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Tecnología

by • 12 abril, 2016 • Management y Emprendedurismo, TecnologíaComments (0)1553

Unicornios, enfriamiento económico y las próximas grandes cosas entre nosotros

Por Martín Sola. Especialista en Marketing Digital. CEO de Cloud 21.

2015 fue el año de los “unicornios”, definidos como empresas (pertenecientes a diversos sectores de actividad, pero casi exclusivamente de base digital) con valuaciones privadas (es decir, que aún no salieron a bolsa, lo que supone cierta discrecionalidad en materia numérica) superiores al billón de dólares.

Más de 150 empresas con una valuación acumulada estimada en U$530 billones dieron forma a un fenómeno que puede interpretarse como un notable aval del mercado a la tecnología en su rol de agente de cambio de todos y cada uno de los sectores, en un momento histórico, que está generando impactos similares a transformaciones claves del pasado (como las que supusieron el vapor o la electricidad, por ejemplo).

2016 será un año clave en materia de transformación digital, tanto por el surgimiento de nuevos fenómenos tecnológicos masivos como por la consolidación del rol y relevancia de la tecnología a lo largo y ancho de la actividad económica.

Ciclos

A efectos expositivos y simplificando, podemos decir hubo un primer ciclo de masificación de la tecnología compuesto por mainframes y computadoras personales mientras que desde el abaratamiento de la conectividad, el procesamiento y el almacenamiento, presenciamos un segundo ciclo, signado por el fenómeno denominado “consumerización”: potentes dispositivos personales, siempre conectados (smartphones, tablets, etc.) en manos del público masivo.

Esto implicó poner al usuario final como foco de todos los esfuerzos de innovación y comercialización, con un impacto notable en la vida cotidiana, como pudimos ver a lo largo de la última década.

Las reglas de juego de este nuevo ciclo están alcanzado cierta regularidad y consistencia: nuevos jugadores globales consolidados (al menos, 4 fundamentales como reguladores de nichos estratégicos: Apple, Google, Amazon y Facebook), sectores que salieron de la fase disruptiva y entraron en mejoras incrementales (redes sociales, e commerce, aplicaciones móviles, etc.) y eficientes modelos de negocios que, con diferencias notables entre sí, han logrado construir posiciones competitivas sólidas durante la última década. Así, la promesa de valor esbozada a inicios de los 2000, que terminara dolorosamente con la denominada “crisis de las punto com”, encontró finalmente su senda de realización efectiva, generando tanto valor empresario como impacto social.

El nuevo ciclo que estamos viendo correr por estos años nos exige desdoblar el análisis a fin de comprender su impacto y evolución.

Un primer flujo de innovación está relacionado con la tecnología embebida en procesos de negocios (o viceversa), hecho que está alterando el funcionamiento y lógica de sectores tan diversos como el transporte, el agro, el retail y la banca. La tecnología juega un papel tan fundamental en los modelos de negocios de una nueva generación de empresas, que resulta difícil catalogarlas dentro de su nicho específico: Uber (U$ 60bn de valuación) es una empresa de transporte que no tiene vehículos ni conductores, Airbnb (U$ 35bn de valuación) es una empresa de real state que no posee propiedades, y la lista podría seguir….

Este grupo de nuevas empresas viene a sustentarse a partir del valor per se que sean capaces de entregar a sus usuarios en sus respectivos nichos, no empleando la publicidad como estrategia básica de monetización, recurso muy utilizado por los start up de la última década.

Este colectivo, que algunos agrupan bajo el rótulo de “on demand economy”, seguirá captando la atención de inversores, reguladores y consumidores por la alteración que generan en reglas de juego, distribución de poder y surgimiento de nuevos jugadores. Los sectores que seguirán en el ojo de la tormenta durante este año son salud, finanzas (el nicho de fintech acumuló U$ 15bn en aprox. 850 operaciones de inversión en el último año en start ups digitales focalizados en finanzas, provenientes de 900 inversores tan diversos como JPMorgan, Goldman Sachs, Intel y Google), retail y educación (edtech acumuló en 2015 U$3bn de fondeo en aprox. 500 operaciones).

Muchas de estas nuevas empresas seguramente desaparecerán o no lograrán viabilidad, pero su radical foco en construir conveniencia y valor para el usuario habrá generado un notable impacto en expectativas de consumidores, haciendo que las empresas establecidas enfrenten presiones para adaptarse a las mismas.

