Pachi se llama Hugo Tamer, nació en Pergamino, estudió publicidad en Buenos Aires y en el 2001, como tantos otros, se fue del país. Al año, tuvo que volver deportado de Inglaterra, pero para entonces ya había pasado por diferentes oficios en Londres y había aprendido inglés. La segunda vez que emigró, a Estados Unidos, las condiciones eran mucho más promisorias. Trabajó en agencias prestigiosas, se casó y tuvo una hija, Elena. En Austin, Texas, había llegado al punto en que una vida parece consolidarse en términos exitosos y seguir un rumbo más o menos predecible.

Pero faltaba una vuelta de tuerca. El accidente que sufrieron sus padres -que resultó en la muerte de su papá y largos meses en cama para su mamá- y un divorcio repentino lo llevaron a tocar fondo. Sintió que no tenía nada, hasta que se miró en los ojos de un homeless. Sin embargo, Pachi no acuerda con esa palabra, que hace de la falta de hogar la definición de una persona. En ese tiempo, descubrió que la calle puede ser un hogar y empezó a compartir ese descubrimiento con mucha, muchísima gente, desde una cuenta de Instagram.

Empezó a retratar a personas en la calle, en Estados Unidos se subió a una camioneta y recorrió quince ciudades en dos meses. Visitó México, El Salvador, Uruguay, Colombia, Brasil, España. Aún trabajaba en una agencia, pero en los ratos libres fue descubriendo que se podía vivir de una forma menos egoísta.

Hoy, trabaja en su propia productora y lleva adelante One dollar dreams, un proyecto para realizar sueños de personas en situación de calle. Alude al dólar que pagaba por los retratos y que descubrió que sus seguidores también podían y querían aportar. De esta forma, su proyecto personal se está convirtiendo en algo grande. Una vez más, Pachi está de regreso en Argentina, después de haber aprendido mucho.

 

-¿Cómo funciona One dollar dreams?

-El objetivo es ayudar a una persona a la vez. En general, cuando hacés una donación, no sabés dónde va la plata. Se la das a una fundación y ésta hace determinadas cosas, según sus metas y valores. Mi idea, en cambio, es que ayudes a alguien en particular. Podés donar para Jorge que se está recuperando de su adicción a las drogas en Colombia y seguir sus progresos por las redes sociales, escribirle. Por eso son sueños de un dólar: pequeños, personales, dedicados. Con la idea de que si salvamos a uno, salvamos a todos.

-¿Cómo resumirías el cambio personal que viviste en estos últimos años?

-Había una búsqueda interna, una vocecita que siempre me hablaba y que cobró vida a partir de las circunstancias que me tocó vivir. Era una persona insatisfecha, en una burbuja de comodidad, no del todo feliz. Ahora tengo mi propia voz, ya no trabajo para nadie, y eso me da una tranquilidad personal muy grande. No tengo ningún tipo de seguridad económica, pero me siento mucho mejor que antes.

-Desde entonces, sos una inspiración para muchos. A ellos, ¿qué les decís?

-Que todos tenemos la posibilidad de cambiar las cosas, donde sea que estemos. Siempre esperamos que otro, o el gobierno, haga algo. Lo cierto es que, cuando empezás a actuar, los caminos se abren y te das cuenta de que no hacía falta tanto para mejorar el mundo. Algo que veo mucho es que la inversión es más grande en tapar los problemas que en solucionarlos.

-¿Cómo es volver a una cama después de compartir la vida de una persona en la calle? ¿Te genera algún conflicto?

-El conflicto estaba antes, cuando no hacía nada, cuando no veía. Al contrario, estar en contacto con la gente de la calle me ayudó a valorar y no dar cosas por sentadas: una ducha caliente o el hecho de mover una perilla y que la luz se prenda. No me resulta difícil dormir en una cama cómoda, lo que me crearía conflicto sería volver a sentarme en un escritorio a vender latas de tomate. Hacer algo que no me gusta o con lo que no estoy de acuerdo.

-¿Por qué elegiste la fotografía y las redes sociales como medios?

-La fotografia siempre me apasionó y a la vez era la herramienta que tenía a mano para poder darle identidad a esas personas que no vemos o intentamos no ver. De eso se trata mi proyecto: que los que son invisibles tengan un rostro. A través de una foto, puesta en una red social con un nombre debajo, ese alguien al que no querés ver te está mirando a los ojos. Simplemente, fue la forma más directa para lograr ese encuentro cara a cara con el otro.

-¿Cómo entendés hoy la publicidad, a partir de tu experiencia?

-El proceso creativo, el desarollo de una idea para llegar con ella a la gente, es el mismo que vengo usando hace veinte años en marketing y publicidad. Como un arma, o una herramienta que antes usaba para vender cosas. Prefiero identificarme como comunicador, porque tiene que ver con hacer llegar un mensaje. Usar las ideas para hacer que la gente pueda pensar diferente respecto a temas que me parecen importantes, dejar de lado prejuicios, poder ponerse en el lugar del otro y empezar a compartir. La respuesta, afortunadamente, siempre fue buena. Muchas personas escriben contándome que empezaron a cambiar su actitud y, lo que es más importante, su forma de actuar.

A su vez, intento hacer que las compañias sean más humanas. Desde diciembre de 2014 dejé de trabajar para otros para emprender mi propia productora, con la que busco involucrar a las marcas y hacer una publicidad mejor, acompañando buenas causas.

-¿Cuáles son tus proyectos actuales?

-Mi proyecto más importante es mi hija Elena. Mi última charla TEDx, en Mar del Plata, trata de ella. Trato de enseñarle con el ejemplo en todo lo que hago.

Después, están la productora y One dollar dreams, que espera la personería jurídica para constituirse como ONG en Estados Unidos. Desde allí, quiero trabajar para que el proyecto crezca, cumplir sueños en Argentina como en otros países.

A su vez, todos se conecta. En este momento, estoy trabajando con un perfumista en una edición limitada: cien botellas que van a oler a persona en situación de calle. Para ese perfume, mi productora hará un comercial, con un linyera en vez de un modelo perfecto. Lo pienso como un proyecto artístico, que sigue el mismo concepto de ponerse los zapatos del otro.

-En tu charla TEDx de Rosario, una de las más vistas, te desnudás completamente para demostrar que las vestimentas, reales y simbólicas, marcan prejuicios. Cuando los dejamos de lado, ¿qué define a una persona?

-Los ideales, los valores. He conocido gente muy honesta en la calle, mientras sabemos que muchos corruptos visten de traje. La metáfora de desnudarse implica eso, que más allá de lo que tengamos puesto, hay algo que hace a la persona y que realmente nos diferencia. Tiene que ver con una escala personal de valores.

Después de esta conversación, Pachi diría a los asistentes de su conferencia en Córdoba: “Cuando uno se acostumbra a la caída, ésta puede transformarse en un vuelo”. Su historia muestra cómo una crisis puede reinventarnos personal y profesionalmente, si nos abrimos a los demás. Para eso, nos aconseja, hace falta dejar el miedo y enfrentar el cambio que nuestra voz más interna nos marque como necesario.