El esmero diario por construir un futuro mejor constituye uno de los valores más destacables en contextos donde reina la desigualdad social y educativa. Dentro de esta misión, encontramos a Mariano Oberlin, el Padre párroco que se inserta en los sectores más vulnerables para colaborar mediante la acción.

Mariano conoce muy bien las necesidades que imperan en Barrio Maldonado, una de las zonas en las que trabaja desde hace diez años para que la realidad de los jóvenes se traduzca en resultados productivos. En este sentido, la educación es tema central para el desarrollo integral de la comunidad que conviven en la “barriada”, como él suele referirse.

El crecimiento escolar es una asignatura pendiente que el Padre sabe advertir: “No hay escuelas acá y hay mucha deserción escolar, más que nada de la secundaria. Hay muchos chicos en la calle por “x” motivo. Todo eso está vinculado al consumo y venta de droga como salida laboral, lo que hizo que con el tiempo muchos chicos pensaran en eso como una posibilidad, que además supone dejar la escuela”, explica.

Desde su punto de vista, los colegios promueven una formación preponderante en los jóvenes y ubica a las familias como uno de los responsables de que sus hijos alcancen sus objetivos. Aunque nota que el acompañamiento muchas veces no es suficiente y que los padres no ayudan a revertir la situación del barrio.

Frente a esta problemática, el Padre organiza actividades con las personas del barrio y comprende la urgencia de implementar mayor cantidad de instituciones educativas en la zona. “Fuimos armando talleres de oficio para que por lo menos no pierdan posibilidad de formación y sacar todo lo que tienen para expresar”.

“Una de las opciones es sacarlos del ámbito de vicio e invitarlos a realizar diversas actividades que proponemos”, dice Mariano. Para ello, comenta:

Nuestras tareas están pensadas para adolescentes, niños e incluso adultos. Trabajamos en lo deportivo, recreativo y cultural con el fin de contener a los chicos y atraerlos hacia nuevos hábitos.

A la idea de que los chicos participen en estas acciones, se le añade otra lectura: sirven como gancho para que se interesen por demás prácticas. “Por ejemplo hay chicos que vienen al gimnasio y luego preguntan por actividades distintas como los talleres. También procuramos acompañar la vida completa de los jóvenes, en educación física, intelectual, afectiva, de contención, siendo parte de un proceso vital.”, asegura el Padre.

Transformar el entorno: “Si la educación cambia, cambia el barrio”

Estas palabras resumen el pensamiento del Padre respecto al contexto en donde se desempeña. En relación a la creación del Centro de Aprendizaje Universitario Maldonado, Mariano concibe la importancia de expandir la enseñanza superior en la zona y destaca:

Además de jerarquizar, de implantar otra mirada y percepción sobre el barrio, creo que es importante también para muchos chicos el tener un reflejo donde proyectarse.

Al respecto, agrega que “si los chicos no conocen a casi nadie más allá del barrio que no haya estudiado, difícilmente se planteen la necesidad de hacerlo”. De lo contrario, sostiene que “si ven que hay chicos más grandes, que estudian en el mismo lugar, probablemente digan “Yo también quiero hacer eso” y de esta manera se estimule un poquito a terminar el secundario porque así tienen la posibilidad de ingresar a una carrera y asi ven que otros tienen un futuro mejor”.

El chico que pasa por la universidad, se transforma en otra persona, porque ya cambió un montón de perspectivas en su cabeza e influye en la vida del barrio para resolver las realidades de allí, afirma.

A partir de la apertura del nuevo CAU, Siglo 21 promueve una perspectiva realista de la situación social. Esto permite crear propuestas innovadoras para las distintas problemáticas socio/culturales que se presentan en el mundo actual. La vinculación con referentes comunitarios como el Padre Oberlin enriquece y potencia nuestra visión de incidir mediante la acción de prácticas solidarias.