Ezequiel Talavera ni lo dudó cuando se enteró que la idea del intercambio en otro país podía ser una realidad. Aprovechó el apoyo que le daba la Universidad Siglo 21, donde estudia psicología y trabaja en el área de administración, y se anotó para vivir una experiencia de la cual jamás se olvidará. Aprobó las materias que le faltaban para cumplir con los requisitos, tramitó el permiso laboral y armó las valijas para subirse al avión y cruzar el océano. “Te abre la cabeza”, asegura Ezequiel.

Eligió Zaragoza como destino por diversas razones: “Quería estar en el Viejo Continente, estar en la cuna donde salieron todas las teorías de mi disciplina. Y en España más que nada por el idioma, y la ciudad por el tamaño, es chica”, cuenta el estudiante que estuvo en la Universidad de Zaragoza entre septiembre de 2016 y marzo de este año.

“Resumo que ha sido un momento bisagra. Es una experiencia increíble”, porque confiesa que vivir el intercambio le sirvió para adquirir herramientas a nivel personal y profesional:

“Poder desenvolverte en otra cultura te brinda elementos de todo tipo, te hace mirar con una crítica sobre vos, ver cómo nos ven. Viajar y conocer, administrarte estando en otro país”. Por otra parte, asegura que tanto el plan de estudio como la metodología eran diferentes a lo que conocía. “Allá además cambia el paradigma de educación y te desestructura. Te hace pensar diferente, cuestionarte cosas cristalizadas”, dice.

En ese sentido, para el estudiante psicología el intercambio tuvo un gran valor académico. “En cuanto a la psicología laboral tienen un avance muy grande. Son muy prácticos y también van al corazón de la teoría para ser aplicado”, explica. Por otra parte, disfruto mucho de cursar psicología de la educación, dictada en la Facultad de Educación, y de tener clases sobre psicología social y conocer cuáles son sus problemáticas. “En Argentina la psicología social está más apuntada a la emergencia, en cambio ellos a la reinserción”, aclara.

Durante los meses que estuvo en Zaragoza, Ezequiel cursó algunas materias de grado de su licenciatura y aprovechó el tiempo para hacer cursos, deportes y contactarse con otras personas que habían estado de intercambio en Siglo 21 y se encontraban en la ciudad. También conoció modismos locales, aprendió italiano y mejoró su inglés. “Fue experiencia muy rica”, sostiene.

También quedó asombrado por como los intercambios universitarios son una práctica habitual y desarrollada: “Están acostumbrados a los intercambios. Zaragoza tiene cerca de 700.000 habitantes y recibe aproximadamente 700 alumnos por semestre”.

Además, no solo se empapó de la cultura de Zaragoza, sino que convivió con jóvenes de diferentes nacionalidades.

“Compartíamos muchos, por ejemplo, cocinamos juntos y hacíamos cenas de los diferentes países”. Ezequiel se lució con empandas, asado y choripanes, todo bien argentino.

Por donde lo mire, Ezequiel no podrá olvidarse de lo que vivió en aquel semestre. Pero un día volvió, y todo lo que se trajo de España lo comparte con otros compañeros interesados, como él, en ser parte de un viaje que les cambiará la vida