Por Leonardo Medrano, Secretaría de Investigación de la Universidad Siglo 21.

 

En los últimos años se ha comprobado que las emociones juegan un papel clave en el comportamiento deportivo, ya que inciden en el desempeño y en otros factores que pueden afectar la continuidad en la competición, como por ejemplo la frecuencia y recuperación de lesiones. Los deportistas de alto rendimiento se ven expuestos a una serie de demandas que pueden llevar a que éstos experimenten emociones más intensas y con mayor frecuencia que el promedio de los trabajadores.

Disputar una final de Copa América con todo el estadio en contra a lo que se suma la “exigencia” de obtener un título luego del subcampeonato en el último Mundial de fútbol claramente puede ser más un factor más que estresante para un jugador de la selección nacional por más experiencia que tenga. Este aspecto, esa presión, bien pudo verse en la final con Chile, en el desempeño del equipo y en las lesiones y los calambres que sufrieron algunos de sus integrantes.

Según el último estudio realizado con la Universidad Siglo 21, los futbolistas de alto rendimiento antes o después de un partido tienden a sentirse “siempre” o “casi siempre” temerosos (17,9%), intranquilos (34,1%), nerviosos (31,8%), hostiles (32,9%), asustados (23,5%) e irritables (29,4 por ciento).

Al comparar estos resultados con una muestra de más de 400 trabajadores se observó que menos del 15% de los trabajadores promedio tiende a experimentar niveles semejantes de temor u hostilidad. Es decir que el 85% de los trabajadores nunca ha experimentado niveles semejantes de emociones negativas.

Estos datos reflejan que los futbolistas se encuentran más expuestos a emociones negativas que el trabajador promedio. Lo mismo sucede con respecto a las emociones positivas. Concretamente se observó que los futbolistas profesionales tienden a experimentar “siempre” o “casi siempre” emociones de excitación (47,1%), entusiasmo (78,9%) y orgullo (68,3%). Estos valores son superiores a los comunicados por otros trabajadores, observándose que sólo el 25% experimenta niveles de emociones positivas semejantes.

Este fenómeno caracterizado por la sensación simultánea de emociones positivas y negativas se denomina coactivación emocional. Aunque los estados de coactivación emocional se caracterizan por ser inestables, desagradables y discordantes, diferentes estudios sugieren que aquellas personas que logran un balance óptimo de emociones negativas y positivas logran afrontar más exitosamente los estresores. Sin embargo, al ser estados emocionales complejos exigen un buen manejo de las propias emociones para que éstas no interfieran con el desempeño y la salud psicológica de los futbolistas.

Investigaciones de este tipo demuestran la importancia de los factores emocionales para comprender el comportamiento deportivo: cada vez más estudios revelan que para desempeñarse de manera óptima, los futbolistas no sólo requieren de destrezas físicas, sino también emocionales.

La respuesta a nuestro interrogante es entonces positiva: los jugadores de fútbol profesional tienen de hecho una de las profesiones más estresantes, que implica altas demandas físicas y psicológicas. En efecto, las altas presiones a las cuales se suelen ver expuestos generan estados emocionales de mayor complejidad que exigen altas capacidades de regulación emocional para que éstos no deterioren el rendimiento deportivo.

De esta manera, los futbolistas que tengan mayor capacidad para manejar las ambiguas implicaciones que tiene la coactivación emocional sobre el comportamiento tendrán mayores probabilidades de superar exitosamente los estresores a los que se ven expuestos y alcanzar un desempeño óptimo. Un panorama menos alentador existiría para los futbolistas que no logren soportar la tensión de sentir ambos tipos de emociones.

 

Este artículo fue publicado originalmente en lanacion.com.ar