Las emociones negativas son un componente funcional de nuestra naturaleza. Aunque son displacenteras cumplen un rol clave para nuestra supervivencia. Sin embargo, cuando se vuelven muy intensas o crónicas pueden afectar profundamente nuestra salud. El estrés en el trabajo, merece especial atención ya que puede ser el inicio de trastornos mentales más severos como trastornos de ansiedad y depresión.

Diversas investigaciones realizadas en nuestro país corroboran que el estrés laboral puede afectar el desempeño en el trabajo, la salud física y el bienestar familiar. La regulación de emociones resulta clave para comprender los procesos patológicos del estrés. Sin embargo, no es una capacidad simple de desarrollar. Investigaciones recientes del campo de la neurociencia, la psicología evolucionista y la psicología cognitiva permitirán conocer la manera en que podemos regularlas. “Conocerlas, entender cómo funcionan y aprender los procesos que me permiten regularlas, es el primer paso para lograr una gestión eficiente de las mismas. Aprender a auto regularlas es un pre-requisito para un cambio positivo en la salud y productividad de todas las personas”, explica Spontón.

1 ¿Cómo se puede identificar cuando una emoción negativa se vuele intensa o crónica?

Entendemos que una de las funciones de las emociones negativas (desde un punto de vista evolutivo) es servir de alarma o “señal” de que algo no anda bien y hay que hacer algo para solucionarlo. Por eso existen las emociones negativas. En tal sentido, no se llaman “negativas” porque sean dañinas en sí mismas, sino porque la experiencia de sentirlas es desagradable. Y la persona, al sentirla, trata de hacer algo para disminuir esa sensación desagradable. Por ejemplo, el miedo es una emoción negativa. A nadie le gusta sentir miedo. Pero sentirlo sirve para darse cuenta de que hay que medir el riesgo o que si uno no tiene cuidado puede salir dañado de una situación. Ahora, el miedo se vuelve problemático si no aprendemos a regularlo: esto es, manejarlo cognitiva y conductualmente, saber cuando subir su intensidad o cuando bajarlo, o cuando darle importancia y cuando es una exageración. Lo mismo pasa con el enojo. Los líderes que mayor capacidad de influencia positiva tienen con su gente, aprenden a manejar el enojo. No es que no se enojen, sino que lo utilizan como una fuente de motivación para cambiar las cosas, para superar injusticias y para no olvidarse de que la causa que les generó enojo es algo a vencer estratégicamente, no de manera impulsiva, en la mayoría de los casos.

Una emoción negativa se vuelve crónica cuando no la podemos regular. El miedo se vuelve pánico y el enojo se transforma en resentimiento o impulsividad. Y la tristeza, legítima frente a una pérdida afectiva, se vuelve depresión si no es gestionada.  De esta manera, se puede identificar que una emoción negativa se ha vuelto intensa o crónica cuando uno admite que no la está regulando conscientemente, y por eso no la puede frenar.

2 ¿Cuáles son las herramientas desde la neurociencia, la psicología evolucionista y la psicología cognitiva que pueden aplicarse para aprender a autorregular las emociones?

Casi todas estas herramientas surgen de estudios llevados a cabo en contextos de psicología clínica, y de allí, generalizadas al ámbito de lo cotidiano y también al ámbito de las empresas o instituciones laborales. Por ejemplo:

La técnica del mindfulness o conciencia plena es una herramienta utilizada actualmente. Sirve para “ser más dueño” de lo que pasa por nuestra mente y que no nos invadan permanentemente ideas y pensamientos catastróficos o pesimistas.

También, las técnicas de reestructuración cognitiva, que nos enseñan a usar pensamientos sin distorsiones para evaluar los problemas que nos hacen sentir mal. O técnicas cognitivo-conductuales para desarrollar hábitos cotidianos que frenen la ansiedad y la tristeza.

Actualmente, también hay técnicas propias de la psicología positiva que trabajan sobre la instauración de hábitos de pensamiento más optimista frente a los problemas y frente al futuro. Así se trabajan la esperanza, la ilusión realista, la confianza y la felicidad, entre otras.

Otra línea con base filosófica existencialista aporta evidencias de que trabajar reflexivamente sobre “el sentido de la vida y la construcción de un propósito” puede ser productivo para mejorar el manejo de las emociones, sobretodo en la alegría, la serenidad, la culpa y la tristeza.

3 ¿Entender cómo funcionan las emociones y aprender los procesos que permiten regularlas es suficiente para lograr una gestión eficiente de las mismas? ¿Qué otros aspectos se requieren para lograr una autorregulación saludable de las emociones?

No es suficiente entender el funcionamiento emocional y sus procesos de regulación para gestionarlas eficientemente. Es un punto de partida para solucionar problemas, ser más feliz, o tener más salud, como afirman las investigaciones, pero también se requiere que existan otros factores que ayuden a la persona y se generen círculos virtuosos.

Por ejemplo, si una persona aprende a gestionar el estrés, durmiendo ocho horas por día, necesita que los compañeros de trabajo, su pareja y su familia se lo respeten para que este hábito pueda instaurarse. O, si otra persona logra disminuir su ira y su impulsividad, haciendo pequeños ejercicios de mindfullness en la oficina, necesita que su jefe tolere esta práctica hasta que aparezcan los beneficios de que su colaborador trabaja más calmado.

En algunos casos se necesita acompañamiento terapéutico, en otros tener experiencias de coaching que le ayuden a ser más eficiente en otras áreas, no solo en lo emocional. Hay personas que necesitan apoyo de medicación especializada.

Es un concepto de Salud, y la salud es un fenómeno biológico, psicológico y social (inclusive espiritual admiten otros estudiosos). Por eso es un tema complejo. La autorregulación de las emociones es una herramienta a disposición de quien quiera hacer el esfuerzo de aprenderla. No es simple, pero tiene muchos beneficios.

*Carlos Spontón. Es Magíster en Psicología del Trabajo Organizacional y en Recursos Humanos. Es Coordinador del Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21. El 25 de mayo brindará una charla sobre la Regulación emocional, del Bournout al Engagement en el 3° Congreso Inteligencia Emocional, Mindfulness y Coach 2018.

Entrevista: Rosana Guerra. Periodista.