Por Francisco Bocco, Especialista en Nuevas Narrativas Audiovisuales.

En la era de la comunicación digital, las redes sociales y la “hiperdesconcentración” de las audiencias ya adaptadas a nuevas formas de consumo de la información, el periodismo enfrenta un doble reto: trabajar con responsabilidad social y amoldarse a las nuevas reglas que exige lo digital.

A lo largo de los años el rol del periodismo sigue inalterable: contar los hechos en forma verdadera. Todo periodista trabaja con un elemento esencial e indispensable que es “la verdad”; aquello que sucede en “la realidad” y que el comunicador trabaja de manera tal de transmitirlo a un público, el cual es sencillamente la gente común y corriente.

Esta tarea del periodismo, que guarda consigo una importante cuota de responsabilidad social y que se ejerce –en el mejor de los casos– con integridad, criterio y libertad de conciencia, desde hace tiempo se enfrenta a los grandes desafíos que implica la comunicación digital a través de Internet, el uso cuasi naturalizado de las redes sociales para consumir información, y las audiencias que configuran estos fenómenos.

Las nuevas tecnologías de la comunicación trajeron consigo una generación digital: los nativos digitales. Ellos nacieron bajo el ala de la era digital. Pero sumado a este grupo también se encuentran las audiencias del diario en papel, la radio y la televisión que, en mayor o menor escala, también realizaron un viraje hacia lo digital.

Es en este contexto que las formas de comunicación del periodista se ven interpeladas y deben readaptarse.

 

De tan conectados, hiperdesconcentrados

El acceso masivo a Internet generó una audiencia “conectada” al cien por cien, lo cual arroja una primera paradoja: la hiperdesconcentración del público.

Tanta información parece traer consigo una alarmante pobreza de la atención. Nos encontramos a diario rodeados de personas ausentes, distraídas, y es ése el terreno y la potencial audiencia a la cual el periodismo debe apuntar.

Un concepto de las ciencias económicas describe este escenario: en un mundo rico en información, la abundancia de ésta implica la escasez de aquello que la información consume. Y lo que consume la información es la atención de los destinatarios.

Por esta razón nuestro trabajo como periodistas es competir por la atención. Escribimos, comunicamos e informamos a atletas de la distracción. Un ejemplo de esto es el uso que le damos a un Smartphone: lo chequeamos, para diferentes usos, en promedio unas 150 a 200 veces por día. Allí se encuentran las nuevas audiencias. Son heterogéneas, con reglas de consumo propias, y con ausencia de fidelidad. Navegan de un sitio a otro sin escalas, hasta que encuentran lo que desean. El gran reto del periodismo es entonces conocer esas audiencias, escucharlas, generar su atención y hacerlas parte, porque no hay periodismo sin lectores, sin público o sin audiencia.

 

Abandonar el miedo por lo disruptivo

Hoy por hoy las herramientas digitales para un periodista son inmensas. No hay que tener miedo a lo disruptivo, hay que utilizarlas a favor de la profesión, experimentando toda aplicación informática y red social que exista. Disponemos de información que hace tiempo hubiera sido impensada.

Un ejemplo reciente es el fenómeno climático de fuertes lluvias que impactó hace unos días sobre Córdoba. Hoy contamos con información al instante de nuevas tormentas, o de posibles crecidas de los ríos a causa de las lluvias. Son herramientas que debemos aprovechar para potenciar el trabajo. Sin perder de vista que lo importante es la materia prima, los hechos, el contenido, más allá del uso de la tecnología. En este sentido es importante tener claro que el contenido sigue y seguirá siendo lo más importante, más allá de la forma.

La masividad y el uso generalizado de las redes obliga a mejorar la práctica periodística. La atención de la gente se encuentra en lo digital, y el periodismo debe adaptarse a esas nuevas reglas. No es descabellado pensar que en un futuro cercano el rol del periodista, aún más que hoy, podría ser la curación de contenidos. Sucede con la red social Twitter: muchas veces “no ocurre nada” con un twit hasta que no interviene un medio masivo de comunicación, o es retwitteado por una personalidad conocida públicamente. Frente a esta situación es importante sanear esa información, curar los rumores, mejorar las noticias.

 

Seamos protagonistas de los cambios

En un año o dos, ¿tendrá Facebook la misma potencialidad que posee hoy? No lo sabemos. Los cambios se dan de manera natural y en forma vertiginosa, tanto que no nos damos cuenta. Los periodistas de ahora y los futuros periodistas podemos y deberíamos ser protagonistas de esos cambios. Si el mundo cambió, la comunicación también. No se trata de una amenaza sino de la oportunidad de ser parte de lo que se está gestando: un Nuevo Periodismo. En este contexto, la formación integral del periodista es y será siempre necesaria e indispensable. No imagino a un periodista que no vaya al cine o al teatro, que no vea televisión y lea todo lo que pasa por sus manos. Un periodista debe contar con una base sólida de cultura y de práctica periodística, dos elementos que no pueden disociarse. Y vivir con el desafío constante de ser, un curioso por naturaleza.