exista una auténtica carrera en el servicio público.

Con una buena administración, más un buen gobierno y conciencia cívica es posible que las sociedades aumenten su bienestar social. Esta ecuación está comprobada por diversas prácticas y evaluada por diversos estudios a nivel internacional.

Pensando en una auténtica modernización, Siglo 21 tiene dos titulaciones de Administración Pública, la Tecnicatura y la Licenciatura, que son un aporte para la profesionalización del estado. No sólo porque incorporan elementos vinculados a las nuevas tendencias mundiales en gestión y administración pública (gobierno abierto, administración relacional, open data,) aportan los elementos esenciales de la técnica de administración y gestión pública (gestión presupuestaria, procedimientos administrativos, diseño y evaluación de políticas públicas, etc.), sino porque en el espíritu de su diseño y ejecución tiene una profunda voluntad de servicio.