Margarita Ducci Budge es arquitecta y desde 2007 se desempeña como Directora Ejecutiva de la Red Pacto Global Chile, organización cuya misión es promover y difundir los principios de Naciones Unidas referentes a la Responsabilidad Social en Derechos Humanos, ámbito laboral, medio ambiente y lucha contra la corrupción.

La red chilena, como la argentina y las de los 135 países participantes, forma parte de Global Compact, la iniciativa más grande del mundo en materia de responsabilidad social corporativa. Lanzada en 1999 en el Foro de Davos, se trata de una iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas.

El Pacto Global surge como respuesta crítica a la globalización, con el fin de construir una ciudadanía corporativa mundial que contrarreste sus efectos negativos mediante el compromiso y la sustentabilidad. Se conforma como un instrumento de libre adhesión para las empresas, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil, que se comprometen a incorporar los diez principios que lo integran en sus valores, estrategias y operaciones.

Margarita visitó Córdoba y se presentó en la Universidad Siglo 21 para proponer y discutir sobre el rol de las empresas como actores activos y relevantes en la generación de políticas de responsabilidad social y sustentabilidad, sus relaciones con el Estado, políticas públicas, desafíos y ventajas de la Responsabilidad Social para las empresas y organizaciones. Se sumaron al diálogo empresas locales y miembros de la Municipalidad. Tras el evento y antes de que partiera de Córdoba, charlamos un poco más con ella.

 

¿Cuál crees que es el rol del Estado y de las empresas en asuntos de Sustentabilidad Social?

El Estado es el que realiza las políticas públicas, es el que legisla, tiene las decisiones finales sobre cuál va a ser el marco regulatorio. Pero allí también cabe un rol importante para la Empresa, en  analizar, discutir, aportar conocimiento y buscar soluciones consensuadas. Creo que ese diálogo es fundamental. En Chile, por ejemplo, para que existiera ese diálogo se creó el Consejo de Responsabilidad Social para el Desarrollo Sostenible, en el cual está representado el Estado a través de algunos ministerios –Trabajo, Economía, Desarrollo Social y Medio Ambiente-, algunas organizaciones de Responsabilidad Social -entre las cuales está el Pacto Global-, la Academia y la Sociedad Civil. Desde esa organización, hemos logrado hacer una propuesta de políticas públicas sobre Responsabilidad Social para el Estado. Allí tiene que generarse un diálogo y un accionar común.

Además, en temas específicos tiene que haber alianzas. Si una empresa realiza determinado programa de Responsabilidad Social, muchas veces requiere del apoyo del Estado. Pongo el ejemplo de Banco Itaú, que en Santiago de Chile puso bicicletas a disposición de la gente, para promover su uso y evitar tráfico y contaminación. Para ello, necesitaba ciclovías. Entonces, el Estado tiene que dar la base para que la Empresa haga su contribución a la sociedad con proyectos no rentables como ese.

¿Por qué es importante generar políticas públicas para fomentar estas articulaciones público-empresa?

Las alianzas público-privadas son fundamentales para alcanzar el Desarrollo. Creo que el cumplimiento de objetivos de desarrollo sostenible que tenemos como países frente a Naciones Unidas no se puede alcanzar solamente desde el gobierno. Hoy en día, las empresas que trabajan la Responsabilidad Social están haciendo mucho. Además, eso se puede medir. Las empresas hacen reportes, manejan indicadores y sus números contribuyen al número final del objetivo.

 

¿Cómo ves a la Argentina en este contexto?

Aquí tienen una Red de Pacto Global mucho más grande que la de Chile, con más empresas asociadas, gran participación, expandida por regiones. Por lo que conozco, la red funciona muy bien. Ha sido nominada, igual que la chilena, dentro de las mejores redes del mundo en los últimos años. Cada vez más, las empresas argentinas están tomando conciencia de la sustentabilidad y noto, además, que se está haciendo un trabajo creciente a nivel de las provincias. Lo he visto ahora en Córdoba, con gente de la municipalidad y distintas empresas que participaron de la charla.

 

¿Qué falta por hacer en Responsabilidad Social?

Concientizar más a todo nivel, para un actuar responsable de empresas y de todos los actores de la sociedad, incluido el Estado. Empezando por las personas como ciudadanos: si no tenemos una actitud responsable, por ejemplo, en temas relacionados con el cuidado del ambiente; si no reciclamos, si no desenchufamos los cargadores, si usamos el automóvil en lugar del transporte público, no estamos contribuyendo en nada al objetivo país. No sacamos nada con grandes esfuerzos por evitar contaminación, usando tecnologías a veces muy caras para ello, si luego tenemos comportamientos poco sustentables. La sumatoria de los actos mínimos de las personas es muy importante, hace al comportamiento como país y como sociedad mundial.

Para lograr esa conciencia, las campañas son fundamentales. Campañas de todo orden: “cuida tu mundo”, “preocúpate de esto porque estás creando un impacto negativo”, etc. La gente reacciona mucho frente a ellas, pero es necesario repetir y repetir. Y en el crear conciencia, la educación y específicamente las universidades son fundamentales. Invito a la Universidad a trabajar con los miles de jóvenes que pasan por sus aulas; que serán gerentes, empleados o emprendedores y tendrán que adquirir esa actitud y esa cultura al interior de sus organizaciones.

Finalmente, para las empresas, las oportunidades y mejoras en Responsabilidad Social son infinitas. Un tema central es el Cambio Climático. En la Cumbre de París de 2015, por fin se pudo llegar a acuerdos más concretos. En años anteriores, no se había logrado que países como Estados Unidos, China o India se comprometieran. En el caso de Chile y Argentina, no había un compromiso numérico: ahora sí. Estamos comprometidos a reducir la emisión de gases.

De este modo, aún para las empresas más exigentes, siempre hay metas más altas. Hay tanto por hacer y de lo cual preocuparse, que la Responsabilidad Social no tiene techo.