Por Marcela Agustina Ibañez. Docente de Martillero y Corredor Público e Inmobiliario en la Universidad Siglo 21.

Ni la subasta, una antigua modalidad comercial que se practica desde hace miles de años, pudo resistir el impacto de las nuevas tecnologías. Hoy “el mejor postor” ya no se encuentra en el mismo espacio físico que el resto de los compradores, y ni siquiera del producto o bien en cuestión. Claro está que fue internet el principal responsable de los cambios más importantes en el comercio “a viva voz”.

Esta actividad comercial comenzó a utilizarse en el Impero Romano, de donde surge su denominación a raíz de la simbología que se evidenciaba en el acto de la venta al clavar una lanza o asta en un lugar público, con un pregonero que anunciaba y adjudicaba bienes y mercaderías al mejor postor. Las conquistas romanas sobre otros territorios contribuyeron a que la dinámica comercial en cuestión se dispersara de manera inmediata, ya que los romanos, luego del triunfo, comercializaban el botín de guerra inmediatamente.

Así llegaron a Latinoamérica. Fueron los españoles los encargados de traer al continente “las subastas a ala romana”, es decir “a viva voz, y al mejor postor”. El rasgo particular de España es que imponían la presencia de un funcionario público o juez, y además la designación de la venta pública a viva voz viró de denominación hacia “almoneda”, una expresión que nace luego de la invasión musulmana en el país. También, utilizaban la expresión “remate”, asociando como la actividad puntual del rematador, la venta de mercaderías en los puertos y la adjudicación de ciertos cargos o funciones públicas en las colonias.

Con el paso del tiempo, esta actividad comercial continúo sufriendo modificaciones. Por ejemplo, los ingleses introducen en América, un golpe de martillo para efectuar  la adjudicación de los bienes y mercaderías de remate. De ahí proviene la expresión “martillero”, que comenzó a utilizarse por el 1800. La imagen repetida de estos comerciantes en la forma de venta pública a viva voz, más los carteles que identificaban a sus establecimientos como “casa de martillo”, hizo que la palabra se instalará como parte de los usos y costumbres.

Si bien lo anterior es una resumida síntesis de la historia de esta modalidad comercial, queda reflejado como los avances tecnológicos de cada época empleados para la venta en subasta va modificando el modo de llevarla adelante, pero sin cambiar la esencia sustancial que impone la presencia física del martillero.

En la actualidad, las nuevas tecnologías, principalmente los avances que introdujo internet, brindan ventajas significativas para la comercialización de bienes y servicios: los protagonistas de la actividad comercial están conectados online, sin límites en razón de tiempo y espacio, donde se sostiene una fluida información y participación. Se trata de innovadoras vinculaciones comerciales con amplias posibilidades de concretar negocios.

Entonces, si bien la tecnología ha impactado directamente sobre la función propia de los martilleros, es también la que ha permitido a los profesionales del compra y venta a viva voz, desarrollar aristas paralelas de su oficio, como el marketing, networking y branding, todas modalidades que contribuyen al  posicionamiento y éxito de su buen nombre en el mercado de comercialización de bienes por medio de la subasta.