Por Juan Federico. Periodista del diario La Voz y docente de la Licenciatura en Periodismo de Siglo 21. 

“Que no te contaminen”, me dijo hace poco un hombre que hace años investiga las raíces de la violencia en buena parte del país. Hablábamos de la importancia de caminar allí donde la realidad no tiene discursos ni promesas. De lo que veía a diario, gracias a mi trabajo desde hace casi 13 años.

El periodismo policial, sostengo desde un tiempo a esta parte, es sólo una excusa para medir el fracaso: al cronicar nuestros dramas de cada día, se puede observar el derrotero de toda una sociedad. Los balazos, el narco, los ataques sexuales, la misma inseguridad salen a la superficie con mayor facilidad allí donde las carencias son otras.

Y, como tengo la necesidad periodística de recortar la realidad a través de su peor rostro, este amigo me tiraba un chaleco para salir a flote: “Hacé música, jugá a la pelota, salí a buscar el lado lindo de la vida”.

Pero no se trata de obviar lo que sucede, hacerse el distraído o sólo ir a hacer una nota para cumplir. Otro es el desafío. En tiempos de noticias fragmentadas, entremezcladas con falsas y un descrédito hacia la profesión que a veces nos desalienta, cuando vamos a un lugar a cronicar lo que ha sucedido, tenemos que saber que nos enfrentamos a la posibilidad de escribir, en tiempo presente, en caliente, la historia de nuestra sociedad. Creo que es allí donde está el verdadero valor del periodista.

¿Para qué somos periodistas? ¿Qué queremos contar? ¿A quién? ¿Con qué objetivo? Cada año, cuando llega el día de nuestra profesión/oficio, vuelven a hacerse vigentes estos interrogantes.

Para no olvidarnos de nuestra vocación en un presente en el que muchas veces se debate más sobre plataformas antes que sobre la génesis misma de nuestro trabajo. Un presente plagado de congresos periodísticos dónde se analiza el éxito en números, pero no se discute nuestra esencia: qué vamos a decir y cómo vamos a generar esa información.

Cuando comencé a estudiar, los primeros cursos nos enseñaban que en el periodismo había cinco preguntas básicas “qué”, “quién”, “cuándo”, “dónde” y “por qué” y una accesoria el “cómo”. Sin embargo hoy, cuando las redes sociales y los medios digitales nos inundan de qués, estoy convencido que el periodista tiene que partir, ante cualquier nota que se proponga, de las dos últimas: por qué y cómo.

Grandes interrogantes que nos obligan a enfocar con mayor calidad cualquiera de nuestras intervenciones.

“Alguna vez, se pensó que se trataba de lo que entonces se llamaba una villa de emergencia. Un barrio precario para sólo pasar un mal momento, mientras se aguardaba que llegaran épocas mejores. Pero el tiempo no trajo aquellos sueños a la realidad, sino todo lo contrario. El anhelo se transformó en resignación, y esa emergencia hoy parece permanente. La historia de la pobreza en Córdoba capital tiene un capítulo especial en la zona noroeste”, fue la introducción que una vez elegí para una nota… policial.

Hoy, en muchos portales las noticias policiales, los asaltos, los choques, los crímenes sin resolver, forman parte de las noticias que más lectura tienen.

Una demanda que rápidamente suele asociarse con el morbo pero que por otra parte, aunque algunos exasperen con los titulares de alto impacto y de mal gusto, no deja de ser un reduccionismo. Porque el periodismo policial ahora tiene el enorme potencial de mostrar lo que otras secciones callan. Acaso en una escuela, en medio de un contexto jodido, el periodista policial encontrará una crónica mucho más rica que si sólo se queda con sus fuentes tradicionales de uniforme.

Mientras economistas de escritorio y políticos de cabotaje se pelean por un numerito, allí en los barrios, entremedio de tiros y droga fácil, se escribe la historia de nuestra sociedad, de los que perdieron la esperanza, de los que se quedaron sin horizontes, de los que salieron a la búsqueda desesperada de un mango, de los que viven encerrados de miedo pese a tanta promesa oficial. Es esa sociedad la que hace rato cayó en la devaluación y es esa sociedad la que el periodista no puede dejar de mirar. El periodismo se hace con el cuerpo, con la sensibilidad y la ética de quien se asume responsable de la época que nos toca transitar.

*Juan Federico es periodista del diario La Voz y docente de la Licenciatura en Periodismo de Siglo 21.