Entrevista a Néstor Espósito, Periodista especializado en investigación criminal.

Néstor es periodista desde los dieciocho años. Tras media carrera dedicada al periodismo deportivo, hace más de una década cubre casos judiciales para distintos medios argentinos. Cuando habla de investigación criminal, lo primero que hace es despojarla de todo lo que CSI nos metió en la cabeza: “Tenemos una imagen sobre cómo se investiga cualquier caso criminal muy estereotipada a partir de lo que vemos en las series de televisión. Pero lo que vemos en las series no tiene nada que ver con la realidad”. Para acercarnos a esa verdad tan distinta, periodistas como él recorren escenas, tribunales y juzgados, siguen los casos de cerca, recolectan datos, reconstruyen historias. Como los detectives de esas series, aunque sin la certeza de que algún misterio se revele al final.

De la mano del oficio y sus azares, Néstor llegó a la sección Judiciales cuando se abrió una vacante en la agencia DyN. Cuenta que era colaborador en la sección Deportes, pero buscaba que lo incorporaran como redactor efectivo y permanente: “Me preguntaron si me animaba a hacer Judiciales y les dije que sí. Allí empecé. Afortunadamente, he tenido buenos compañeros con mucha experiencia, que me enseñaron la profesión. El resto fue una cuestión de aprendizaje día a día, que sigue hasta hoy”.

En la actualidad, trabaja para la misma agencia DyN, además del diario Tiempo Argentino, Radio del Plata y el canal digital 360 TV. Sobre la investigación criminal en la Argentina, su opinión es lapidaria:

“Lo que hay acá es una enorme impericia, que muchas veces tiene que ver con la desidia, con la falta de profesionalismo, y otras veces con la falta de un protocolo que deberían respetar los investigadores para no contaminar escenas del crimen ni perder pruebas”.

Y si de escenas del crimen maltratadas se trata, lo primero que se nos viene a la mente es lo sucedido en el departamento del fiscal Alberto Nisman. Según Néstor, se trata de un caso emblemático, pero no el único.

 

-¿Qué pasa realmente cuando las sirenas llegan al “lugar de los hechos”?

-En la mayoría de los casos policiales, que no necesariamente terminan con una persona muerta, la prueba indiciaria, la más importante, que es la que se recoge en los momentos inmediatamente posteriores al hecho, se pierde. Y se pierde, muchas veces, porque no hay profesionales que estén a la altura de una investigación judicial.

La Justicia necesita recolectar determinadas pruebas, pero no van funcionarios judiciales a la escena. Van funcionarios policiales, que en general no tienen una concepción muy clara de qué es lo que tienen que buscar. Las fuerzas de seguridad son auxiliares de la Justicia, pero ese auxilio puede terminar abortando la posibilidad de que se esclarezcan los casos.

-Esos profesionales necesarios, ¿no existen? ¿O no está instituido el organismo necesario para que actúen?

-Hay un reclamo de creación de una Policía Judicial que tiene, fácil, veinte años. Pero no se ha instrumentado. Como tampoco nada que tenga que ver con la profesionalización de la investigación. De hecho, hubo un intento -ahora postergado- para cambiar el método de investigación. El cambio del Código Procesal Penal establecía que la investigación la realizaran los fiscales y que los jueces, que hoy son jueces de instrucción, pasaran a ser algo así como jueces de garantías, que controlaran el debido proceso y que no tuvieran un rol directo en la investigación.

Esto fue lo más cercano a una reforma. Pero el hecho de cambiar la investigación de manos no garantizaba, ni mucho menos, que ésta fuera más eficiente. En definitiva, terminaba dependiendo de que hubiera un buen o mal fiscal, o un buen o mal juez, y no de una metodología apropiada. Algo que, me parece, sigue faltando.

 

¿Qué otros factores interfieren, además de la desidia o la falta de funcionarios idóneos?

El más importante, aunque no parezca, es la falta de sentido común.

Los funcionarios están muy contaminados, encerrados en el ambiente de la Justicia, necesitan salir más a la calle.

 

Fuera de las invenciones del cine y la televisión, conocemos y seguimos los vaivenes de casos como el de Nisman, Ángeles Rawson, o la triple fuga gracias a su relevancia social, o a que simplemente tomaron estado mediático. ¿Influye la visibilidad que pueda tener un caso en su investigación?

Los jueces y los fiscales son, aunque a veces no lo parezca, seres humanos. Consumen medios de comunicación, leen diarios, ven la televisión, siguen la repercusión que tiene cada uno de esos casos, que muchas veces es inexplicable. Porque, ¿por qué hizo tanto ruido mediático el caso de Ángeles Rawson y no decenas de casos que se han producido en los últimos tiempos, que tienen a jóvenes como víctimas de ataques sexuales? ¿Por qué ese caso y no otros similares? Eso no tiene explicación. Hay temas que pegan en la gente y se convierten en noticia de tapa y otros que son iguales en intensidad y características, pero no tienen la misma llegada. Los jueces están atentos a esa cuestión y la repercusión de una causa es un condicionante para que le pongan el cuerpo o la resuelvan de oficio y de taquito, por usar una frase futbolera.

¿Qué historias te marcaron en estos años de periodismo?

Un caso que me marcó mucho, sobre todo en la forma de hacer mi trabajo, fue el juicio por Cromañón. Seguí muy de cerca el juicio oral y público en su primera etapa, la que terminó con Callejeros absuelto y Chabán condenado a 20 años de prisión. Pero más allá de eso -que al final resultó anecdótico, porque después se revirtió y el fallo terminó bastante desvirtuado- me parece que fue una gran oportunidad que tuvimos todos. Porque se hizo oral y público y en un ambiente donde se podía ir a presenciar, tuvimos la chance de comprobar cuánto dolor humano hay detrás de cada uno de estos juicios. Me pasó estar en la sala escuchando el testimonio de un familiar o sobreviviente y salir de allí conmovido, quedarme un largo rato derrumbado por lo que pasaba dentro.

Los periodistas somos como los médicos forenses, lo que para cualquiera puede ser tremendo, para nosotros es cotidiano.

Muchas veces no nos damos cuenta de que detrás de esas historias hay personas que sufren, las perdemos de vista. Esa es la reflexión que deberíamos hacer como colectivo periodístico, recordar a la gente detrás de cada una de las noticias que escribimos.