Por Marina Fausti. Decana de Ciencias de Administración y Management de la Universidad Siglo 21.

La conciencia sobre los impactos económicos, sociales y ambientales de las actividades humanas es una dimensión instalada en la vida de las personas. Las interacciones con el medio por parte de individuos y empresas se encuentran marcadas por la constante reflexión sobre sus consecuencias. Por lo tanto, cualquiera sea el rubro de una empresa, cualquiera sea su tamaño, es reconocida la necesidad de incorporar una mirada amplia de su impacto en el mercado. Las organizaciones están migrando a gestiones sostenibles. ¿Están nuestros líderes, managers o gerentes, preparados para abordar la sostenibilidad en sus espacios de trabajo?

Responsabilidad es lo contrario de neutralidad. La sostenibilidad, para la empresa, implica comprenderla como un actor partícipe y transformador de su medio. A su vez, el papel de la empresa en la sociedad va más allá de los productos y servicios que ofrece. Su propia forma incide en el modelo social. Según García (1982): “No puede negarle nadie a la empresa, además de su dimensión socio técnica y económica, una seria influencia en el modelo de sociedad en la que quiere vivir y desarrollar”. Es así que la empresa no se limita a incidir sobre su entorno mediante prestaciones y usufructos, sino que la estructura empresarial, sus distribuciones de poder y su evolución, inciden de manera compleja en la misma estructura social de su época.

Distintos actores ejercen presión para que las empresas sean cada vez más sostenibles. Los gobiernos, las bolsas, los mercados, los inversores y grupos de interés, a través de disposiciones y reglamentaciones formales, o por reglas no escritas, empujan a transformaciones profundas en las maneras en que éstas se relacionan con el tejido social que las acoje. Pero, sobre todo, esta demanda se encuentra en las personas que forman parte, interactúan o simplemente comparten un mismo espacio con la organización. Se evidencia en el comportamiento de la generación que empezó a ocupar cargos directivos, los millennials, así como en un público masivo de nativos digitales que se distingue por su valoración de las empresas en nuevas dimensiones. Los jóvenes están eligiendo con una mirada integral y con conciencia ética, posicionados desde los distintos roles que les toque asumir; sea como consumidores, potenciales empleados, proveedores, o simplemente como ciudadanos.

En muchos de los casos, gestionar y reportar la sostenibilidad de una organización es convertir lo abstracto en tangible.

Muchas empresas tienen ya políticas sostenibles diseminadas y desconectadas entre sí. En otras, es necesario comenzar por concientizar sobre la importancia del tema y mostrar cómo la organización gestiona sus diferentes áreas de impacto, económicas, ambientales y sociales. De una u otra manera, se trata de garantizar y comunicar un compromiso de la organización con el medio en que actúa.

Partiendo del hecho de que las organizaciones son dirigidas por personas -que, como tales, tienen la capacidad para distinguir si su accionar beneficia o perjudica al otro y al entorno- el principio de que aquellas deben actuar según un comportamiento sostenible debería resultar en una conclusión sencilla, lógica y hasta natural. Cuidar el medio y las condiciones para una vida deseable remite a la estructura más esencial del ser humano, a su conciencia sobre lo que está bien y lo que está mal. Es por ello que hablar sobre la necesidad de que las organizaciones actúen de manera sostenible debería apelar a nuestra misma naturaleza como sujetos éticos.

Sin embargo, la sostenibilidad muchas veces se presenta como reñida con mediciones tradicionales de la performance de los proyectos económicos, con criterios como rentabilidad, eficiencia o retorno de la inversión. Antes que ese constante tira y afloje de una relación dificultosa, hoy se requiere saber gestionar el vínculo entre sostenibilidad y negocio como una posibilidad real y nuclear en la empresa. Para ello, son necesarios datos orientadores, según criterios adecuados que midan la sostenibilidad en sus múltiples y propias variables.

