Por Mariana Arruabarrena. Asesora pedagógica del proyecto Experimenta 21.

El espacio Experimenta 21 será el gran desafío en donde converjan la tecnología junto a nuevas maneras de aprender. Los modelos de enseñanza aprendizaje tradicionales se verán cuestionados por formas distintas de desarrollar la práctica educativa.

No es suficiente tener la mejor calculadora científica para asegurarnos buenos negocios, tampoco un GPS satelital para encontrar el mejor sitio donde acampar, o una remachadora para hacer mochilas capaces de soportar emprendimientos.

Todos estos son facilitadores, herramientas, dispositivos colaboradores. Lo esencial es saber qué hacer con ellos, cómo trabajarlos y trasladarlos hacia la realidad, cómo poder echar mano para facilitar nuestras prácticas.

En este escenario será el lanzamiento de Experimenta 21 para el uso de los estudiantes. Un edificio cuidadosamente pensado para la enseñanza, el aprendizaje, la práctica y la transferencia. Sin embargo su éxito no depende sólo de sus elementos; su tecnología de avanzada y sus ventanales enmarcando las Sierras Chicas. En Experimenta habrá personas de carne y hueso con historias diversas.

Estarán profesores, profesoras, alumnos y alumnas dándole vida y encarnizando este desafío de revolucionar la experiencia educativa.

Pensemos un ejemplo concreto: es posible suplantar una computadora en el tiempo que nos lleva una transacción de compra y venta, pero el capital social y humano –el usuario de esa computadora– no muta con tanta rapidez. En esta instancia se necesita un  acompañamiento, una capacitación, para no ser vencidos por la computadora y para echar mano a esa nueva tecnología que repiense nuestro modelo de enseñanza. No es un camino sencillo.

Sucede que muchos de nosotros hemos aprendido de un modo, con ciertas lógicas y en determinado contexto que no es exactamente el actual. Algunas de las prácticas ya incorporadas no dan el resultado esperado, y  es necesario revisarlas, re-aprenderlas, lo cual implica cambios a veces paulatinos y otras tantas más turbulentos.

Pensar en Experimenta llevó inmersa la tarea de acompañar ese proceso con capacitaciones relacionadas al uso los diferentes dispositivos tecnológicos: pantallas interactivas, simuladores, cascos virtuales, tecnología de Lego, etc. Hasta capacitaciones didácticas que nos desafiaron a repensarnos como docentes y re armarnos a la luz de nuestro actual contexto, a las demandas de los alumnos y a los imperativos del aprendizaje activo y significativo.

Experimenta es un edificio que materializa un cambio de mirada, un desafío a romper o cuestionar algunas “verdades” a mi modo mal aprendidas de la educación superior.

Vendrá un momento para experimentar, equivocarnos. Un espacio para ensayar, probar, errar y darle cuerpo a los conceptos. Un lugar para encontrarnos colaborativamente entre alumnos y profesores y profesoras, con espacios más horizontales, bancos flexibles y móviles listos para la versatilidad y el encuentro.

Se trata de animarnos a una pasantía de trabajo, donde pondremos conceptos, el hacer, cuerpo y emociones al servicio del aprendizaje.

En este escenario una posibilidad es pensar que la tecnología nos está ganando de mano; y aquí se encuentra implícito el reto entre la flamante panacea tecnológica y el profesor desteñido por el paso del tiempo. Pero por otro lado, surge el desafío de pensar que es posible que la tecnología nos esté dando una mano. Animémosnos a tomarla y danzar este tiempo.