Entrevista a Nicolás Ponta, director y guionista. Alumno de la Universidad Siglo 21.
“Siempre me alejé de todo lo netamente artístico, no sabía hacer más que garabatos. Hasta que, cuando tenía 17 años, una chica que en aquel entonces me gustaba se acercó a mis papeles y me dijo que dibujaba bien. Desde ese día, en un intento por sortear la timidez y acercarme a ella, comencé a dibujar.”
A los meses, Nicolás tenía una secuencia armada. Con la ayuda de amigos, Marcos y Melissa, esos dibujos se transformaron en “Juntos”, un primer cortometraje que fue a parar a la casilla de mensajes de artistas como Mónica Carillo y Juan José Campanella. El corto gustó y obtuvo respuestas alentadoras. Si bien Nicolás no se quedó con la chica que de alguna forma lo impulsó a realizarlo, comenzó a recibir correos para trabajar en cine.
Ese mismo año, empezó una productora que fue mutando hasta adoptar el nombre de Adamello. Hoy tiene sede física en Greenville, California, donde se desarrolla la parte más gruesa del trabajo, y reúne cerca de 150 colaboradores de todo el mundo. Nicolás, a sus 20 años, se encarga de la producción, guión y dirección de contenidos publicitarios y de ficción. Ha ganado premios como el Time Warner de HBO por mejor guion original con “The best years of our lives”. Su corto “The Golden Watch” obtuvo mención especial en el Festival Internacional de Mar del Plata de 2015.

¿Cómo nació Adamello?

Fue una idea que Samanta Iles logró contagiar, en el poco tiempo que pudimos disfrutarla, a su hermana Melissa y a mí. La idea no era ganar dinero, ni siquiera ser conocidos, al menos no al inicio. La meta era que, las pocas veces que nos reuníamos, nos permitiéramos soñar y crear cosas. Adamello no siempre fue Adamello, pasó por muchos nombres hasta adoptar el definitivo. Pero siempre tuvo esa especie de magia que nos gustaba y nos sigue gustando tanto. Nos da la posibilidad de no estar tan involucrados en ser adultos, nos recuerda que hay otras cosas importantes en la vida, como jugar, caminar bajo la lluvia o darle formas a las nubes. Es una exposición de ideas que nos permite dar lo mejor de nosotros.

¿Cómo es el trabajo con un grupo tan diverso?

Trabajar con un equipo internacional hace correr el aire. Se comparten las ganas de hacer. En la productora hay jóvenes -casi no hay adultos- de todo el mundo. En un principio hacíamos nuestro propio contenido y este año empezamos a trabajar también para terceros. Nos guiamos siempre por hacer una empresa que se base más en divertirnos juntos, en crear algo, y que ese algo nos haga sentir orgullosos, más allá de la plata o los premios que se puedan ganar. Cuando uno lo hace así, casi siempre termina ganando todas esas cosas.

¿Qué aspectos del cine exploraste? ¿Qué parte te gusta más?

Con el correr de los años, por suerte, nuestro grupo humano fue ascendiendo en cantidad de personas, lo que me y nos permite explorar, incursionar y aprender nuevas cosas. Creo que todas las fases de la producción -cualquiera sea nuestro trabajo: publicidad, cortometrajes, videos musicales- implican una cierta cantidad de malestar y algo de disfrute. Claro que ninguna es más dolorosa que el mismísimo rodaje. Mientras que, cuando las cosas funcionan bien, la escritura de un guion y el montaje son etapas un poco más distendidas.

¿Qué importancia tienen los premios?

Lo que nos pasa con los premios es que nos provocan mucha emoción al momento de recibirlos, una euforia que después empieza a bajar. Descubrimos que tenemos que seguir creando cosas para continuar generando esa alegría, surge la necesidad de seguir en carrera.

¿Y hacia dónde va esa carrera?

Nos pusimos como meta la pre-selección de los Goya, hay que ver hasta dónde llegamos. Además, tenemos la perspectiva de que es posible crear una Pixar argentina. Vemos muy viable crear contenido de esa calidad, que es la que de hecho manejamos.

Volviendo un poco a vos, ¿cómo te definís dentro del ámbito del cine?

Me presento como creativo, no me pongo título porque me da una especie de calor llamarme “director”.

¿Cómo nace una de tus historias?

Literalmente, mis historias nacen de cualquier cosa. Cualquier estímulo es material válido, si se lo observa con la mirada adecuada. Tampoco se trata de estar particularmente atento a la realidad, sino de lograr identificar sus incongruencias, o de encontrar una versión imaginaria que la pueda mejorar, que la vuelva interesante, divertida o triste, dramática o sugestiva.

¿Qué debe tener un guion para que valga la pena?

Para escribir un buen guion es necesario construir con mucho cuidado el mundo en el cual se va a precipitar al futuro espectador. Hay muchas formas de hacer esto, pero la mejor para mí es usar fragmentos de vida real, aún de la propia. Un guionista debe ser capaz de crear un universo perfectamente falso que se asimile a un universo perfectamente verdadero, al punto que él mismo no pueda distinguirlos. De esta forma, puede hacer lo que quiera con el espectador, tenerlo en su puño.

¿Qué te permite la animación que otras técnicas no?, ¿hay temas o géneros que no pueda tocar?

La animación permite crear todo eso que en la vida real sería muy difícil o aún imposible
No creo que existan géneros intocables; sí existe la falta de presupuesto, una de las grandes trabas para producir este tipo de contenidos. Pero no hay nada que no se pueda crear mediante animación, ella logra recrear hasta el sueño más absurdo.
Actualmente, Adamello está en vías de un largometraje y Nicolás fue convocado por Blur Studios para colaborar en la adaptación audiovisual de “The Goon”, comic del escritor Eric Powell. Cuando habla de lo que viene y define sus objetivos, no los diferencia del proyecto colectivo de la productora: “crear cosas que nos hagan sentir orgullosos”.