El estado de aislamiento social, preventivo y obligatorio recayó en un modo de vida inédito para la sociedad. Se trata de una situación que repercute en todos los ámbitos, en donde las tradicionales formas de estudiar, trabajar y socializar dieron, al menos momentáneamente, un paso al costado. Un mundo nuevo es el que dictaminó las tendencias del hoy y afecta a una de las actividades fundamentales de la rutina: el trabajo en contexto de cuarentena.

Una nueva investigación de Siglo 21 evaluó cómo está impactando la pandemia a los trabajadores. en comparación con el año pasado, se registró un aumento del 5% del agotamiento por burnout (síndrome de estrés laboral crónico). También, se incrementó la tendencia a la depresión y ansiedad. Entre las problemáticas se destacan las relacionadas con la familia-trabajo, pertenencia, interés y desconexión.

La Universidad actualizó su “Índice de Bienestar Emocional y Estrés en los Trabajadores Argentinos” en el marco de la pandemia de COVID-19. La institución educativa, mediante su Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales, identificó que los habitantes de Capital Federal son quienes registran mayores niveles de estrés crónico. Además, las personas más afectadas son mujeres en el rango etario comprendido entre 41 y 51 años. En contraparte, los menos perjudicados fueron quienes pudieron continuar con su actividad laboral en un horario flexible.

Asimismo, el estudio registró que la emergencia sanitaria impactó en el 73% de los trabajadores de Argentina, ya sea por la reducción de horas, la imposibilidad de ejercer la actividad laboral o el cambio de sus rutinas mediante la adopción del teletrabajo, en el mejor de los casos. Tanto es así que el 37% de la base analizada no está trabajando como consecuencia del confinamiento. Por otra parte, el 47% de los trabajadores no vieron disminuidos sus ingresos, el 29% tuvo una reducción de entre el 20% y 60% y, para el 21%, la disminución promedio fue del 80%. En relación a esto, el 44% señala que su sueldo no le alcanza para satisfacer sus necesidades de vida.


El síndrome de burnout se caracteriza por dos síntomas: altos niveles de agotamiento y de cinismo. Al evaluar el primero, el 48% indica que “siempre o casi siempre” le resulta difícil relajarse luego de una jornada laboral. Al 36% cada vez le cuesta más comenzar a trabajar y el 38% se encuentra tan cansado que no puede dedicarse a otras cosas después de finalizar su jornada.

Además del agotamiento, el estrés crónico genera el mencionado “cinismo” frente a las tareas laborales, un estado psicológico caracterizado por una falta de interés e identificación con su actividad. De esta manera, el 26% se siente menos involucrado, el 27% duda que contribuya en algo interesante y el 21% siente que ha perdido interés.
La variación porcentual interanual promedio para el agotamiento es de 5%, incrementándose en quienes experimentan agotamiento por estrés crónico durante la mayor parte de los días de la semana. Con el cinismo ocurre una situación similar. En relación con la ansiedad y la depresión, se observa un leve aumento en comparación a años anteriores. El Dr. Leonardo Medrano, Secretario de Investigación y Transferencia Científica de la Universidad destacó:

En algunas personas el confinamiento aumentó la ansiedad, pero en otras disminuyó. En este caso, probablemente colaboró la sensación de estar en un entorno tranquilo. Pero, una vez reiniciada la totalidad de las actividades, esto puede resultar problemático

Al analizar las variables sociodemográficas, las mujeres reportan mayor estrés crónico. En relación con la edad, lideran los niveles de burnout quiénes tienen entre 41 y 50 años, luego los comprendidos entre 31 y 40 años. Geográficamente, los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires son los que presentaron mayores niveles con relación al resto del país.

Los cambios en la actividad laboral generaron nuevas dinámicas, como el trabajo virtual. En este caso, se observan menores niveles de agotamiento y cinismo en quienes pueden seguir trabajando desde su casa con un horario flexible. Esta modalidad es la que menos impacto tiene en los niveles de burnout, por lo que se puede concluir que la flexibilidad horaria constituye un factor protector. En cuanto a puestos o jerarquías, los más afectados son los llamados mandos medios o gerenciales. Esto se relaciona con investigaciones previas, donde se detectan mayores niveles de estrés en dichos roles debido a la alta responsabilidad y baja autonomía que suelen poseer.

 

En el ámbito económico, los mayores niveles de burnout corresponden al sector con menor nivel de ingresos y menor nivel educativo. Concretamente, el 40% de los trabajadores con primario incompleto obtuvieron puntajes altos para el cinismo y el 20% para agotamiento. En cambio, estas cifras fueron sólo del 2% y 5% para individuos con postgrados. Por otro lado, no se observaron diferencias al comparar sector o tipo de trabajo, pero cabe destacar que los mayores niveles estuvieron presentes en quienes no pueden satisfacer sus necesidades básicas con el sueldo actual, independientemente de su actividad.

Por otra parte, el principal factor psicosocial que genera estrés crónico es el conflicto familia-trabajo, es decir, la fricción que se genera entre el trabajo y la vida familiar. Cabe destacar que es mayor el estrés causado por la dificultad para cumplir con las demandas familiares como consecuencia de las demandas laborales.

Se destacan dos factores protectores del burnout: la desconexión (la capacidad para poder distanciarse psicológicamente una vez finalizada la actividad laboral) y la dedicación (nivel de orgullo e identificación con el trabajo). Esto significa que aquellos individuos que se sienten más orgullosos y entusiasmados con la actividad laboral que están realizando, y que poseen mayores posibilidades de desconectarse una vez concluida su jornada, son quienes presentan menores niveles de burnout. Por el contrario, esto aumenta en aquellos que no cuentan con estos factores protectores.