Vanesa Crissi Aloranti, Lic. en Gestión Ambiental, Mgter. en Gestión Ambiental del Desarrollo Urbano, Doctoranda en Desarrollo Territorial CONICET. Docente de la Lic. en Gestión Ambiental y Lic. en Ambiente y Energías Renovables de la Universidad Siglo 21.

El 22 de abril se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, a raíz de la primera manifestación realizada en la misma fecha en 1970 a favor de la creación de una agencia ambiental. Su promotor fue el senador y activista estadounidense, Gaylord Nelson.

Este día se instauró para crear conciencia en relación a las problemáticas ambientales, cuyo objetivo es fomentar la educación ambiental, definiéndose como un proceso de acciones educativas formales y no formales que buscan un cambio de actitud en la población con el ambiente.

Desde el rol que cada cual desempeña, les invito a reflexionar:

¿Con qué escenarios naturales nos enfrentamos actualmente? ¿Cuáles son los paradigmas ambientales que se reflejan en la sociedad? ¿La arista ambiental es un eje de las políticas públicas o es una moda institucional-académica?

Estos interrogantes tienen múltiples respuestas, dependiendo del enfoque que le dé cada actor social u organización. Es evidente que la preocupación por el ambiente se ha acentuado en los últimos años, especialmente desde la década de 1970 debido a las graves condiciones ambientales en el mundo. Como consecuencia, en la década de 1980 los científicos comenzaron a utilizar el concepto de “Problemas Ambientales Globales” para describir los cambios que se están experimentando en los sistemas atmosférico, biológico, geológico e hidrológico.

Los modelos desarrollistas sin planificación estratégica han transformado el ambiente, y en muchos casos lo han llevado a situaciones críticas caracterizadas por la sobrepoblación, la especulación inmobiliaria, las incompatibilidades de los usos del suelo, el agotamiento de los recursos energéticos y alimentarios, la disminución de los espacios verdes para la recreación, entre otros. Estos escenarios conllevan a la ruptura del equilibrio ecosistémico (natural-artificial), extinción de especies, pobreza, desnutrición, violación de los derechos humanos y otros daños socio-naturales alarmantes.

Indudablemente, se ha llegado a esta situación porque el ser humano no ha comprendido que es una parte integrante de la naturaleza y que, al destruirla, provoca su propia desaparición.

No es casual que se hable sobre el Cambio Climático refiriéndose a un proceso de escala mundial innegable por la veracidad de sus efectos sobre nuestro planeta; lo cual no basta para poner al mundo en alerta sobre la gravedad que tendrán sus consecuencias para la vida en la faz de la tierra. Aumento de la temperatura, derretimiento de los polos, incremento en el nivel marítimo, inundaciones en áreas costeras o en zonas por debajo del nivel del mar, ocasionando la muerte de innumerables especies de seres vivos. De manera simultánea, al evaporarse mayor cantidad de recurso hídrico, se refuerza el vapor de agua en la atmósfera, situación que acrecienta su temperatura aún más.

Las actividades antrópicas como las industriales y agrícolas, han sido uno de los principales motivos de estos problemas. Como el objetivo es alcanzar resultados inmediatos, se piensa, proyecta y ejecutan acciones en el corto plazo acentuando un vacío en la planificación de los territorios. Si bien dicha temática es relevante en las políticas públicas de los gobiernos locales, se necesitan insumos para la toma de decisiones y ejecución de acciones concretas en los territorios. Dicho escenario nos invita como ciudadanos y ciudadanas a fortalecer nuestras responsabilidades en los hábitos y elecciones.

La complejidad de la problemática ambiental necesita respuestas y soluciones, y por ello, tal como lo señala el brasilero Paulo Freire, exige que la humanidad reaccione y pase de una “inmersión sumisa” a la “inmersión crítica” que conduzca a la “conciencia liberadora”.

Por estas razones la humanidad necesita una alfabetización ambiental que requiere: el conocimiento de la realidad ambiental y la identificación de sus problemas; el desarrollo de una sensibilidad ambiental y la búsqueda de soluciones y medios de acción disponibles desde el lugar que desempeña.

Por tal motivo, resaltamos la importancia del conocimiento de nosotros mismos y de nuestro entorno, que nos lleva a involucrarnos desde la praxis para fomentar “el cambio” que deseamos. Como dice Jorge Luis Borges, Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas”