*Por Macarena Perusset, Directora de la Tecnicatura en Responsabilidad y Gestión Social de la Universidad Siglo 21.

A esta altura, la mayoría de nosotros está al tanto de la gravedad de la pandemia que azota nuestro planeta. Hace poco menos de un mes, conocíamos al jugador de básquet de Utah que se burlaba del coronavirus en una conferencia de prensa, antes de tocar todos los micrófonos y dar positivo para el virus dos días después. A su vez, nos enterábamos en Argentina del pasajero del Buquebus portador de coronavirus que puso en riesgo a más de 400 personas por no respetar el aislamiento.

En este marco de lucha contra el coronavirus, los argentinos estamos en cuarentena con el fin de evitar la circulación social del virus. Hemos visto en China primero, y ahora en Italia, que el peligro de la transmisión social es real. Sin embargo, dos días después de establecida la cuarentena, más de 3200 personas fueron detenidas por asistir a actividades sociales y no haber cumplido la cuarentena obligatoria tras haber regresado de países “de riesgo”. Ahora bien, ¿Por qué algunas personas continúan presentando estos comportamientos poco responsables? ¿Ignorancia? ¿Demasiada confianza? ¿Será que minimizan los síntomas y los riesgos de infección?

No sabemos realmente cuál es la razón, pero una vez que entendemos lo que está en juego y cómo nuestras decisiones impactan en ello, es que se vuelve necesario resaltar y apelar a la responsabilidad social colectiva.

La teoría de la responsabilidad social se basa en el cuidado y la preocupación por los demás, anclada en valores que priorizan los intereses y el bienestar del grupo (sea una organización o grupo social) por encima de nuestras propias necesidades y deseos. Entendiendo el cuidado no solo como una orientación moral, sino como la base para el logro político de una buena sociedad. De esta manera, es preciso entender la ciudadanía más allá de su dimensión política, es decir, en términos de responsabilidad social, donde la ética del cuidado nos sirve como punto de partida para repensar las prioridades de nuestra sociedad y para revisar la naturaleza de nuestras relaciones en escenarios sociales como el que estamos atravesando.

Pero entonces, ¿Qué debemos hacer para asegurarnos de no contagiar a nadie si estamos enfermos? Se trata de hacer lo correcto: Quedarnos en casa.

Y esto no tiene que ver con solidaridad, sino con los valores que compartimos como sociedad. La responsabilidad social no es una materia teórica, hipotética o imaginaria, se aprende ejerciéndola y esa práctica debe traducirse en “ponerse en los zapatos del otro”. Es momento de dar una respuesta de la ciudadanía unida, tenemos que entender que en esta pandemia todas y todos tenemos un papel que cumplir, desde los gobernantes, las organizaciones, la universidad, la familia, etc.

La responsabilidad social en este momento, de características sin precedentes, es crítica. Necesitamos desacelerar, es posible de hecho que tengamos que cambiar hábitos y costumbres, que necesitemos transformar de alguna manera nuestra vida como la llevábamos hasta hoy para que podamos mitigar lo que está sucediendo. Podemos entender la pandemia como una oportunidad para experimentar la responsabilidad social colectiva donde, del cuidado de uno depende el cuidado de los demás.

Dada la escala y la urgencia de la situación, necesitamos unirnos todos para crear rápidamente soluciones conjuntas y compartir las mejores prácticas: organizaciones, sociedad civil, gobierno y todos los actores sociales.

Depende de nosotros hacer lo mejor para nuestra comunidad en particular y para la sociedad en general. Cada uno puede, además, ser una influencia positiva para la familia, amigos y colegas.

La imagen que tenemos de nosotros mismos y la imagen que los demás se hacen de nosotros pueden actuar como fuertes motivadores para cambiar comportamientos poco responsables, lo que nos permitirá crecer y afrontar el “después” de la pandemia desde otra perspectiva, entendiendo la responsabilidad social como algo necesario e imprescindible que debe apoyar la continuidad de los seres humanos.