Por Claudia Guevara. Directora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad Siglo 21 y Federico Lozzano Ayudante de Cátedra.

América Latina es un compuesto de realidades diversas, aunque con una herencia común. La mayoría de los Estados de la región comparten el mismo idioma, un diseño de política similar, ordenamientos jurídicos semejantes y algunos valores fundamentales que han alentado, un sentido particular de la justicia social. Es necesario reconocer, además, que la región exhibe también patologías similares: una marcada propensión al populismo, un compromiso confuso con la democracia liberal y el Estado de derecho, un importante historial de corrupción, y una dificultad para traducir las promesas políticas en realidades concretas.

No se pretende afirmar que estas virtudes y flaquezas pertenecen exclusivamente a América Latina, ni tampoco que se da en igual medida en todos los Estados del continente. Varían enormemente a lo largo y ancho de la región. Cuando se habla de la situación de la democracia en América Latina se debe tener cuidado de no asemejar la democracia de Chile a la de Venezuela; o la de Uruguay a la de Nicaragua. Asimismo, cuando se habla de inseguridad se debe distinguir entre el caso de Honduras y el de Costa Rica, o entre el caso de México y el de Panamá.

En este sentido, es relevante dar una definición de lo que se entiende por populismo. Por ello, tomando las palabras de Ernesto Laclau* el axioma básico del populismo es el siguiente:

  1. La identificación del `pueblo´ a partir de la construcción de intereses y demandas insatisfechas que le son propias.
  2. La oposición del `pueblo´ al `poder´ dominante que no respeta sus derechos.
  3. La politización del antagonismo pueblo/poder dado que el enfrentamiento de ambos se produce en el campo político.

Si se toman casos concretos como los planteados anteriormente, es posible observar que el axioma propuesto es aplicable a las diversas realidades de los países nombrados, independientemente de la orientación política de los gobiernos de turno. Es decir, que las prácticas populistas (algunas de ellas demagógicas) afectan directamente la relación entre gobierno y pueblo, dañando en muchos casos las estructuras institucionales y democráticas del Estado.

Sin embargo, cabe destacar que se pueden observar en la región un grupo de países que han avanzado en la consolidación de la democracia y el fortalecimiento del Estado de derecho.

Mientras que otros que carecen actualmente de las condiciones mínimas para ser considerada una democracia, al menos en su concepción electoral, como por ejemplo Cuba.

A la preocupación por la situación de la democracia se suma ahora la preocupación por el desempeño económico de varios países que, durante la última década, experimentaron tasas de crecimiento acelerado, motivadas por el auge de los productos primarios, en particular los productos de industrias extractivas. Algunos países de la región que crecieron durante más de una década a tasas de más del  7%, crecerán apenas un 3% en el 2017, como Perú, México o Costa Rica. Y habrá países que enfrentarán tasas de crecimiento nulas o negativas, como Venezuela o Brasil.

Esto podría generar más conflicto social y mayor presión sobre gobiernos que tendrán dificultades para satisfacer las demandas de la población, en particular de la clase media joven.

Los latinoamericanos hemos sido buenos practicantes del populismo económico.

En el siglo XX, Perón y Vargas, junto con Alan García en Perú, Daniel Ortega en Nicaragua, Salvador Allende en Chile, entre otros, practicaron el proteccionismo comercial, incurrieron en altos déficits presupuestarios, sobre exigieron sus economías, permitieron el alza de la inflación, y sufrieron crisis cambiarias. En años recientes, Hugo Chávez y Nicolás Maduro de Venezuela han practicado estas políticas en forma aún más extrema.

Si se tiene en cuenta lo expuesto en párrafos precedentes, los populismos de América Latina en los últimos 50 años han aplicado cada uno de los pasos del axioma planteado por Laclau, a partir de definiciones del campo económico y social. Un ejemplo claro de esto, es la bandera de la Industria Nacional, un objetivo noble por parte del Estado, pero que muchas veces es tergiversado para el interés propio del gobierno en funciones.

De esta manera, es posible decir que las condiciones económicas inestables en Latinoamérica son el escenario ideal para la aparición del fenómeno populista, el cual se presenta como la única solución posible a la crisis imperante.

De acuerdo a todo lo anterior, se observa que históricamente el populismo en Latinoamérica ha encontrado los momentos exactos para aparecer y desarrollarse, por lo que para evitar las prácticas demagógicas del populismo es imperante establecer condiciones económicas estables, y un marco institucional regulado por la ley que no muestre debilidades, dado que tales debilidades son ampliamente aprovechadas por líderes populistas para surgir.

 

 

*Laclau, E. (1987). Populismo y Transformación del Imaginario Político en América Latina. Centro de Estudios Documentados de América Latina, nº 42, pp. 25-38.