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Mil Grullas y una Taza de Té

by • 14 julio, 2016 • Diseño y Moda, General, Management y EmprendedurismoComments (0)3707

Mil grullas y una taza de té: la instalación de una marca y un hábito

La casa de té ubicada en el corazón del Paseo de Güemes fue el sueño de un publicista que se animó a apostar a su propio emprendimiento. Una ruta de aprendizaje a lo largo de muchos años de trabajo.

Desde hace un tiempo, Duilio Di Bella supo lo que quería hacer. Motivado por la sensación agradable y placentera que le habían producido algunas visitas a casas de té en sus viajes por el mundo, su sueño fue inventar su propia marca. Pero no la marca de un té, sino la marca de la experiencia del aroma, el color y la relajación en el día de una persona que involucra sentarse a tomar una taza de esta infusión.

Di Bella fue mentor de la Licenciatura en Publicidad de la Universidad Siglo 21. También en Güemes montó su propia agencia de publicidad, y fue director general de la agencia Romero Victorica.

Su vida personal y profesional tomó el rumbo esperado cuando creó su propio emprendimiento: “Mil Grullas y una taza de té”. El sitio se encuentra en la calle Belgrano, la principal dentro del Paseo de Güemes, también conocido como “Paseo de las Artes”.

El dueño de la casa de té dictó un Workshop a los estudiantes de la Universidad, futuros publicistas y Diseñadores Gráficos y les permitió adueñarse de la marca por un rato.

 

Los primeros pasos

Di Bella recuerda cómo era barrio al momento de instalar su proyecto. Con excepción del Paseo de las Artes, La Nieta de la Pancha, La Ochava y el Arrabal, en la zona no había más nada. Su emprendimiento, que hoy consta de una casa de té y una tienda de té, fue la apuesta a un proyecto novedoso para los cordobeses, al tratarse el té de una infusión generalmente vinculada a ciertos estratos sociales.

“En ese momento nadie vendía té. Me recomendaban que abriera el local en el Cerro, porque se consideraba un producto de elite y de cierta clase social, pero yo no quería”, recuerda.

El nombre “Mil grullas” nace de la antigua leyenda japonesa, que dice que la persona que haga mil grullas de papel por día recibirá un deseo de parte de una grulla. Sobre esta leyenda se han escrito mitos y cuentos, que tienen que ver con el poder de las grullas como un símbolo de paz. De allí surgió el nombre de su marca, cuenta el publicista.

“Una buena historia tiene que tener mucho amor, grullas y también dinero”, expresa. Di Bella trabajó durante años en la publicidad, y desde sus inicios en el sector comenzó a percibir cierto cambio de las marcas en la forma de comunicar y vincularse con la gente. “Hoy el cambio es más grande”, afirma. En Mil Grullas se busca un acercamiento con las personas, incluso las que no saben de té e ingresan a la tienda por primera vez. “Les pedimos que entren, que huelan los aromas, que conozcan”, explica.

Su emprendimiento fue como una “road movie”. “Acá hay mucho viaje”, asegura. Desde joven Di Bella viajó por el mundo y conoció distintas casas de té, una costumbre que hace algunos años no estaba tan instalada en Argentina.

 

Ser el director de una marca

Para Di Bella lo interesante de haber sido el propio director de su marca fue encaminarse hacia su emprendimiento siendo su propio marcapasos. “Uno está dispuesto a sacrificar lo que sea y no tiene que lidiar con determinadas cosas”, explica. Y asegura que cada una de las decisiones implica un análisis, un riesgo y un desafío.

“Hay cosas que hoy parecen simples pero en aquel momento no lo eran. Como la decisión de vender el té en lata, eso iba a implicar un costo”, reflexiona.

La evolución de ciertos lugares del sector de la gastronomía en Córdoba, como el crecimiento del Paseo de Güemes, implicó la generación de cierta competencia para Mil Grullas. En este punto Di Bello considera haber sido una marca fundacional en el consumo de té.

“Las marcas tienen ciclos de crecimiento. Quizás hoy estaríamos entrando en una meseta que no está mal si uno la sabe llevar. Frente a esto es importante saber gestionar el propio espacio”, indica.

 

No se vende un objeto, se vende una experiencia

Quizás esa fue la clave que hoy representa a Mil Grullas. Di Bello asegura que lo que él ofrece a las personas que se acercan a Güemes a tomar una taza de té es una experiencia agradable que provoque bienestar. “Yo no vendo té, y pensarlo así es central para la estrategia de una marca”.

En esta filosofía se enmarca el diseño del packaging que involucra latas de colores, cajas diseñadas a medida, al igual que las bolsas.

Hoy Mil Grullas y una taza de té recibe a un público diverso, en la rama etaria de los 20 a los 50 años, que “se han convertido en amantes del té”.

“Yo no sabía todo esto hace siete años atrás. Lo que sabía era que quería compartir la experiencia que yo mismo sentía cuando entraba a una casa de té: la diversidad de olores, la posibilidad del cambio del estado de ánimo, lo que significa el té”, reflexiona.

 

 

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