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Programa de Competencias para la Inclusión Social y Laboral

by • 1 diciembre, 2016 • Derecho y Política, Destacados, SustentabilidadComments (0)3677

Nadie lucha por un derecho que no conoce

Entrevista a Patricia Freytes Santamarina. Abogada y auxiliar colaboradora del Ministerio Público de la Defensa de Córdoba.

Antes las personas con discapacidad eran objeto de protección y hoy son sujetos derechos. Antes muchas personas eran internadas, o se quedaban en sus casas y hoy hemos aprendido que estimulándolos tienen capacidad para aprender.

“La última reforma del Código Civil reemplazó algunos términos que se referían a las personas con discapacidad: ya dejan de ser tratados como “el insano, el loco, el demente”. Hoy las llamadas declaraciones de incapacidad se conocen como “limitaciones de la capacidad”. Esto implica que el juez debe aclarar cuáles son las capacidades conservadas de la persona”. Quien habla es Patricia Freytes Santamarina, miembro del Ministerio Público de la Defensa de Córdoba.

En general en la Justicia, nadie les consulta a las personas con discapacidad qué quieren hacer. Pero ahora cada vez más se está tratando de darles participación.

El caso más ejemplificador salió hace poco: un juez, en la sentencia, le habla a la persona a la que le limita la capacidad y le explica qué cosa puede comprar, en qué puede gastar. En la primera parte del texto hay un vocabulario jurídico y en la última parte le dice: “Pablo te quiero decir que de ahora en adelante vos podés gastar el monto de tu pensión, tenés que saber que cada tres meses debés ir al médico…”.

Patricia Freytes Santamarina es secretaria de las Asesorías Letradas Civiles y Comerciales del Poder Judicial y está en contacto cotidiano con personas con discapacidad. Cuenta que a veces llega una persona declarada incapaz con su curador y solicita que se lo cambien porque le roba la plata o no la deja salir y hacer una vida común. “Nosotros hacemos una audiencia y ellos son parte de la causa y pueden tener un abogado. Antes no pasaba. El juez tiene la obligación de escucharlo y hacer entrevistas, las que sean necesarias para determinar su incapacidad”

¿Cómo te acercaste a los derechos de las personas con discapacidad?

Antes de ser abogada era fisioterapeuta. El tema de la discapacidad lo conozco desde el ángulo médico, de la parte motriz. Después quise ser abogada por este tema de las personas con discapacidad. En la mitad de carrera de abogada, nació mi hijo, que tiene una discapacidad. Yo formo parte de la Mesa de Trabajo en Discapacidad y Derechos Humanos de Córdoba, donde hay muchas instituciones y cada uno desde su área colabora.

¿Cómo tienen que hacer para reclamar por sus derechos?

Primero, conocer. Los derechos no son otros que los que tenemos todas las personas. Hay que concurrir a lugares para ser asesorados sobre los derechos que les corresponden. Y en Córdoba hay muchos lugares. La Comisión Nacional Asesora para la Integración de Personas con Discapacidad tiene sede en Córdoba, y hay asesorías civiles de la Provincia sin costo. Incluso hay organismos que asesoran para el acceso a la justicia.

Lo importante es tomar conciencia de la condición de igualdad. Fortalecer la idea de autonomía, para que conozcan sus derechos y los ejerzan por sí mismos.

Otra persona que puede encargarse de su tratamiento es su fisiatra: ve las necesidades sociales y educativas. Ve a la persona en forma integral.

¿Por qué es importante el Certificado Único de Discapacidad?

El certificado es el que te permite una cobertura total en una obra social, transporte gratis, y ahora el acompañamiento terapéutico es la lucha que se está llevando adelante con las obras sociales, mediante amparos.

El certificado te da varias prerrogativas. Vos tenés la discapacidad pero no tenés que mostrarla todo el tiempo. Un cambio muy importante, con la Ley de Salud Mental, es que antes el certificado tenía un diagnostico etiológico y funcional. Una persona con síndrome de down, era el etiológico, pero su discapacidad es retraso mental. Hoy en día ha desaparecido consignar el diagnóstico etiológico: solo se pone en el funcional, en este caso, un retraso.

El avance es dejar atrás el estigma, el estampillado, rotulado de la persona. De a poco va a ir cambiando, gracias a los organismos de Derechos Humanos. Se va trabajando mucho en redes y es más fácil.

Participación política y ciudadana

Patricia tiene un hijo de 22 años con un retraso mental. Hizo toda su escolaridad en escuelas comunes, con maestros integradores. Y luego surgió la posibilidad de acceder a un nivel terciario: el Programa de Competencias para la Inclusión Social y Laboral del Centro de Sustentabilidad Social de la Universidad Siglo 21.

“No lo dudé. Es poca la oferta de nivel académico para nivel intelectual bajo. Sí hay propuestas de música o deporte. A mí me atrajo mucho el curso de un año, con enfoque en promoción de la ciudadanía”, cuenta.

Durante el cursado de la carrera se habló del rol del ciudadano, inmerso en la sociedad civil y con normas a las que tiene que adaptarse. “Como fue en época de elecciones, se ocuparon de conocer las autoridades de la Provincia, qué función cumple cada uno y eso los ubica en el contexto donde viven”, afirma Patricia. Y luego pudieron participar en el acto eleccionario, como lo estipula el derecho a voto contemplado en la Ley 27.044, sobre la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

¿Por qué es importante que las personas con discapacidad asistan a una escuela común?

Todos somos personas y no tiene por qué haber segregados. Estamos todos juntos, tenemos los mismos derechos y a ejercerlos de la misma manera.

La inclusión hace que las personas con discapacidad en contextos comunes nivelen para arriba. Que puedan caminar solas, subir a un escenario, cantar, animarse a dar una clase. En los colegios puede haber adaptaciones de acceso o de contenido, y docentes integradores. Desde 1994 las leyes dicen que hay que permitir el ingreso a escuelas públicas de personas con discapacidad.

Cada colegio, cada directora, tiene su pensamiento y posición tomada a la discapacidad. Pero hay lugares donde la vocación es tan grande que ponen lo mejor. A mayor desconocimiento, mayor prejuicio. Por ahí eso cuesta.

¿Cuáles son los próximos desafíos?

Confiar en las capacidades de las personas que están tratando de demostrarnos todos los días que pueden. Yo creo que no hay techo.
Hay que lograr la autonomía de las personas con discapacidad. Pedir a los padres que dejen de proteger tanto a sus hijos y les permitan equivocarse.

 

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