*Por Lic. Miguel Magnasco. Docente de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad Siglo 21.

Hay personas a las que les resulta extraño o al menos difícil entender cuando un periodista habla de economía. En este texto quiero contarles porque es importante que los comunicadores nos involucremos en disciplinas que, en teoría, no pertenecen a nuestra área específica.

Siempre que uno habla de economía aparece un mito que reza “esto sólo trata de números”. Esa afirmación es falsa o por lo menos imprecisa. No por quitar importancia al aspecto matemático o estadístico inherente a la economía, sino para ser más rigurosos: con los números solos no alcanza.

Lo que es importante destacar es que esta disciplina, como área de conocimiento, es una Ciencia Social.

Esto implica, principalmente, que para comprender tanto fenómenos macro como micro económicos (aquellos que nos afectan diariamente) es importante tomar en cuenta la interdisciplinariedad de la que se nutre y se compone la misma. Debemos tener en cuenta la Historia, Sociología, Antropología y Psicología Social, como ramas del conocimiento que no sólo aportan sino que sostienen el desarrollo de la economía en tanto ciencia, fundamentalmente humanista.

Por ejemplo, si no se ha observado los efectos del Pacto de Versalles y la etapa posterior a la Primera Guerra Mundial en Europa, es difícil comprender el proceso de deflación (caída abrupta de precios) en la Alemania de la década del 30´. Lo mismo ocurre cuando uno intenta explicar el bajísimo nivel de consumo privado o las altas tasas de ahorro personal que tienen los japoneses, sin hacer referencia a las graves crisis que azotó dicho país en el año 90´y principios del 2000. ¿Puede una fórmula matemática explicar por sí misma las múltiples causas y consecuencias del “corralito” de 2001 en Argentina? Claro que no.

Muchas fórmulas econométricas de la teoría económica no pueden ser aplicadas en abstracto para que un lector pueda comprender de qué estamos hablando con tan sólo mencionar un cuadrado numérico de tasas estadísticas.

La inflación, las subas del dólar, el consumo, la actividad industrial, los números, involucran e interpelan a personas de carne y hueso: gente que va al supermercado, que hace compras en verdulerías de barrio, en almacenes, empresarios, productores, y comerciantes.

La economía de nuestro país es más sencilla de lo que suele aparentar. Aparece como algo complejo cuando aquel que la está explicando no hace un esfuerzo por volverla comprensible. Muchos comunicadores que hablan sobre estos temas prefieren marcar una impronta tecnicista alejada del lenguaje masivo, para resguardar su lugar de expertos. Nos preguntamos entonces, ¿Cuál es el objetivo cuando uno comunica?

Entendemos que la tarea principal de un periodista es ayudar a la población a comprender mejor qué está ocurriendo para que cada actor social pueda, al sentirse interpelado o al menos informado, tomar decisiones que lo empoderen dentro de un mundo plural, democrático y cada vez más cambiante. Para ello es preciso y urgente un periodismo sin egos ni ambigüedades. Un periodismo que nos ayude a pensar y observar la multiplicidad de variables de las cuales está compuesto nuestro siglo 21.

Esto significa un gran desafío para el periodista actual: la necesidad no sólo de estar informado sobre los temas en cuestión, sino que además tiene que conocer quién es el destinatario de mis expresiones: ¿quién es aquél que me está leyendo/escuchando/viendo?

El lector/espectador/consumidor de medios de hoy no es un recipiente vacío al que hay que llenar de contenido. Si algo han dejado en claro la nuevas tecnologías, es que los destinatarios contemporáneos son sujetos que pueden cotejar, contrastar validar y cuestionar la palabra del otro.

Es por esto que sostenemos que la Economía no es un mundo cerrado al que sólo acceden los especialistas. Un periodista interesado en su destinatario tiene el deber de informar con precisión, calidad, pero también con la calidez necesaria que las palabras y la sensibilidad proveen para transmitir conocimientos que ayuden a habitar un mundo más justo e igualitario. Un mundo en donde “los diversos públicos” puedan valerse de la información como servicio y como manera de interpelar una realidad susceptible de ser modificada incansablemente.