* Por Dra. Gabriela Gallo, Médica Geriatra. M.N 23956, Asesora de la Licenciatura en Gerontología de Universidad Siglo 21.

Es una realidad que la población de adultos mayores actualmente constituye el colectivo más vulnerable frente al coronavirus, el cual afecta no solo la integridad física de los mismos, sino también la salud mental, y por consiguiente, sus emociones. Muchos ya viven en situaciones de soledad y aislamiento, que sin duda resultan perjudiciales para su salud. Más aún en esta realidad excepcional que nos toca vivir, pudiendo significar un contexto aún de mayor soledad.

Y es en este grupo etario de la población, hoy, más vulnerable, donde la emergencia de salud producto del COVID-19, nos deja la mayor de las enseñanzas.

Por y para ellos, debemos reforzar las medidas de contención y acompañamiento psicológico, como primer paso fundamental para abordar el contexto.

¿Qué están sintiendo nuestros adultos mayores? Seguramente un complejo cóctel de emociones. Principalmente, el miedo y la tristeza son los más frecuentes. Si bien son consecuencia propia de la situación de amenaza, es importante que estas emociones no se descontrolen y generan un estado de depresión o pánico, lo cual es más difícil de superar.

Este temor está relacionado con el miedo a enfermar, a la muerte, de sí mismos y de sus familiares, e incluso, en algunos casos, también los puede conectar con situaciones graves y traumáticas que pueden haber vivido anteriormente. Por eso, el reforzar pensamientos positivos es una parte fundamental que nos permite ganar al menos, una de las batallas. Queremos que nuestros abuelos y ancianos activen los mecanismos de defensa generando emociones agradables.

Y aunque no podamos verlos (al menos no de forma tan frecuente como quisiéramos), necesitamos estar más en contacto que nunca: hablarles con frecuencia.

Si se pudieran visitar, debemos tomar las medidas de prevención, como ir solos, mantener una distancia de más de un metro, y, sobre todo, asistirlos ya sea en compras, trámites o lo que necesiten.

Pero podemos hacer algo más. Por ejemplo, aconsejarles realizar alguna actividad física menor en el domicilio, ya sea caminar por la casa, mover miembros superiores e inferiores, hacer bicicleta fija. O tal vez, ayudarlos a mantener la mente activa. Leer, hacer crucigramas, trabajar material didáctico, ver películas o documentales, son buenas alternativas.

Mantener hábitos saludables, en cuanto a alimentación y descanso, sobre todo, son parte de la ecuación. Del mismo modo, hablar y ser consciente de la realidad con aceptación, generando resiliencia y optimismo.
Nos queda entonces abordar a un grupo que también es fundamental para sobrellevar estos tiempos. ¿Qué hacemos los hijos preocupados por nuestros padres mayores?

Quienes tenemos padres o familiares mayores de 60 años también sufrimos la angustia que nos provoca pensar que nuestros seres queridos están solos, pasándolo mal o que pueden enfermar. Es por eso que debemos transmitirles calma para no generarles temor. Depende de nosotros que seamos las columnas que sostengan la salud emocional de nuestros seres queridos. Son tiempos de solidaridad, acompañamiento y unión.


La sociedad evoluciona constantemente y la posibilidad de un mundo mejor, más saludable, se acerca. En Universidad Siglo 21 concebimos la salud como un estado completo de bienestar. Para 2050, las personas de 60 años o más serán 2.000 millones, esto es, más del 20% de la población mundial. Desde la OMS recomiendan que los países reconsideren su enfoque en salud mental con urgencia, ya que faltan modalidades de tratamiento y los que existen son minimizados. Nuestra Licenciatura en Gerontología propone una visión integral de la salud, donde el foco está puesto en el paciente, respondiendo a lo que el mundo nos demanda hoy, con los valores y la convicción para la creación de sociedades sanas.