Por Diego Tachella. Mgter en Psicología Clínica. Docente en la Lic. en Psicología de la Universidad Siglo 21.

La desaparición del submarino ARA San Juan despierta versiones cruzadas en la sociedad, y la incertidumbre sobre lo que puede haber ocurrido o no. El periodismo cuántico parece haber llegado para quedarse. Al igual que el gato de Schrödinger, el submarino puede haber explotado y puede no haber explotado, al mismo tiempo.

Cuando los científicos de 1935 buscaban comprender el átomo, entre las distintas discusiones que se generaban surgieron las de Einstein y Schrödinger –los dos premios Nobel– sobre la existencia de electrones en todas las formas posibles y de manera simultánea. Este fenómeno fue llamado “Superposición Cuántica”.

Este fenómeno llevó al físico austríaco Erwin Schrödinger a formular con sarcasmo el experimento del gato en la caja, que otorga 50% de posibilidades de que el gato esté vivo al abrirla, y 50% de posibilidades de que esté muerto. Esto quiere decir que al abrirla, el gato tomará uno de los dos estados posibles, al tiempo que los dos estados se encuentran superpuestos.

Lo que fue concebido con el fin de echar por tierra algo que al sentido común es un disparate, en la física una buena explicación. El experimento de Schrödinger fue una broma que salió mal como broma en sí, y cobró estatus científico que lo llevó a ganar un premio Nobel.

Algo entre la física y nuestro sentido común entra en tensión cuando sucede un acontecimiento como la desaparición del submarino ARA San Juan. Desde afuera, quienes no somos científicos intentamos comprender estas teorías que en verdad son complejas.

También sucede esto en la ciencia. La mecánica cuántica y la física tradicional son dos esferas separadas que no coinciden en su percepción sobre el mundo. Una nota publicada en la revista Physics World nos da una pista sobre esto: “Una partícula microscópica, como un fotón, se encuentra simultáneamente en todos los posibles hasta que se realiza una medición y se colapsa su función de onda. En el mundo clásico real, sin embargo, los objetos macroscópicos como los gatos no existen en una superposición de estados”.

El “periodismo cuántico” parece haber llegado para quedarse. Y si el “periodismo militante” te hartó, éste te va a dejar con sabor a gato mojado en la boca, es el paso siguiente a la postverdad.

Transitamos la época en la que un submarino puede haber explotado y no haber explotado a la vez. Una especie de “submarino de Schrödinger” que puede estar vivo y muerto al mismo tiempo en la caja del televisor.

Abro un paréntesis para dejar sentado el respeto por el dolor, la angustia, la incertidumbre y la pesadumbre que pueden sentir ante la inminente perdida de sus familiares, amigos y compañeros, miles de argentinos.

Pero a partir de la forma de comunicar este tema, se puede intuir cierto modo de funcionamiento de los medios de comunicación.

Al igual que Schrödinger, que formuló el sarcástico experimento mental del gato dentro de una caja que podía estar vivo o muerto al mismo tiempo, hoy encontramos una versión mejorada: el “Submarino de Schrödinger” puede haber explotado y puede que esté en el fondo del talud marino. Según suenan las alarmas de las redacciones y editoriales de los medios, van cobrado fuerza una u otra posibilidad.

Informar sin evidencia, basándose en suposiciones, uno pensaría que obliga a ser cautos a la hora de inferir los resultados, pero en realidad empuja hacia una modalidad de periodismo de “Superposición Cuántica”. Todas las posibilidades teóricas son válidas mientras no se resuelve con evidencia empírica concreta, y a veces se continúan en dos universos paralelos: en un universo el submarino explotó, y en el otro aún está esperando a ser rescatado del fondo del mar.

Es aplicable a las grandes tragedias de nuestro país. Ha dejado de existir una grieta y se han generado dos universos paralelos que continúan independientes e ignorantes el uno del otro.

Ya no va quedando mucho lugar para los que no estamos ni de un lado ni del otro, para los que podemos tolerar un tiempo de incertidumbre y esperamos que se logre recabar más información antes de emitir juicio definitivo, para los que desconfiamos de las fuentes y chequeamos, hasta dos y tres veces, antes de difundir una teoría que explique los fenómenos inciertos del mundo que habitamos.

La velocidad de generación de noticias y novedades, fruto de la crisis económica que sufren los medios más tradicionales de comunicación, el surgimiento de las redes sociales ha modificado los hábitos de consumo de noticias, tornando la principal fuente de ingresos por publicidad un premio para los más aptos. Así van surgiendo las estrategias de los medios para captar nuestra atención la mayor parte del tiempo, “posverdad” es uno de los resultados de esa adaptación, ahora es el turno de la “superposición cuántica de verdades”.

¡Bienvenidos a la era del Periodismo Cuántico!