La idea de “disrupción” suena atractiva y desafiante, pero para muchos actores, en la realidad cotidiana, se trata de un complejo y doloroso proceso de adaptación que tomará tiempo, energía y recursos.

Una segunda fuente de análisis para seguir de cerca durante 2016 son tecnologías que llevan años entre nosotros pero que (aún sin modelos de negocios claros) comienzan a abrirse camino a la masividad. Están a un paso del mercado masivo y su performance promete generar cambios significativos, inclusive en sectores que ya fueron afectados hace poco por la mencionada consumerización. No nos ocuparemos de aquellas que proveerán mejoras incrementales (un listado casi infinito), sino de las que tienen el potencial de convertirse capas fundantes de nueva ola de disrupciones y transformaciones.

La primera de ellas es realidad virtual, con los primeros dispositivos llegando por estos meses al mercado masivo. Podría tener un impacto decisivo en muchos nichos e industrias y encierra el potencial de ser la próxima gran plataforma, reuniendo alrededor suyo a usuarios, desarrolladores y empresas interesadas en su explotación: desde productoras de entretenimiento hasta fabricantes de dispositivos médicos, pasando por el aula, el deporte y las artes.

El segundo fenómeno es el denominado “internet de las cosas” (término acuñado en 1999 por Kevin Ashton, tecnólogo británico), que promete redefinir el uso y gestión de toda clase de objetos a partir de la incorporación de software y conectividad. El modo en que arribará al mercado es difuso aún, pero no caben dudas que afectará a una gran cantidad de áreas e industrias, tales como la automotriz (autos conectados y con crecientes volúmenes de software embebidos), medicina (wearables o dispositivos “usables” que gracias a la conectividad y al software monitorean presión, corazón o funciones digestivas) y el hogar (casas con funciones automatizadas).

Una tercera fuente de disrupción vendrá dada por lo que se denomina “machine learning” (aprendizaje automático), una rama de la inteligencia artificial que se ocupa de lograr que las máquinas “aprendan” y modifiquen sus rutinas a partir del suministro de datos no estructurados, con nula/mínima intervención humana. Su “momentun” y relevancia radica en que ya está aportando valor significativo para procesar la gran cantidad de datos disponibles que nuestra permanente conectividad genera, una tarea que, en términos de procesamiento humano, aparece como imposible. Existe como campo de estudios hace casi 20 años, pero recién ahora se da la combinación de volúmenes de datos y capacidad de procesamiento computacional para que despliegue todo su potencial a través de múltiples aplicaciones, tales como abordaje de epidemias, evolución del mercado de acciones (durante 2015 más de U$50bn de activos fueron gestionados exclusivamente por robot denominados “robo – advisors”) o autos que se manejan solos (a propósito, por estos días, la Administración Nacional de Tráfico y Seguridad en Autopistas de estados Unidos, equipara legalmente el sistema de auto manejo con un conductor humano).

Lo pequeño, además de hermoso, ¿será la norma?

Por último, una inevitable referencia a la principal fuerza transformadora del último siglo: el management y la evolución que está experimentando, en vivo, gracias a la tecnología.

Así como los cambios experimentados en la industria de la música (minimización de costos de distribución, bajas barreras de entrada, múltiples canales de difusión, etc.) vuelven improbable la aparición y mantenimiento de las mega bandas surgidas en otras décadas, la eficiencia que está masificando la tecnología, volviendo accesible a muchos ciertos beneficios de la escala (reservados para grandes corporaciones hasta aquí) plantea la cuestión sobre si el escenario competitivo del futuro no se verá moldeado por jugadores más pequeños y focalizados. La evidencia no es concluyente aún: siguen surgiendo jugadores que se convierten en globales en tiempo récord (Spotify, Netflix, Uber, Facebook, etc.) mientras que la cantidad de empresas que cotizan en bolsa hoy es la mitad de las que había hace veinte años. Es probable que no haya un patrón único, sino una multiplicidad de opciones y configuraciones, pero cabe proyectar que la tecnología, haciendo más accesible las eficiencias de la escala, abaratando las barreras de entrada y minimizando los costos de personalización, le impone al mangement la titánica tarea de encontrar nuevas maneras de lograr diferenciar productos y servicios que permitan sustentar la escalabilidad.

 

*Publicado originalmente en LaVoz.com

 

 

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