Sobrevivió a una tragedia y la oportunidad que le dio la vida la transformó en ayudar a otros a vivir. Esa es la historia y presente de Roberto Canessa, uno de los rugbiers uruguayos que viajaba en el avión que se estrelló en La Cordillera, dejando 29 muertos en la nieve. Aquella experiencia que lo tuvo sobre el abismo de la muerte profundizó su vocación como cardiólogo y también lo aferró a la vida. “Quería sobrevivir para ir a la facultad”, relata.

Los sobrevivientes de la tragedia fueron 16, y Roberto fue uno de ellos. Una vez a salvo, no paró de pensar como volcar todo lo que le había pasado y lo que había aprendido en la montaña tratando de no morir en el intento. Se recibió de médico y cuarenta años después, escribió el libro “Tenía que sobrevivir”, donde plasma aquellas vivencias y la influencia que tuvieron en su día a día. Además, las convirtió en la charla “Como un accidente aéreo me inspiró a dedicarme a salvar vidas”, la cual lo trajo a Córdoba en una actividad organizada por Fundación 180 en la sede de la Universidad Siglo 21.

En el momento del accidente, tenía apenas 19 años, era estudiante de segundo año de medicina y su entusiasmo fue fundamental para atravesar los 72 días en medio de la adversidad de Los Andes.

Además, esa vivencia significó redescubrir el sentido de la vida. Para Roberto hubo un momento clave de ese tiempo esperando ser auxiliado, cuando escuchó un mensaje por radio, diez días después de que cayera el avión, diciendo que no había sobrevivientes de la tragedia. Esa noticia era inaceptable y dejaría todas sus fuerzas para volver a ver a su familia y cumplir sus sueños. Una vez de regreso y a salvo, abocó su especialidad médica a trabajar sobre patologías de bebés por nacer. Así, logró trazar un paralelismo único y fascinante entre su trabajo diagnosticando cardiopatías congénitas muy complejas a niños recién nacidos y fetos con las decisiones difíciles de vida o muerte como a las que fue forzado a tomar en Los Andes.

También entre sus declaraciones, cuenta que la felicidad de volver era inexplicable y agradeciendo por esta segunda oportunidad, asegura que siguió estudiando y llevando adelante el día a día: “Aprendí una manera de vivir.”, confirma en sus palabras. “Iba a volver a mi casa, a la facultad, no podía dormir”, cuenta sobre la ansiedad que tuvo el día que vieron a una persona, Don Sergio, luego de una travesía en busca de ayuda. “Comerte un pan fue la sensación más deliciosa que te puedas imaginar”, agregó.

Hoy tiene 64 años y no se cansa de contar una y otra vez lo que vivió. “Adaptarse al medio para sobrevivir”, fue la principal lección que obtuvo durante el tiempo que estuvo en la montaña, pero sobrevivir lo impulsó a salvar vidas.