Afortunadamente, se ha avanzado mucho en los últimos años, hoy existen diversos modelos metodológicos para medir resultados (OIT Eurostat, Ethos, IARSE, GRI, etc.) con parámetros diferentes a la rentabilidad y la eficiencia. En países donde la sostenibilidad es una variable consolidada en la empresa, hay herramientas disponibles que facilitan la medición de los impactos y colaboran en la gestión de la responsabilidad social. Entre ellas, las memorias de sostenibilidad GRI4 (Global Reporting Initiative), con formato de reporte, establecen indicadores y métodos para medir la gestión y el desempeño de una organización en los distintos aspectos de la materia; se presentan como una opción que ha crecido hasta convertirse en estándar internacional. Tal como se menciona en el artículo de Carlos Zambrano (2014) “GRI G4. Una forma coherente de mostrar la sostenibilidad con hechos, no con discursos”:

Hoy en día, el tema de la sostenibilidad y la responsabilidad social corporativa es parte de la agenda comunicativa de cualquier organización.

Y lo que comenzó como un discurso, en donde cada organización informaba lo que a bien consideraba, dio paso a lo que hoy en día se conoce como los reportes de sostenibilidad, documentos publicados por las compañías y organizaciones sobre los impactos económicos, sociales y ambientales causados por sus actividades diarias. Para organizar ese maremágnum, existe una metodología universalmente aceptada que es el GRI.

Zambrano explica que el GRI fue concebido como un sistema de medición voluntario de las empresas para evaluar su conducta ambiental, teniendo en cuenta fundamentalmente a los inversionistas. Luego, los informes se ampliaron hacia aspectos económicos, sociales y de gobierno corporativo. En 2006, su adopción se convirtió en un estándar global, especialmente para organizaciones que pertenecen al Pacto Global de Naciones Unidas y a los países miembros de la OCDE. En 2011, las guías empezaron a incluir aspectos de género, comunidades y derechos humanos. Finamente, el GRI G4 de 2013 constituye un marco de reporte que incorpora el impacto de la organización en toda la cadena de valor, incluyendo proveedores, clientes y consumidores. Su metodología se ha vuelto estándar para empresas y organizaciones de todos los tamaños en el mundo.

No cabe duda que los reportes de sostenibilidad serán, cada vez más, los informes validados para evaluar las organizaciones. Completarlos supone una conciencia y un proceder de toda la estructura empresarial, que impliquen compromiso genuino con la responsabilidad social. Desde la cúpula, los directores, hasta el más reciente de los empleados. En un reporte de este tipo, la empresa tiene la oportunidad de contar su versión y hacerla pública. Más allá de informar, es una manera de dar cuenta de sus actividades a la sociedad de la que forma parte, así como una valiosa herramienta de auto-análisis. De allí que la transparencia es vital, ya que la posible utilización para otros fines, como posicionamiento o imagen sin bases reales, sólo se volverá contraproducente para la percepción de la sociedad sobre la compañía. Hay muchos ejemplos de este tipo de conductas y sus costos de condena social.

Reportar sostenibilidad es un desafío para las organizaciones, porque amplía el foco de atención sobre la medida de sus éxitos más allá de las variables económicas. Hasta ahora, la rentabilidad era el indicador. Hoy, es la generación de valor. Líderes consustanciados y preparados para gestionar la sostenibilidad son aquellos que han internalizado este cambio de foco y conocen las herramientas, en actualización constante, y metodologías de análisis que les servirán de apoyo. Sobre todo, los líderes para la sostenibilidad comprenden que ésta termina incidiendo en la estrategia y atañe directamente a los valores de la organización, trasunta la cultura y requiere el involucramiento de todos los niveles, de todos los procesos.

 

Referencias:

García Echevarría, S. (1982): Responsabilidad social y balance social de la empresa. Madrid: Mapfre.

Zambrano, Carlos (2014): GRI G4. Una forma coherente de mostrar la sostenibilidad con hechos, no con discursos, en El espectador, 5 de mayo de 2014.